Martes, 21 de abril de 2009

Lectio divina para el tercer domingo de Pascua - B, 26 de Abril de 2009, ofrecida por la Delegación Diocesana de Lilurgia de la Diócesis de Tenerife.       

Lectura del Evangelio según San Lucas: (24, 35-48)

 

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: “Paz a vosotros”. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: “¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo”.

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: “¿Tenéis ahí algo que comer?” Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: “Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse”.

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su Nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto”.

 

Palabra de Dios.

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

         El Evangelio de Lucas finaliza con una aparición a los once, seguida de lo que podríamos llamar las últimas palabras de Jesús antes de la ascensión. Son tres escenas que tienen lugar aparentemente el mismo día, pero, según el parecer de los Hechos, el período hasta la ascensión se prolongó a lo largo de cuarenta días.

         La primera parte del presente relato está orientada a resaltar este carácter real del resucitado (Cfr. Lc 24, 36-43) . El nuevo Jesús no es ninguna invención espiritual del grupo cristiano. Una vez asegurada la certeza de la Resurrección encontramos en los versículos finales como una anticipación de los temas típicos de la predicación en el libro de los Hechos, testimonio de las Escrituras (Hch  2,23-32; 4,10-11), exhortación a convertirse (Hch 2,38; 3,19) y función de los once como testigos (Hch 2,32; 3,15).

         Igual que vimos en el texto del domingo pasado de S. Juan (Cfr. Jn. 20, 19-31), tampoco a Lucas le interesan el cómo y el modo de la llegada de Jesús al Cenáculo; lo importante es el hecho: Jesús está ahí, expresando deseos de paz. Lucas no habla de miedo al esta exterior, sino de miedo ante la presencia de Jesús. Lo que le interesa es la  identidad del Resucitado. ¿Quién es? ¿Es el mismo Jesús de antes de morir? ¿Resucitado y Jesús son la misma persona?  Además, Lc hace hincapié en los “once” (doce en Hechos) porque sólo ellos cumplen la condición de ser testigos oculares del Resucitado; esta misma será la condición que se pedirá posteriormente para sustituir a Judas en el grupo de los Doce (Cfr. Hch 1, 21-22) y son, por lo tanto, los únicos que ofrecen la garantía incuestionable para poder creer que el Resucitado y Jesús son la misma persona. Desde el comienzo de su obra (Cfr. Lc 1, 1-4) Lucas habla de testigos oculares, de investigación cuidadosa, de solidez de lo recibido. Con su tratamiento del problema, Lucas echó la base sobre la que se apoya nuestra fe.

         Además, a Lucas le interesa resaltar la ciudad: para él, Jerusalén significa el final de una etapa y el comienzo de otra. Así, en Jerusalén, en la tarde-noche del domingo de Resurrección, dos discípulos acaban de llegar de Emaús y están contando a los once y a sus acompañantes que han visto a Jesús. En esa situación se hace presente el Resucitado. Únicamente nosotros, como lectores, conocemos de entrada su identificación, pero para los protagonistas del texto la identificación es lenta y costosa, y sólo se produce tras dos demostraciones corporales de Jesús. A continuación, el centro de atención se desplaza de Jesús a la relación existente entre Jesús y las Escrituras. En lo que son sus últimas palabras en el tercer Evangelio, Jesús declara que las Escrituras tienen su culminación y cumplimiento en él, en su pasión y resurrección al tercer día, posibilitando de esta manera que la conversión y el perdón no sean una oferta restringida a unas pocas personas, el pueblo judío, sino oferta abierta y disponible para todo el mundo.

         “...contaban los discípulos lo que les había pasado (...) cuando se presenta Jesús” (Lc 24, 35-36) Tras su encuentro con el resucitado, los dos de Emaús han ido a contar su experiencia a los once y demás compañeros. Todavía están hablando los dos cuando vuelve a hacerse presente Jesús. En esta ordenación de los hechos que hace Lucas parece haber una intencionalidad que va más allá del simple interés cronológico, más o menos artificial: la comunidad cristiana va a surgir como tal comunidad a partir de una experiencia común de la realidad del resucitado.

         “Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos” (Lc 24, 36) Como había desaparecido repentinamente de la vista de los discípulos de Emaús (Cfr. Lc 24, 31), también ahora se presenta Jesús repentinamente en medio de los once y de los que están con ellos. Jesús no está ya sometido a las leyes del espacio y del movimiento en el espacio. El modo de existir del resucitado no es ya el modo de existir del Jesús terrestre. La resurrección de Jesús y su aparición en figura corporal es cosa que sobrepasa la capacidad de comprensión humana. Ni siquiera viendo y oyendo su saludo de paz logran los discípulos convencerse de que es él.

         “Jesús (...) les dice: “Paz a vosotros” (Lc 24, 37) Los discípulos de Emaús han vuelto presurosamente a Jerusalén para contar a todo el grupo lo que les ha sucedido en el camino y cómo conocieron a Jesús "al partir el pan". Pero, antes de abrir la boca, los otros les dicen a coro: "El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Pedro" (Cfr. Lc 24, 34; 1 Cor 15, 5). Por fin les dejan hablar. Pero, súbitamente, unos y otros se quedan mudos ante la presencia del Señor, que les saluda: "Paz a vosotros". Aunque todos tenían noticias de la resurrección por el testimonio de Pedro y de los de Emaús, la presencia de Jesús les sorprende.

         “Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma” (Lc 24, 37) Bajo la tremenda impresión de los acontecimientos del viernes, entre el miedo a los judíos y la esperanza alimentada con las primeras noticias de aquel domingo, estos hombres no acaban de creer a causa de la inmensa alegría lo que ven con sus propios ojos. Jesús les tranquiliza y les convence de que es verdad lo que están viendo y de que no se trata de ningún fantasma. La presencia de Jesús en medio de los discípulos no es una ilusión de éstos; de ahí la insistencia en los aspectos de mirar, palpar al Resucitado y el hecho de comer ante ellos.

         “Le ofrecieron un trozo de pez asado” (Lc 24, 42) El Resucitado se presenta con su cuerpo glorificado  (S. Pablo dice "espiritualizado" (Cfr. 1 Cor 15,44), esto es, sometido a la acción del Espíritu que es la fuerza de Dios que opera la resurrección); y aún tiene menos lógica que pueda ingerir alimentos. De todas formas, el sentido de esta afirmación es que el Señor vive verdaderamente, y lo que los discípulos han visto no es una simple "visión". Jesús no pertenece al mundo de los muertos, sino que es el Viviente que tiene un contacto real con el grupo de los discípulos con los que comparte la Mesa y la Palabra.

         “Él lo tomó y comió delante de ellos” (Lc 24, 43) Los discípulos han reconocido como Resucitado a aquel Jesús a quien ya conocían anteriormente; aquel que murió bajo Poncio Pilato y que ahora vive para siempre. Una aparición puede constituir un fenómeno psicológico y por eso necesita el evangelista resaltar la corporalidad del Jesús aparecido y la realidad física de su encuentro con los apóstoles. Por eso les deja que palpen su carne y por eso come con ellos. La predicación de la primera comunidad cristiana aludía a estas comidas con el Resucitado precisamente para alejar el peligro de volatizar el cuerpo de Jesús y dejarlo reducido a algo puramente espiritual. "A éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de aparecerse, no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había escogido de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con el después que resucitó de entre los muertos" (Cfr. Hch 10, 40-41), predica Pedro en casa de Cornelio.

         "Todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse" (Lc 24, 44). El "tener que" no es predeterminación mental ni  necesidad física. Se trata de captar y profundizar en el sentido de los acontecimientos y de la historia la cual tienen una finalidad. Lc concibe toda la historia anterior al resucitado como un proceso que culmina en este Resucitado y a partir de El se expande al mundo entero (no sólo a los judíos) en términos de novedad (conversión) y de gracia (perdón de los pecados). El texto es una invitación a ver en los acontecimientos finales acaecidos a Jesús la culminación de un proceso abierto mucho tiempo atrás y del que tenemos constancia a través del A.T. Pero Lucas se cuida mucho de reducir el proceso histórico de salvación a los estrechos límites de un solo pueblo, el judío. La historia de la salvación es una aventura que repercute en todos los pueblos. La expresión se refiere a la totalidad del género humano. Jerusalén es el final de la etapa limitada o reducida y el comienzo de la etapa abierta o universal. Jesús representa el coronamiento y el cumplimiento de las promesas históricas del Dios de Israel, pero representa también la satisfacción de las exigencias y de las esperanzas más audaces en el corazón de cada criatura humana.

         “Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras” (Lc 24, 45) Este es el don pascual que Jesús hace en el relato de los discípulos de Emaús (Cfr. Lc 24, 13-32). Los discípulos comprenden ahora que su Maestro no ha sucumbido ante

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

          Lo habían reconocido al partir el pan.

         ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?

         Todo lo escrito acerca de mí tenía que cumplirse. Vosotros sois testigos de esto.


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | Liturgia
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios