Martes, 21 de abril de 2009

Homilía del nuevo arzobispo de Nueva York el Reverendísimo Timothy M. Dolan durante  las Vísperas Solemnes y Recepción en la Catedral de San Patricio de Nueva York el martes de la Octava de Pascua, 14 de Abril de 2009.

 

HOMILÍA DEL REVERENDÍSIMO TIMOTHY M. DOLAN
DESIGNADO ARZOBISPO DE NUEVA YORK
VÍSPERAS SOLEMNES Y RECEPCIÓN EN LA IGLESIA CATEDRAL
CATEDRAL DE SAN PATRICIO
NUEVA YORK

14 de Abril de 2009

¡Gracias a todos por abrirme la puerta y dejarme entrar cuando toqué! ¡Seguro que es bueno estar en casa con todos ustedes!

Al mirarles con afecto y profundo agradecimiento a ustedes buena gente que me acaban de abrir la puerta y me han dejado entrar, abrazo a los eminentes cardenales – especialmente a mi estimado predecesor, Cardenal Edward Egan – a  los hermanos Obispos, al Arzobispo Sambi y al Arzobispo Migliore, a los hermanos sacerdotes, diáconos, y seminaristas, a los religiosos y religiosas, a los representantes de cada vicaría en esta rica archidiócesis, a los líderes parroquiales, a los estimados compañeros civiles y ecuménicos,  a mi querida mamá, familia, a los amigos fieles de St. Louis, DC, Kansas City, Baltimore, Milwaukee, Roma, Irlanda, Australia – a los hermanos y hermanas todos:

Gracias por abrir la puerta lo suficientemente amplia incluso para que yo entrara.

¡Gracias por la bienvenida tan calurosa como vuestro nuevo pastor!

¡Gracias por hacerme sentir ya como en casa!

¡Gracias por permitirme entrar en vuestras vidas!

¡Estoy muy contento de que ustedes estén aquí! Y seguro que los  latidos del corazón permanecen en casa haciendo nuestra declaración de la renta de última hora, ¿no?

Ustedes se dan cuenta de la afirmación que estamos haciendo esta tarde.  Al empezar mi ministerio apostólico como vuestro nuevo pastor, no hay nada más efectivo, más adecuado, más poderoso que podamos hacer que rezar, rezar como la Iglesia. El Papa Benedicto XVI nos exhorta repetidamente que todo proyecto, toda iniciativa, debería empezar con la adoración – rogando a Dios sin el cual no podemos hacer nada, con el que todo es posible, poniendo humildemente nuestros sueños, miedos, esperanzas, y confianza en sus manos omnipotentes. Eso estamos haciendo esta tarde.

Una palabra especial de saludo a nuestros amigos judíos, ahora al concluir la Pascua, y, en especial un abrazo a nuestra querida comunidad Latina por ser obsequio y promesa para esta Arquidiócesis.

¡Gracias, por encima de todo, a cada uno, por abrir las puertas de vuestros corazones al Señor Jesucristo!

Él es, por supuesto, el que se encuentra en el portal de cada alma y de suaves golpes. La pregunta más importante de la vida llega a ser entonces si vamos a abrir la puerta de nuestra existencia y dejarle entrar, para recibir la luz incomparable, el amor, la misericordia, y la amistad, o si permanecerá cerrada en la oscuridad, ensimismamiento, pecado, y el aislamiento.

Así San Pedro en la oración de esta tarde de la Palabra de Dios nos exhorta a “Volver al Señor!”

También el sucesor de San Pedro, Juan Pablo el Grande, inspiró al mundo cuando nos desafió, en su primera Misa como Papa, a “abrir de par en par las puertas a Cristo”.


También el Papa Benedicto XVI, en su Misa inaugural, nos invitó a “abrirnos a la amistad con Jesús”.

Uno de mis ejemplos favoritos de Jesús es aquel conocido de Él permaneciendo de pie fuera de la puerta de una casa simple, golpeando suavemente. En el segundo grado de la Escuela Infantil en San Ballwin, Missouri, mi maestra, Hermana Mary Daly Bosco, que esta tarde, vigorosa desde Irlanda,  acaba de leer nuestro pasaje de la Escritura de San Pedro, nos pidió mirar de cerca esa imagen y ver si notamos algo extraño. "Sí," Carolyn Carey finalmente levantó su mano y dejó escapar, "no hay ningún tirador de puerta!"

"Bien", señaló la hermana Bosco, “porque Jesús no puede abrirla y no puede empujarla solo. Él nos espera pacientemente que le abramos la puerta de nuestros corazones y le invitemos a quedarse con nosotros".

Esa lección sola, Mamá, valía la pena todos los sacrificios que tú y Dad hicisteis para enviarnos a cinco niños a la escuela católica.

Porque esa es la última cuestión, al final lo único que realmente cuenta: ¿Nos abriremos en la fe, la esperanza y el amor a Dios que toca suavemente a la puerta de nuestro ser, pidiéndole que viva con nosotros? ¿O el miedo, la auto-absorción, y la oscuridad nos mantendrán encerrados en nosotros mismos?

La Iglesia está en su cima, fiel a su misión, cuando invita a las personas a abrir la puerta y pedirle a Jesús que entre. Esa es precisamente la invitación que esta Arquidiócesis de Nueva York ofrece; esa es la propuesta que la Iglesia hace al mundo. Como Bernini explicó la enorme columnata que rodea la Plaza de San Pedro, "Esas son las armas de la Madre Iglesia que alarga la mano para abarcar a todos los pueblos!"

Esta es la “teología de invitación” expresada por el siervo de Dios, Juan Pablo II.

Dios nos invita… nunca obliga… Dios nos invita a creer en Él, a confiar en El, a aceptarle. Dios nos invita a que le permitamos ser el Señor de nuestra vida; y cuando lo hacemos, nuestras vidas no son nunca las mismas; nuestras vidas durarán para siempre!

Jesús, Su hijo, es la invitación encarnada, al invitarnos a una vida de significado, utilidad, la vida al máximo, la vida que nunca termina. Permitirle entrar es la verdadera libertad, el comienzo de una aventura en fidelidad. Vivir en la verdadera libertad de Cristo no es fácil. Se requiere  fidelidad y virtud heroica. En nuestra celebración de hace unos días de la Semana Santa y Pascua, recordamos reverentemente la liberación divina del pueblo de Israel desde la esclavitud en Egipto - que nuestros vecinos judíos están ahora celebrando al concluir la Pascua - y recordamos cómo, durante el Éxodo, Dios nos dio el don de los Diez Mandamientos, para que este pueblo recién liberado dejara atrás los hábitos de los esclavos. Cuando la Iglesia proclama la verdad moral sobre la dignidad de la persona humana, nos ayuda a todos vivir libres.

Lamentablemente, solemos trágicamente decir no a la invitación de Dios, más dramáticamente en el acontecimiento sombríamente recordado hace cinco días, el Viernes Santo.

Pero tenemos un Dios que no tomará el no como una respuesta, como la Pascua lo demuestra definitivamente.

¡Y ahora Cristo está a la puerta y toca, y la Iglesia nos empuja a abrirle e invitarle a entrar!

Pero, ustedes conocen todo esto, porque esta venerable Iglesia de Nueva York ha estado haciéndolo durante 201 años!

Mis hermanos sacerdotes, ustedes son los que "abren la puerta a lo sagrado" a través de la Palabra y los Sacramentos. ¡Ustedes lo hacen tan fielmente y tan generosamente! Estoy tan orgulloso de llamarles "hermanos"; estoy muy impresionado de ser el hermano mayor de un presbiterio conocido por su celo y devoción. Les doy las gracias, hermanos sacerdotes, por continuar siendo agentes de la invitación divina, y a ustedes comprometo mi vida y amor!

Mujeres consagradas, hermanas religiosas que habéis hecho votos, hermanos, sacerdotes, durante siglos ustedes han abierto las puertas a Cristo identificado con los enfermos, los inmigrantes, los atribulados, los olvidados, y a millones de nuestros niños en nuestras escuelas espléndidas, y que han rezado con lealtad sin cesar con y para la Iglesia, esta archidiócesis les debe mucho. Por favor, manténganse abriendo la puerta a Jesús;


Nuestros diáconos, sus cónyuges fieles, nuestros colaboradores pastorales laicos leales, por favor, seguid mostrando por vuestras vidas de servicio y la alegría que permitir a este Jesús a la puerta es una elección que uno nunca lamenta;

Querido pueblo de Dios, fieles católicos de esta archidiócesis, ustedes de hecho son las "piedras vivas" que hablan por Pedro esta tarde, quienes dan una sonrisa, una voz, un abrazo, un corazón al cuerpo místico de Cristo que nosotros llamamos la Iglesia, al amaros fielmente en el matrimonio, obedeced  la "ley del don", cuidando de vuestros hijos, que toman la identidad del Bautismo, Eucaristía, la Confirmación tan en serio, y que nunca fallan en abrir la puerta al Jesús que invita y llama a las puertas de vuestros hogares, parroquias, escuelas, oficinas, granjas, fábricas y profesiones. Gracias por vuestras vocaciones, por sentir la llamada universal a la santidad.

Siendo realistas, sin embargo, debemos confesar que hay mucho merodeando ahí para mantenernos “abriendo la puerta” a Jesús!

Hay pecado, miedo, y tristeza que nos mantienen bloqueados interiormente, manifestados en tantos problemas y preocupaciones: el escándalo de los abusos sexuales del clero y el cuidado por los ofendidos; los desafíos del fortalecimiento de nuestras parroquias, escuelas y alcance de la caridad; las amenazas al matrimonio, la familia, al no nacido y la frágil vida humana en todas las etapas; la necesidad de vocaciones. La lista es larga e inquietante.

Hay tanto dentro de mí, no me importa admitir que tenía miedo de abrir la puerta totalmente a Él, al mantener la cadena, abierta sólo una grieta, y oír que Él me invita a servir a él y a su Iglesia como Arzobispo de Nueva York! Yo interiormente le respondí:

“Vete, Señor! No soy tu hombre! Mi español es pésimo y mi inglés no mucho mejor!”

"Estoy aún enfadado con Nueva York por llevarse a  Favre y Sabbathia desde nosotros en Wisconsin!"

"Los Yankees y los Mets por encima de los Cardenales y los Brewers? ¡Olvídalo! "

"¡Siguiendo a las personalidades de Hughes, Hayes, Spellman, Cooke, O'Connor, y Egan! Suena como la banda de McNamara, y no estoy para ser parte de ella!

Temor; indignidad; ansiedad; déjame a los queridos mocosos, cervezas, y las brisas frescas del verano del lago de Milwaukee donde yo estoy seguro y en casa. 

Pero Él tenía su sandalia en la puerta y no permitía que le dejara fuera, mientras yo oía el susurro del que dice,

“Timothy, no tengas miedo!”

“Mi gracia es suficiente…”

“Nunca invito a uno a una tarea sin darle la fuerza para hacerla!”

“Estoy contigo todos los días”

“Abre y déjame entrar…”

Recordé las palabras que Juan Pablo II habló en las Naciones Unidas: "No debemos tener miedo del futuro. No es casualidad que estemos aquí. Todo ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Aquel que es el origen de todo lo que existe. Tenemos en nosotros la capacidad de la sabiduría y la virtud heroica. Con estos dones, y con la ayuda de la gracia de Dios, podemos construir. . . una civilización digna de la persona humana, una verdadera cultura de libertad, una cultura de la vida. "

Y esta tarde, cuando ustedes abrieron las puertas de bronce a mi llamada, y vi una Iglesia, una archidiócesis, que ha estado abriendo las puertas a Cristo durante 201 años, ¡estoy contento, le escuché y solté la cadena!

Es tan grande estar con ustedes. "Dad gracias al Señor porque Él es bueno! Porque su misericordia permanece para siempre ".


(Traducción particular no oficial desde el Inglés)

Texto en inglés:

http://www.archny.org/news-events/news-press-releases/index.cfm?i=12036


Publicado por verdenaranja @ 16:02  | Hablan los obispos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios