Lunes, 11 de mayo de 2009

Carta del Cardenal Jorge Urosa Savino, Arzobispo de Caracas (Venezuela), que será leída en todas las misas en la Arquidiócesis el próximo fin de semana 16-17 de mayo de 2009, y que recuerda algunas ideas fundamentales sobre el sacramento del matrimonio contenidas en el Código de Derecho Canónico y en el Catecismo de la Iglesia Católica y su excelsa y exigente naturaleza.

 

  

CARTA PASTORAL:

EL MATRIMONIO, SACRAMENTO DEL AMOR Y DE LA FAMILIA

 

A los venerables sacerdotes y diáconos, a los miembros de los Institutos de Vida Consagrada y a todos los fieles de la Arquidiócesis de Caracas:

 

Muy queridos hermanos: ¡Salud y paz en el Señor!

 

Cristo resucitado se hace presente en el mundo a través de su Espíritu Santo y, de manera muy concreta, a través de su santa Iglesia y, en particular de los Sacramentos de salvación. Por ello es tan grande el matrimonio entre los bautizados, elevado por el mismo Cristo a la dignidad de sacramento de gracia, felicidad y santidad. Este Sacramento del amor conyugal y de la familia, es “la alianza por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyugues y a la generación y educación de la prole” (1).

 

La fe nos enseña que el sacramento del matrimonio “significa la unión de Cristo con la Iglesia; da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano entre los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna” (2).

 

Dado su carácter interpersonal, el matrimonio “se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo” (3). “La unidad, la indisolubilidad y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo de la fecundidad priva a la vida conyugal de su “don más excelente”, el hijo” (4,).

 

Mis queridos hermanos: Por la misma excelsa y exigente naturaleza del matrimonio sacramental, se comprende la necesidad de que los novios se preparen adecuadamente, con gran seriedad y espíritu cristiano durante un tiempo prudencial. El noviazgo debe ser entonces un período de profundización del conocimiento mutuo, de renovación religiosa y espiritual, de fortalecimiento de la fe y de la vida cristiana. Para ello se invita a los novios al encuentro personal con Jesucristo, y se exige la realización de los cursos o talleres de preparación al matrimonio.

 

Igualmente se entiende así la importancia de la correcta instrucción del expediente matrimonial, con el fin de asegurar la licitud y validez del matrimonio. Por otra parte, la celebración del sacramento, la boda eclesiástica, debe ser un acto muy bien realizado, de carácter profundamente religioso, con el esmero necesario y evitando excesos tanto en la ornamentación de la Iglesia como en la música de la ceremonia y en el atuendo de las damas participantes en el mismo.

 

Para recordar las exigencias canónicas que regulan la preparación y la celebración de las bodas, y para evitar algunos abusos y errores, luego de muchos estudios y consultas hemos decretado recientemente un “Instructivo para la celebración del Sacramento del Matrimonio, que tiene fuerza de ley eclesiástica en toda la Arquidiócesis de Caracas.

 

El Instructivo establece un procedimiento jurídico-pastoral común que fomenta la necesaria, digna, auténtica, sobria y fructuosa preparación y celebración del Sacramento del matrimonio. El documento recopila los puntos más importantes y prácticos de la legislación canónica sobre la materia, y puntualiza algunos aspectos de la celebración, como el lugar, y las circunstancias de la misma.

 

A dicho Instructivo deben atenerse en toda la jurisdicción de esta Arquidiócesis de Caracas, tanto los sacerdotes y diáconos, diocesanos o religiosos que actúan como testigos calificados de la Iglesia, aunque vengan de otras Diócesis, como los contrayentes y las otras personas que actúan en la celebración de la boda.

 

De manera particular quiero poner de relieve el número 15 del Instructivo, en el cual se exige que los novios se presenten a su respectiva Parroquia con al menos seis meses de antelación a la probable fecha prevista para la boda. Esta norma tiene como fin permitir que se consigan a tiempo todos los documentos necesarios, se instruya el expediente matrimonial con calma, seriedad y profundidad, y los novios maduren tanto religiosa como psicológicamente para afrontar conscientemente en Cristo el nuevo estado de vida que asumirán voluntaria y libremente.

 

En caso de que, por causa justa, no se pueda observar el plazo de los seis meses, los venerables señores Párrocos procederán conforme lo dicte la prudencia y la caridad pastoral hacia los novios, pues no se trata de crear aquí un nuevo impedimento canónico. Esta norma se comenzará a aplicar a partir del 1 de agosto de 2009, por lo que exhortamos vivamente a quienes tengan previsto contraer matrimonio en los próximos meses, a iniciar cuanto antes los trámites eclesiásticos para la boda.

 

Invitamos a los novios a acoger de buen grado las indicaciones y normas del decreto, a prepararse esmeradamente para celebrar tan excelso sacramento con espíritu religioso, en la presencia del Señor. Se trata de un paso trascendental y definitivo en sus vidas: la consagración mutua de sus corazones y la fundación de una nueva familia para siempre. Invitamos a las familias de los novios a contribuir a efectuar la preparación y la celebración de la boda según el espíritu cristiano, evitando excesos en los detalles accesorios de la celebración, especialmente descartando el derroche y despilfarro de lujos innecesarios, que ofenden a los pobres.

 

A todos los sacerdotes y diáconos, tanto del Clero diocesano como de Institutos de vida consagrada, les recuerdo la obligación de cumplir estrictamente las indicaciones contenidas en el Instructivo, y los invito a atender con amabilidad y prudencia pastoral a los contrayentes en momentos tan trascendentales para ellos, y a celebrar el acto sacramental con gran esmero.

 

Pidamos confiadamente a Dios que Cristo, quien se manifestó con su amor y su poder en las bodas de Caná, se haga presente en los corazones de todos los contrayentes, y pidamos a la Stma Virgen María, por cuyas súplicas realizó el Señor su primer milagro, que interceda ante su divino Hijo por los novios y por toda nuestra Iglesia Arquidiocesana.

 

Con mi afectuosa bendición episcopal.

+JORGE UROSA SAVINO,

CARDENAL ARZOBISPO DE CARACAS

 

Caracas, 10 de mayo de 2009,

 

Esta Carta Pastoral se leerá en todas las Misas que se celebren en todas las Iglesias en Caracas el próximo fin de semana.

 

Notas:

1. Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 1055

2. Catecismo de la Iglesia Católica, 1661

3. Ibid. 1662

4. Ibid, 1664


Publicado por verdenaranja @ 22:59  | Hablan los obispos
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