Lunes, 13 de abril de 2009

Información sacada de DOSSIER FIDES “La Sociedad para las Misiones Extranjeras de París 350 años de misiones en Asia” de Agenzia FIDES – 3 enero 2009.


Las obras socioasistenciales de la Sociedad de Misiones Extranjeras

 

Desde el comienzo de las actividades educativas y sanitarias han tenido un papel importante en el apostolado de la Sociedad para las Misiones Extranjeras. En el S. XIX, estas obras experimentaron un gran desarrollo y una mayor diversificación, también como consecuencia del crecimiento de las comunidades cristianas confiadas a los sacerdotes franceses.


El impulso lo dio el Papa Gregorio XVI junto con la Congregación de Propaganda Fide, quien en una serie de intervenciones reconocía la necesidad de fundar “obras de misericordia y de caridad cristiana” en las misiones. En particular, se sugería en la instrucción Neminem Profecto del 23 de noviembre de 1845, “cuidar con el máximo celo la instrucción religiosa y civil de los niños, la educación de las niñas”. Bajo tales auspicios se multiplicaron en Europa las obras de beneficencia para la ayuda económica de las actividades sociales en las misiones. La más importante es la Obra de la Propagación de la Fe, fundada en Lion en 1822.


También la presencia colonial europea aseguró, aunque en menor grado, una serie de subsidios para las iniciativas de la Sociedad, que sin embargo experimentaron una andadura alterna, a causa de los vaivenes políticos europeos (por ejemplo, las ayudas francesas a Indochina cesaron con la llegada de la III República).


La Sociedad
para las Misiones Extranjeras dirigía en Asia cinco Vicariatos Apostólicos y durante el pontificado de Gregorio XVI recibió en custodia otras siete jurisdicciones apostólicas, territorialmente menos vastas y por tanto, más fáciles de administrar. El número de las misiones crecerá, como se ha visto, durante todo el siglo. En lo que respecta a la educación, los Vicarios Apostólicos hicieron construir institutos escolásticos y orfanatos, donde los niños recibían una sólida instrucción. Un esfuerzo particular supuso la educación de las niñas, cristianas y no cristianas, que en algunos países asume las dimensiones de un reto a la cerrazón cultural y a la desigualdad. En la India no existe ninguna estructura educativa para las niñas fuera de los muros de sus casas, y el objetivo de los misioneros es el de favorecer, a través de las escuelas, una evolución pacífica de la mentalidad dominante. La enseñanza se desarrolla sobre todo por Congregaciones religiosas provenientes de Francia. No faltan tampoco religiosos locales, como los Amantes de la Cruz, fundados por Mons. Lambert de la Motte (en 1893 dirigen en Tonkin y la Conchinchina 36 escuelas para un total de 1388 estudiantes) o la Congregación de Sta. Ana, fundada por el Vicario Apostólico Mons. Charbonnaux, constituida por religiosas de la India con el carisma específico de la enseñanza.


A causa de la miseria los orfanatos recogen de la calle un altísimo número de niños abandonados próximos a la muerte, a veces adoptados por familias cristianas. La formación profesional está asegurada en el campo agrícola y, en los centros urbanos, las profesiones artesanales (el trabajo de la madera, del latón y del zinc, de las telas). Las chicas aprenden jardinería, cocina y la fabricación de cera (en la Conchinchina occidental está muy difundido el arte de los tapices). A fines del S. XIX se cuentan en Asia poco menos de tres mil escuelas y orfanatos, para un total de más de 76.000 asistidos.


Los centros para las ayudas a la población, frecuentemente afectadas por catástrofes naturales (terremotos e inundaciones) y epidemias, son otra forma de apostolado. Se fundan dispensarios, al comienzo simples cabañas de madera y lata, que después se mejoran hasta llegar a ser hospitales para cristianos y no cristianos. El dispensario de Tindivanam, en la India, dirigido por tres hermanas de S. José de Cluny, acoge una media de 120 enfermos al día en 1898. En los años 1877 y 1878 la misión de Maissour sufrió una grave carestía que provocó más de un millón de muertos. Con la vuelta a la normalidad fueron fundadas granjas para la formación de más de mil jóvenes. Los misioneros fueron llamados también por las autoridades del gobierno para ayuda de las poblaciones coloniales, que eran con frecuencia víctimas del tifus y del cólera. Una enfermedad difundida en toda Asia es la lepra y cada centro misionero tiene su leprosería. En el de Pondichéry, fundado en 1826, los enfermos colaboran, en todo cuanto pueden, con los voluntarios.


Todas las obras promovidas por los Vicarios Apostólicos tienen a muchas congregaciones francesas en primera fila, entre las que están las hermanas de S. Pablo de Chartres (en la Conchinchina), las hermanas de S. José de Cluny (en la misión de Coimbatore), las Franciscanas Misioneras de María (en el hospital de Setchoan), las hermanas del Niño Jesús ( en Japón). Animadas por los Obispos, estas religiosas diversifican sus actividades, mientras que las Congregaciones autóctonas, que en un primer momento estaban al lado de las europeas, asumirán la gestión completa de las actividades sociales en el S. XX. La aportación del MEP debe ser encuadrada en un contexto más amplio, en particular el papel de los misioneros en animar y sostener las iniciativas de las Iglesias locales se mostró como decisivo cuando el dinamismo misionero de Europa sufrió la contradicción.


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Misiones
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