S?bado, 09 de mayo de 2009

Extracto del Dossier “EL SACERDOTE – Acompañamiento y animador del equipo de Caritas”, publicado por Caritas Diocesana de Tenerife (C/ Juan Pablo II, nº 23 Ppal Izquierda. CP 38004 Santa Cruz de Tenerife Tfno. 922277212.

 

 

TAREAS DEL SACERDOTE COMO ANIMADOR DE LOS EQUIPOS DE CÁRITAS.

 

3.1. Despertar el Espíritu

 

El voluntariado de Cáritas es ungido y enviado por el Espíritu para realizar su compromiso. El Espíritu es viento, es fuego, es fertilidad, es novedad, es impulso. Los equipos de Cáritas necesitan ser animados a dejarse impulsar por el Espíritu. Cuando la persona se deja encontrar por el Espíritu, nace en su interior la doble experiencia de hijo y de hermano que se abre a los hermanos y el compromiso de crecer como iguales, compartiendo los bienes.

 

Al sacerdote le toca provocar estos encuentros, alimentarlos, consolidarlos.

Colaborar para que el equipo se deje tocar por el Espíritu, se deje seducir por Él.

 

Además, debe animar a los miembros del grupo para que vayan asumiendo, como propias, las actitudes del buen samaritano y que éstas configuren su estilo de vida:

 

  • La práctica de la solidaridad no como actividad extraordinaria, al margen de la vida cotidiana sino en el transcurso de esta vida diaria mientras pasean por el barrio mientras se dirigen al trabajo y en el propio centro de trabajo mientras disfrutan del tiempo libre...

 

  • el desarrollo de la capacidad de mirar hacia los márgenes del camino, allá donde quedan tendidas las víctimas de nuestro propio modo de vida sin dejarnos deslumbrar por las luces de los escaparates colmados de productos de consumo, reflejo de los «éxitos» de nuestra sociedad de apariencias e injusta.

 

  • La exigencia de detenerse, de romper con la normalidad de la vida, de dejarse afectar por las víctimas hasta el punto de dejar en suspenso lo que se proponían hacer.

 

  • Y una exigencia que no es opinable, que no es relativizable, sino absoluta:

 

  • Nada puede justificar que se pase de largo ante un hermano que está caído en el camino.

 3.2. Despertar a la persona

 

Toda persona tiene mucha energía dormida y muchas cualidades por estrenar jóvenes y mayores estamos, todos, a medio hacer. Dios nos ha creado no como obra acabada, sino como proyecto a realizar. Crece y multiplícate, fue el primer mandamiento de Dios al hombre.

 

Todos necesitamos de amigos, de personas cercanas que nos ayuden a crecer un poquito cada día. El sacerdote-animador, con una palabra clarificadora, una advertencia cariñosa, una valoración oportuna, un gesto adecuado... va despertando en el equipo y en cada uno de sus miembros a la persona dormida que cada uno lleva dentro de sí.

 

3.3. Despertar una manera de actual

 

El modo de actuar de un equipo de Cáritas se define por «su servicio a los más pobres siendo pobre».

 

En el servicio a los pobres existen algunos peligros que el sacerdote animador debe tener muy presente en su tarea, para detectarlos y ayudar al equipo a revisar si su manera de actuar es coherente con la misión encomendada. Así como ayudando a evitar caer en estos peligros. Algunos de estos peligros son:

 

  • El paternalismo: es hacer caridad desde una situación de proteccionismo, no acompañando procesos personales, sin facilitar que la persona desarrolle sus capacidades. Esta actitud fomenta la dependencia. Ayudar al pobre implica: acompañarle, ayudarle a tomar conciencia de su situación e implicarle en la solución de sus problemas, ofrecerle las herramientas para que se promocione integral mente, movilizarle. Toda ayuda tiene que estar sostenida por la justicia y orientada a la promoción, la inserción y participación social.

 

  • El tecnicismo: es querer estar a la última en los medios materiales, lenguaje, etc., olvidándonos de la realidad y de la situación de las personas. Nuestros medios deben ser pobres, que no equivale a carecer de ellos, ni mucho menos a no saber usarlos. Se trata de poner, de manera inteligente y eficaz, todos los recursos materiales, sociales, personales y culturales que tiene la comunidad cristiana y los bienes que ha puesto en nuestras manos j la sociedad, al servicio de la liberación de los empobrecidos.

 

  • La opción de «ser rico»: Los ricos tienen una visión muy clara de su situación y optan por ella. Lo grave es que todos y casi todas las clases sociales han hecho la opción de ser ricos y de servir a los ricos. En ese peligro podemos caer la comunidad cristiana en general y el equipo de Cáritas, en particular. Es necesario «estar alerta» para ser consecuentes, en el día a día, con la opción preferencial por los pobres, no sólo de palabras sino en el estilo de vida, en los medios que empleemos para conseguir los objetivos, etc.

 El sacerdote animador ha de impulsar para que el servicio a los obres que el grupo realice tenga en cuenta:

 

  • La ayuda inmediata. Se trata de la urgente necesidad, que no admite demora, que nos lleva a «aliviar la miseria de los que sufren cerca o lejos, no sólo con lo superfluo sino con lo necesario» (SRS 31). Es lo que expresamos diciendo «compartimos el pescado». Se trata de la asistencia inmediata:

 - personal: «curando las llagas de los pobres» (CVI p. 17) (al enfermo solo, al anciano abandonado, al transeúnte...).

- colectiva: inmigrantes, enfermos de SIDA, colectivos sin hogar, encarcelados, etc.

 

  • La promoción integral de la persona. El servicio a los pobres no puede reducirse a la asistencia inmediata, sino que ha de buscar la promoción integral de la persona. Cuando hablamos de promoción, liberación o desarrollo, queremos expresar que es necesario poner los medios o hacer lo posible para que la persona vaya saliendo por si misma de su situación de pobreza, de indignidad, de inferioridad, de inhumanidad, de limitación, de abandono, de deterioro, de deficiencia, siendo protagonista de su liberación (cf. IP 15). 

En la acción caritativa y social debemos no quedarnos sólo en resolver las necesidades inmediatas de los empobrecidos, sino, además, proporcionales la incorporación a un proyecto de promoción para que puedan trabajar e integrarse en su realidad de modo participativo. Esto es lo que expresamos cuando decimos: «que no sólo hay que compartir el pescado, sino, también, enseñar a pescar)). Y, así mismo, a integrarse personal y socialmente asumiendo los derechos inherentes a su dignidad como persona. En esto consiste la justicia social.

 

Cuando hablamos de promoción integral estamos pensando en una realidad que abarca la totalidad de la persona, física, intelectual, moral, política, religiosamente, «al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida la apertura al absoluto, que es Dios» (EN 33; PP 15, 20, 21).

 

  • La promoción de la justicia y la lucha contra las causas de la injusticia. Tal vez hemos enseñado a pescar, pero resulta que «no hay peces en el mar o espacios donde pescar)). Entonces tendremos que preguntarnos por qué hay peces para unos y no hay para otros. 

El Concilio nos invita a «suprimir las causas de los males». La Solicitudo rei sociales dice que hay que diagnosticar el mal personal y estructural que, impide que se realice la justicia (SRS 38). Por otro lado, los Obispos españoles en la segunda parte de la Caridad en la vida de la Iglesia manifiestan que hemos de comprometernos: «trabajando por la justicia cuando la pobreza sea fruto de la injusticias...denunciando las causas que la producen, tanto personales como sociales y, en todo caso, exigiendo y promoviendo la dignidad trascendente de la persona humana».
 

Para ello es necesario:

 

-         recordarnos el destino universal de los bienes (GS 69)

-         corregir los desniveles excesivos de la distribución de la renta

-         trabajar para cambiar las estructuras que impiden la existencia digna de la persona

-         reclamar que los derechos de los pobres se hagan efectivos

-         denunciar las situaciones antievangélicas y deshumanizadoras de la vida social (CVI cap. II.2b)


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Caritas
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