Martes, 28 de abril de 2009

Lectio divina para el cuarto domingo de Pascua -B, 3 de Mayo de 2009, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

 

4º Domingo de Pascua  – Ciclo B
3 de Mayo de 2009 
       
 


Lectura del Evangelio según San Juan: (10,11-18)

 

En aquel tiempo, dijo Jesús: “Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.

         Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre”.

 

Palabra de Dios.

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

         El marco literario en que Juan ha colocado este texto es el siguiente: La autoridad religiosa judía ha abierto una investigación para examinar el caso del ex-ciego de nacimiento (Cfr. Jn 9). El veredicto condena a este hombre a no ser discípulo de Moisés (Cfr. Jn 9, 34). En realidad el condenado es Jesús. Por eso aparece seguidamente Jesús condenado a la autoridad judía “si fuerais ciegos no tendríais pecado, pero como decís: vemos, vuestro pecado permanece” (Cfr. Jn 9, 39-41). En el cap. 10 Jesús razona ese veredicto; la parábola del Buen Pastor es, pues, fundamenta un veredicto contra la autoridad judía.

         Jesús basa su veredicto en Ez. 34 (capítulo muy conocido para los judíos). El profeta comienza denunciando a los jefes de Israel como a falsos pastores del rebaño de Dios. Con su proceder injusto han destrozado el rebaño. Por eso Dios los destituye de su cargo y El en persona toma la guía, reúne las ovejas dispersas y restablece con ellas una relación de mutua confianza. Todos estos elementos los ha recogido Juan en 10, 11-18 introduciendo la equipa ración Yahweh-Jesús. En esta equiparación radica precisamente el escándalo de los judíos (Cfr. Jn. 6, 42; 7, 26-27). Jesús toma la guía, reúne las ovejas, crea un clima abierto de mutua confianza.

         Hay, sin embargo, algunas que no quieren aceptarle (sobre todo las autoridades religiosas judías) porque piensan que es absurdo que una persona de carne y hueso como Jesús pueda ser a la vez Dios. Éste y no otro es el problema que se les planteó a los judíos con Jesús (Cfr. Jn. 6, 42; 7, 26-27). Problema que ha continuado a lo largo de la historia con relación a Jesús, lo cual ha llevado erróneamente en muchas ocasiones a "espiritualizar" su persona.

         Las novedades que introduce Jn respecto al texto de Ez son, fundamentalmente, dos: 1. La relación de conocimiento y amor entre el Padre y el Hijo; 2. El amor de Jesús a sus ovejas es la única razón de ser de Jesús. Es un amor total y absoluto, cuya expresión es la aceptación soberanamente libre del veredicto dictatorial que lo condena a muerte (Cfr. Jn. 15, 13).

         “Yo soy el buen Pastor” (Jn 10, 11) Jesús se presenta aquí como verdadero pastor, pero todo el capítulo 10 de Jn es una enseñanza sobre Jesús como pastor, y constituye una verdadera síntesis del misterio de la salvación.

         “El buen Pastor da la vida por las ovejas” (Jn 10, 11) Ofreciendo su vida por el rebaño, el buen pastor realiza varias profecías mesiánicas: Ez 34, Zac 11, 16 y Jer 23, 1 oponían ya, en efecto, al pastor que arriesga su vida por sus ovejas y a los profesionales que viven de la carne de su rebaño y son negligentes al darle los cuidados más elementales. Cristo no se contenta con procurar al rebaño cuidados exteriores: El da su vida. Aludiendo quizá la expresión "dar su vida" a Is 53, 10 (El ofrece su vida en expiación), el tema del buen pastor se encontraría así aclarado por el del Siervo paciente.

         “El asalariado (...) venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa” (Jn 10, 12) El asalariado es todo lo contrario del buen pastor. En vez de dar la vida por las ovejas, vive de ellas. Por eso las abandona a su suerte cuando llega el peligro. Si bien, toda la perícopa (Jn. 10, 1-18) es como un alegato en el que el autor razona el pastoreo de Jesús frente a las pretensiones de pastoreo de los guías religiosos, el texto no solamente hace alusión a los fariseos del tiempo de Jesús o a los que se presentaron como Mesías y llevaron al pueblo al matadero. “Asalariados”, falsos pastores, demagogos de toda clase los hubo entonces y los hay ahora.

         “Yo soy el buen Pastor (...) yo doy mi vida por las ovejas” (Jn 10, 14-15) Si bien, “asalariados” hay muchos, no ha habido ni puede haber otro que sea el buen pastor. En el contexto pascual en el que la proclamamos, la expresión "Yo soy" de Jesús, apunta ya al Resucitado. Nadie puede ocupar su lugar, nadie puede sustituirlo. El "Buen Pastor" no tiene sucesores, pues vive y sigue siéndolo hoy. Los “pastores” en la Iglesia sólo pueden hacer presente o visible el servicio de Cristo dando la vida por las ovejas de Cristo, como Él hizo.

         “Conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre” (Jn 10, 14-15) El tema del conocimiento mutuo se encuentra ya en el Antiguo Testamento, donde da cuenta de la preocupación de Dios por apacentar El mismo a sus ovejas (Cfr. Ez 34, 15). El tema del “Buen Pastor” aborda las relaciones entre Jesús y los suyos haciendo ver que el conocimiento mutuo no es ni de tipo psicológico, ni un conocimiento entre maestro y discípulo, sino que es un conocimiento de amor, basado en las relaciones del Padre con Jesús. Por eso mismo, toda relación entre los que creen debe tener como base un amor real.

         “Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer” (Jn 10, 16) Ya la antigua profecía (Cfr. Is 60-61) había intuido que el mensaje de la Palabra, el don de Dios, no podía quedar reducido a las estrecheces históricas de un pueblo. Jesús muestra con claridad que su don al hombre ha llevado dicha universalidad a las últimas consecuencias. Jesús no concibe al grupo de los que creen como un “coto cerrado”, sino que, con su entrega, inaugura la nueva comunidad mesiánica: igual para todos y todos iguales. Un ideal que hay que construir.

         “Habrá un solo rebaño, un solo Pastor” (Jn 10, 16)  Juan piensa aquí, sin duda, en el cumplimiento de la profecía de Jer 23, 3 anunciando que las ovejas "de todos los países" serían "reunidas".

         “Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente” (Jn 10, 18) Jesús hace un acto de radical generosidad con el hombre al que considera hermano de verdad: el dueño de la vida da su vida en favor de los que quiere. La muerte del pastor no es explicable solamente como un fatal desenlace o como un juego de fuerzas y de intereses: es consecuencia de su opción por las ovejas, por todas las ovejas. Por eso es el Buen Pastor a quien el Padre ama.

         “Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre” (Jn 10, 18) La actitud de Jesús es de ofrenda de la propia vida por el amor a todos, obedeciendo la voluntad del Padre. No es la actitud del que obra por “beneficencia” sino, sencillamente, de quien ofrece lo que más quiere por el amor que tiene a otro. De tal modo es radical la entrega que esta muerte adquiere una dimensión salvadora, un valor absoluto.

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

         El razonamiento del pastoreo de Jesús arranca de un símil tomado de la vida no metafórica de los pastores: la llegada del lobo (Cfr. Jn 10, 12). En una situación así, la capacidad de desprendimiento en beneficio de las ovejas da la medida exacta del pastor, probando al que realmente es del que sólo aparentaba serlo. Lo central en Jesús es la capacidad de desprendimiento en beneficio de las ovejas.        Jesús desarrolla los tres criterios que establecen a sus ojos la verdadera autoridad: el buen pastor da su vida por su rebaño, vive en comunión y conocimiento mutuo con él (cosa que puede hacer porque vive en comunión con el Padre), se preocupa de su unidad y de la recolección de las ovejas perdidas.

         En Jn encontramos el contraste entre los guías religiosos judíos y Jesús. Los primeros están interesados en  el cumplimiento de la ley (Cfr. Jn 8, 1-11;  9, 13-34),  llegando a proclamar “esta gente que no conoce la Ley son unos malditos” (Cfr. Jn 7, 49) mientras que el interés de Jesús es otro: "Conozco a mis ovejas y las mías me conocen" (Cfr. Jn 10, 14). A conocer la ley Jn opone conocer a las ovejas. La dinámica del conocimiento de la ley es la separación, la expulsión, la excomunión de las personas (Cfr. Jn. 9, 22.34); la del conocimiento de las ovejas es la entrega de la propia vida en beneficio de ellas (Cfr. Jn 10, 15. 17). De todas las ovejas, no sólo de las judías.

         S. Juan introduce aquí un nuevo contraste: al exclusivismo opone la universalidad. Las "otras ovejas que no son de este redil" (Cfr. Jn 10, 16) son todos aquéllos que no son judíos de nacimiento o por adopción y que en el cuarto evangelio quedan englobados bajo la denominación de "griegos". El autor está preparando la gran fiesta pascual de Jn. 12, 20-36, donde se nos dice que unos griegos quieren ver a Jesús. Será entonces cuando resuene solemne lo siguiente: "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del Hombre" (Jn 12, 23). Será, en efecto, entonces cuando se habrá hecho "un solo rebaño con un solo pastor" (Cfr. Jn 10, 16). Como luego proclamará S. Pablo: "Ya no hay más griego ni judío, circunciso ni incircunciso...: no, lo es todo y para todos Cristo". (Cfr. Col 3, 11).

         La figura del pastor fue todo un símbolo en Israel y en el contexto histórico-cultural en el que vivió. En diversos pasajes del A.T.  se da el nombre de pastores a los reyes y jefes de los pueblos. Las relaciones de Yahweh con su pueblo Israel se ilustran con imágenes tomadas de la vida de los pastores. Ante la corrupción de los "pastores" de Israel, sean reyes o sacerdotes, se alza la voz de los profetas, quienes anuncian que, al fin, Dios mismo se hará cargo del rebaño o que suscitará de la estirpe de David un buen pastor que rija con justicia a su pueblo (Jer 23, 1-6; Ez 34, 23; 37, 24). Cuando Jesús dice que es el buen pastor, se refiere a estas profecías y se presenta como el Mesías prometido; pero un pastor que no mantiene una relación de dominio sobre las ovejas.

         La idea de un pastor que parte a la búsqueda de sus ovejas es corriente en el Antiguo Testamento (Cfr. Ez 34), donde caracteriza de una manera especial las relaciones entre Dios y su pueblo: no es nunca la oveja la que parte a la busca del pastor, sino a la inversa. En otros términos, incluso aunque la religión de la fe parece una búsqueda de Dios, no es en realidad más que una iniciativa divina, una revelación. Es menos un camino que conduce al hombre a Dios, que un camino que lleva a Dios hacia el hombre. Jesús es el Buen Pastor porque ha sido enviado por Dios a la búsqueda de los hombres. La imagen del pastor puede parecer anticuada en una cultura técnica e industrial, pero su mensaje no puede perderse: Dios ha terminado por encontrar al hombre porque ha venido allí donde el hombre le buscaba.

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

         El Señor es mí pastor, nada me falta.

En verdes praderas me hace recostar.

         Me conduce hacia fuentes tranquilas

Y repara mis fuerzas;

me guía por el sendero justo,

por el honor de su nombre.

         Aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque tú vas conmigo:

tu vara y tu cayado me sosiegan.

         Preparas una mesa ante mí

enfrente de mis enemigos;

me unges la cabeza con perfume,

y mi copa rebosa.

         Tu bondad y tu misericordia me acompañan

todos los días de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor

por años sin término.

                                               (Sal. 22,1-6)

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

         Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da la vida por las ovejas.

         Yo conozco a las mías y las mías me conocen.

         Y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Liturgia
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