Lunes, 04 de mayo de 2009

Homilía que Nuncio de su Santidad el Papa pronunció el 1 de Febrero de 2009 con motivo del 50 aniversario de la consagración de la Basílica de Nuestra Señora de Candelaria, en la Diócesis de Tenerife, publicada en el Boletín Oficial del Obispado de Tenerife en la “Sección Pastoral”.

 

HOMILÍA DEL NUNCIO DE SU SANTIDAD EL PAPA CON MOTIVO DEL 50 ANIVERSARIO DE LA CONSAGRACIÓN DE LA BASÍLICA DE NUESTRA SEÑORA DE CANDELARIA

 

 

Tenerife, 1 de febrero de 2009

 

Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:

 

1. Quisiera, en este momento, saludar con afecto a todos los que participan en esta celebración eucarística: a vuestro Obispo Excmo. y Rvdmo. Mons. Bernardo Álvarez Afonso, al Obispo Emérito Mons. Felipe Fernández García, al Padre Provincial de los dominicos, a los sacerdotes concelebrantes, a las Excelentísimas Autoridades, a los religiosos, religio­sas, a los fieles laicos, a los miembros de la Comisión Organizadora del 50 Aniversario de este templo y a cuantos han colaborado para realización del enriquecedor programa de estas memorables celebraciones.

 

A todos Ustedes y a cuantos nos siguen por los medios de comu­nicación un saludo cariñoso y la bendición de Su Santidad Benedicto XVI, a quien humildemente represento en España.

 

2. Hace cincuenta años, el primero de febrero de 1959, mi prede­cesor, que nos acompaña desde la eternidad, el entonces Nuncio Apostólico Mons. Hildebrando Antoniutti presidió los actos de la consa­gración de esta «iglesia basílica» dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria, Patrona de Canarias. Hoy, gustoso, me uno a ustedes en esta solemne celebración eucarística conmemorativa de la consagración de este templo sagrado, dónde mañana celebraréis la fiesta de vuestra Patrona. Narran los historiadores que, en 1392, apareció en Tenerife, en la playa de Chimisay, la imagen de una mujer con un niño en los brazos, que llevaron en andas para la cueva de Chinguaro. Las gracias atribuidas a la Virgen por la constante devoción de los canarios ha incrementado el fervor de los fie-les. Teniendo presente la solicitud de las autoridades locales, la Santa Sede a través de la Congregación para los Ritos declaró patrona Principal del Archipiélago Canario a la Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de la Candelaria. El Papa León XIii emitió el decreto de la coronación de la imagen de vuestra Patrona el 13 de octubre de 1889.

 

2. Las crónicas hablan del entusiasmo, del regocijo, del júbilo de vuestros antepasados contemplando la imagen de vuestra patrona. Esta actitud interior es manifestación de fe viva en el poder de Dios y de con-fianza filial en la intercesión maternal de nuestra Madre Santísima.

 

Unámonos, pues, al estado de ánimo, a la satisfacción, al gozo, a la dicha de vuestros antepasados en esta solemne celebración.

 

Los tiempos de entonces como los de ahora no son fáciles. Pero la abertura de nuestra inteligencia, de nuestra voluntad y de nuestro corazón a Dios nos facilita superar todas las contrariedades, todos los vendavales, todas las dificultades que se presentan en nuestro caminar. Nuestra Señora de la Candelaria es para nosotros, sobre todo, Madre cariñosa que nunca nos olvida.

 

3. Les invito, ahora, hermanos y hermanas a contemplar a Nuestra Madre desde una triple perspectiva:

 

3.1 Nuestra Señora de la Candelaria, Madre del Señor Jesús y Madre nuestra;

 

3.2 Nuestra Señora de la Candelaria, Madre Santísima que ha manifestado los cuidados maternos por todos nosotros sus hijos;

 

3.3 Nuestra Señora de la Candelaria, Madre Santísima que nos ayuda ser coherentes con la fe que profesamos y a dar testimonio de la sere­nidad, de la paz y del amor que nos legó el Señor Jesús.

 

3.1 Nuestra Señora de la Candelaria, Madre del Señor Jesús y Madre nuestra.

 

Es Madre de Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, porque le con­cibió por obra y gracia del Espíritu Santo; porque le dio a luz en el pesebre de Belén; y porque le acompañó con su cariño de madre hasta el calvario.

 

La Virgen es nuestra Madre Santísima. El Evangelista San Juan nana de este modo las últimas palabras de Jesús, que podemos denominar como su testamento, "el testamento de la Cruz": "Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: `Mujer ahí tienes a tu hijo '. Luego dice al discípulo. `Ahí tienes a tu madre'. Y desde aquella hora el discípulo la aco­gió en su casa"'. Nuestra Señora no tiene más hijos. Jesús entrega su Madre Santísima al discípulo predilecto y, en la persona de él, a cada uno de nosotros, a la humanidad entera.

 

3.2 Nuestra Señora de la Candelaria, nuestra Madre Santísima ha manifestado cuidados maternos por todos nosotros sus hijos.

 

Nuestra Señora ha manifestado, desde las Bodas de Caná, su soli­citud materna. Y sigue demostrando sus cuidados de madre previsora por todos sus hijos.

 

En Caná de Galilea tuvo lugar la celebración de un matrimonio. Entre los invitados se encontraban Nuestro Señor Jesucristo y su Madre Santísima. Quizás los invitados habían aumentado en el último momento. Nuestra Señora se dio cuenta de que el vino estaba a punto de terminarse. Entonces, avisó a Jesús con estas sencillas y sugestivas palabras: "Hijo, no tienen vino ". Después recomendó a los sirvientes: "Haced todo lo que Él os diga". El primer milagro de Jesús se realizó por intercesión de la Virgen, Madre de Jesucristo y Madre nuestra.

 

Cuando visitamos los santuarios marianos nos quedamos, a menudo, impresionados por los innumerables exvotos que recuerdan los favores o las gracias que los hombres siguen recibiendo por intercesión de Nuestra Señora, Nuestra Madre del Cielo. Todas las enfermedades — físicas, psíqui­cas y espirituales – encuentran ayuda en su corazón materno.

 

Notamos también que muchos peregrinos viajan a pie o usan distintos medios de transporte, rezando el Rosario, para implorar favores o para agradecer los beneficios recibidos. Son paralíticos que empiezan a caminar, enfermos que se sienten curados; son parejas que se unen para formar definitivamente un hogar feliz; son chicos y chicas que deciden dejar los caminos tortuosos que recorrían, a veces víctimas de la droga, del alco­holismo, de la prostitución; son jóvenes que buscan y encuentran un cami­no en la vida, que deciden entregarse completamente al Señor.

 

Esta maternidad de Nuestra Señora perdura siempre. Desde la Asunción al Cielo, continúa con su misión salvadora, obteniendo gracias para todos cuantos a Ella se encomiendan2.

 

3.3 Nuestra Señora de la Candelaria, nuestra Madre Santísima, nos ayuda ser coherentes con la fe que profesamos y a dar testimonio de la sere­nidad, de la paz y del amor que nos legó el Señor Jesús.

 

Nuestra Señora ha encontrado múltiples modos de expresión para estar presente a lo largo de la historia de la humanidad. Candelaria aquí en Tenerife y centros como Guadalupe, Lourdes y Fátima nos muestran una específica "geografía" de la fe y de la piedad mariana.

 

Y siempre la Santísima Virgen ha querido reclamar la atención de sus hijos sobre los más altos valores espirituales.

 

Nos ha recordado la existencia de Dios, no de un Dios distante, abstracto, sino de un Dios personal, con el que podemos y debemos mantener relaciones personales y filiales.

 

Nos ha explicado que en la Eucaristía está el verdadero cuerpo, sangre y alma de Nuestro Señor Jesucristo, tan real y perfecto como está en el Cielo.

 

Nos ha hablado de la necesidad de prepararse adecuadamente para recibir a Jesús en nuestras almas.

 

Nos ha recordado la existencia del infierno y del purgatorio. Ha evocado la devoción a los ángeles.

 

Nos ha mostrado la importancia del Papa y su misión como Vicario de Cristo en la tierra.

 

Y, sobre todo, nos ha invitado a rezar, a rezar mucho, a rezar el Rosario por nuestra salvación y la del mundo entero.

 

Queridos amigos,

 

¿Qué pedimos hoy a Nuestra Señora de la Candelaria?

 

¿Qué le prometemos aquí a Nuestra Señora de la Candelaria?

 

Digámosle: Que querernos ser mejores; que nos ayude a ver y a tra­tar a Dios como nuestro Padre bueno y misericordioso.

 

Prometámosle: Que vamos a rezar más; que vamos a rezar en fami­lia; que vamos a rezar por el bien de nuestras familias y por las de todo el mundo y por las intenciones de la humanidad.

 

De su mano, caminaremos por el sendero que conduce a la verda­dera felicidad, reflejando en nuestro hogar, en nuestro trabajo y en la socie­dad la serenidad, la paz y el amor.

 

Digámosle hoy a Nuestra Señora de la Candelaria:

 

Madre, enséñanos

 

"Qué es el amor y Dónde tiene su origen,

Su fuerza siempre nueva (...)

Muéstranos a Jesus. Guíanos hacia El.

Enséñanos a conocerlo v amarlo,

Para que también nosotros

Podamos llegar a ser capaces

De un verdadero amor

Y ser fuentes de agua viva

En medio de un mundo sediento "3.

 

Que así sea y el Señor les bendiga hoy y siempre por intercesión de Nuestra Señora de la Candelaria.

 

 

Mons. Manuel Monteiro de Castro

Arzobispo Titular de Benevento
Nuncio Apostólico

 

1 Jn 19, 25-27.

2 Cfr. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, n. 62.

3 Enc. Deus Caritas est", n. 42

 


Publicado por verdenaranja @ 23:26  | Hablan los obispos
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