Mi?rcoles, 29 de abril de 2009

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA, el miércoles 29 de Abril de 2009 en la sección CRITERIOS, bajo el epígrafe “Luz en el Camino”.

 

En marcha el Cristianismo (IV)

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *


LA VIDA

de Cristo resucitado que Él mismo presenta a los que quieren seguirle es -dicho con palabras muy de Ortega y Gasset- un "quehacer continuado, una constante superación de egoísmo, una misión exigente y comprometida que, desde luego, trasciende nuestros intereses individuales e implica toda la dimensión social de la que el ser humano es capaz".


No puede esperarse ningún fruto auténtico de vida cristiana que nazca del poder, del dinero, de las influencias de los mejor situados. Y, desde luego, jamás se podrá reivindicar en nombre de Cristo privilegios, favores, recompensas, tratos de excepción. Cuando la Iglesia se ha apoyado en esta clase de recursos, tarde o temprano, ha perdido su pureza y se ha debilitado interiormente hasta perder capacidad evangelizadora. Nunca será más fácil transformar la sociedad y convertir los corazones apoyándonos sólo en influencias humanas, olvidándonos del ejemplo y de la palabra de Cristo pobre, despreciado y puesto en la cruz. Las palabras del Señor son claras y decisivas: "Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros, nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos". El modelo, la norma a seguir, no es que la sociedad, y mucho menos, la moda quieran dictarme, sino Cristo, el único y eterno sacerdote, que para ello ha atravesado el cielo, para alcanzar la misericordia y la gracia que nos auxilia oportunamente. Jesús se presenta bajo la figura de siervo, el siervo doliente de Yaveh. No revestido de poderes humanos. Es el sumo Sacerdote que ama y se entrega. Camina entre lo entre los hombres como uno más. Vive en humildad y servicio.


Frente a los sacrificios del Antiguo Testamento, el sacrificio de Cristo es la donación de sí mismo. En esta realidad tan humana cono divina, conoceremos las enormes posibilidades de generosidad que se encierran en nuestra condición humana. No es cuestión de sentarse a la derecha o a la izquierda, sino de beber el cáliz como Él lo bebió y bautizarse en el bautismo en que Él se bautizó con su oblación. En muchos momentos esto es ir contracorriente. La convivencia se hace difícil ante el afán desmesurado de poder y de dinero, como se dejó dominar uno de sus discípulos. Es aquí cuando nos atropellamos unos a otros y parece como si pensáramos que el fin justifica los medios. Admitimos lo que sea con tal de conseguir lo que, desde nuestro punto de vista, es lo mejor para nosotros. Todo es objeto de compraventa.


Para liberarnos de esta situación, tenemos que releer con mucha atención e intensidad las palabras de Jesús si queremos tener la luz suficiente en nuestros ojos para adoptar las actitudes de abnegación de nosotros mismos en servicio a la sociedad que estamos construyendo. En nada mejor podemos participar con nuestra existencia. Y esta participación tiene que manifestarse muy particularmente en la oración, pues el cristiano vive como ora y ora como vive. El trabajo es también oración, cuando el espíritu de oración anima el trabajo. Cuantas veces, por nuestro fallo en estos dos testimonios, incurrimos en extravíos y nos olvidamos de lo que Cristo nos ha pedido y nos sigue pidiendo: la de vivir y predicar con la conciencia clara y precisa la Nueva Noticia de que Dios ama a los seres humanos y quiere su felicidad. Que, con Él, la eternidad entró en el tiempo; y su Redención está dando fuerza y cambiando el curso de las cosas y la vida de las personas como vocación misión. Por este camino, en el tiempo, es estar en la marcha del Cristianismo.


* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Espiritualidad
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