Jueves, 07 de mayo de 2009

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el miércoles 6 de Mayo de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino”.

 

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *

 

Personas útiles y productivas

 

SI NOS PREGUNTÁRAMOS cómo podríamos reconocer cuándo una nación está verdaderamente desarrollada, la mayoría diríamos que cuando la renta media nacional pasa de un determinado número de euros o dólares. También, si se comprueba que la mayoría de la viviendas tienen agua corriente y luz eléctrica, televisiones, automóviles (?). Sin embargo, todo esto y muchas cosas más no pasarían de ser signos externos de riqueza. Hay otros signos de desarrollo interno, desarrollo del corazón, mucho más importante que el del bolsillo.


No dudamos en pensar que la manera auténtica de medir, en lo humano, cómo funciona verdaderamente una nación es estudiando cómo son atendidos en ella los ciudadanos enfermos más débiles: los enfermos. Y con ellos, los ancianos, los minusválidos, los pobres.


Siempre hay que pensar que, en economía, puedan funcionar -y de hecho funcionan- otros baremos. Pero en humanidad y, sobre todo, en cristianismo, no es eso sólo lo que cuenta. No hay ningún campo más importante y compensador para los cristianos, ya en su estado seglar, religioso o sacerdotal, que verse comprometido con su estado de vida en el mundo hospitalario; y más en nuestros tiempos. Vivimos en un mundo montado sobre las ideas de la fuerza y del poder. En él, la competencia es tanta que siempre triunfan los poderosos, los fuertes, los sanos. Mientras, los débiles, los enfermos, son marginados como seres humanos, si no de segunda división, sí por lo menos como seres humanos "aparcados", seres humanos que bastante tienen con sobrevivir, como si se les excluyera del gran banquete de la vida.


Hacia ellos nos volvemos algunas veces los sanos con un gesto de compasión y lo hacemos como si con ello ya les prestásemos un gran favor que tuvieran eternamente que agradecernos. Y así es como, con frecuencia, muchos enfermos llegan a convencerse de que son unos estorbos y se consideran inútiles porque no son productivos, como si "producir" bienes materiales fuese lo único importante que un ser humano puede aportar a la Humanidad.


Durante los 25 años que estoy cumpliendo como hermano y sacerdote de la Orden Hospitalaria en esta clínica S. Juan de Dios de Tenerife, puedo afirmar que, entre las situaciones que más hieren a los enfermos, es la de considerarles o sentirse ellos mismos inútiles. Que ellos vinculen -y nosotros también- su inutilidad física con la inutilidad moral y social. Sacarles de esta postura a los enfermos es abrirles a la mayor esperanza en lo humano y en lo divino.


No hay ninguna agrupación humana, como la de todos los enfermos, que mantenga tantos puestos de trabajo, directos e indirectos. Una familia sin trabajo va camino de la enfermedad psíquica y física. ¡Y que esta peligrosa situación familiar la estén remediando la causa de los enfermos! Por otra parte, también contribuyen a que la asistencia y tratamiento médico se mantenga y se esté perfeccionando la ciencia de la medicina, en todos sus campos, y a unos niveles cada vez más altos y asombrosos. Los enfermos ciertamente sufren inutilidad en lo físico o en lo psíquico, pero en lo moral y en lo social ¿quiénes son más útiles que ellos o al menos lo mismo?


En mi comunicación diaria con los enfermos, no falta, de vez en cuando, una referencia a esta realidad moral y social que deben vivir como el recurso que más puede contribuir para alcanzar la salud que tanto desean.


Testimonios, entre tantos. Más de un anciano, en mis conversaciones sobre estos valores humanos, morales y sociales, me decía con esta sencillez y sinceridad: "Bueno, padre Fernando, pare Vd. que nos está descubriendo que somos más útiles y productivos, ahora que somos viejos y enfermos, que cuando éramos más jóvenes y estábamos sanos". Y me sigue impresionando mucho, tal vez también a nuestros lectores, el significado que quisieron dar a las palabras "útiles y productivas" en sus vidas.


* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 1:10  | Espiritualidad
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