Domingo, 03 de mayo de 2009

Comentario a las lecturas del domingo cuarto de Pascua – B publicado en Diario de Avisos el domingo 3 de Abril de 2009 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

Bailando con lobos

DANIEL PADILLA

 "Yo soy el Buen Pastor, y conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí..."

De acuerdo, Señor. Pero, si no te impor­ta, vayamos por partes.

- "Tú eres el Buen Pastor". Eso no lo he dudado nunca. Y, aunque la teología no me lo hubiera dicho, yo he entendido siempre que la única razón de tu Encarnación fue el "amor" y la única finalidad de tu muerte en la cruz fue mi "salvación": liberarme de to­do pecado y de toda esclavitud. Tú lo dijiste: "No hay amor mayor que el de dar la vida por las ovejas". Es un hecho asombroso, pe­ro real. Y San Pablo lo resumía así: "Me amó y se entregó a sí mismo por mí". Tú eres, por tanto, el Buen Pastor.

- "Y conoces a tus ovejas". De acuerdo también. "Tú me sondeas y me conoces. Me conoces cuando me siento y cuando me le­vanto". Lo recito constantemente en el sal­mo. Y lo creo firmemente. Pero me quedo perplejo entre dos sentimientos. Uno, de alegría. Porque es conmovedor que tú, desde tu atalaya infinita, te entretengas con­templándome a mí, tal cual soy, y "contando los cabellos de mi cabeza", como afirmaste del Padre. Y otro sentimiento de confusión.

Porque, ante esa mirada tuya tan penetrante, no hay disimulos que valgan. Me siento des­nudo, ya que me ves en mi justo tamaño, más bien menguado y desgarbado. Me co­noces, por lo tanto. Adivinas en mí, como adivinaste en Pedro, las veces que te voy a negar. Y sabes, igualmente, que, en mi esca­la y muy difuminadamente, "te amo más que éstos". Bueno, más que algunos de éstos. Y eso es precisamente lo que más me confun­de. Que, conociéndome como me conoces, te sigas fiando de mí.

- "Y mis ovejas me conocen a mí". Aquí es donde no sé qué decirte, Señor. Es seguro que, desde mi infancia, he recibido infor­mación sobre ti, adaptada, por supuesto, a mi capacidad evolutiva de recepción. He vi­vido, además en un ambiente en el que ha­blar de ti era algo normal. He crecido en los atrios de tu santuario "hablando con los doc­tores", como tú, "a mis doce, quince, veinte años". También me he ejercitado en la prác­tica de ciertos ritos y ciertas leyes. Mi madre me enseñó muy pronto a distinguir la señal de los cristianos de otras señales. En ese ambiente he vivido. Pero, me pregunto: "Mi co­nocimiento de ti, ¿se ha traducido en un compromiso incondicional o se ha quedado en el terreno de lo teórico? ¿Te sigo porque conozco tu voz a fondo, o mi conocimiento es tan de libro que, luego, mi seguimiento es a lo que salga y con intermitencias?".

- Y otro pensamiento que aún me con­funde más. Tú dices: "Tengo otras ovejas que no son de este redil, y también tengo que atraerlas". Y me vuelvo a preguntar: "¿Escu­chamos los cristianos de hoy estas palabras con inquietud corresponsable? ¿Vamos es­tando todos mentalizados para crear un cli­ma adecuado en el que resuene bien tu voz: la mies es mucha y los obreros pocos? ¿Va­mos buscando, como más de una vez nos ha indicado nuestro pastor, el encuentro y el diálogo personal con los posibles vocaciona­dos para hacerles ver que aquello que sien­ten puede ser una llamada?".

Y yo, desde mi silueta personal, ¿voy respondiendo con concreción y entrega a la parte que se me ha dado en ese bello pasto­reo? Más aún, en esta época de desconcierto y río revuelto ¿estoy aprendiendo a "bailar con lobos", si preciso fuera, es decir, a "ir dando mi vida por las ovejas"?


Publicado por verdenaranja @ 9:47  | Espiritualidad
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