Lunes, 18 de mayo de 2009

Subsidio litúrgico para la celebración de la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales  el 24 de mayo 2009, Solemnidad de la Ascensión del Señor, recibido con los materiales publicados por la Conferencia Episcopal Española.

 

 

 

“Nuevas tecnologías, nuevas relaciones.

Promover una cultura de respeto, de diálogo, de amistad”

 

Solemnidad de la Ascensión del Señor

24 de mayo 2009

 

 

Monición de entrada

 

En la solemnidad de la Ascensión del Señor, la Iglesia contempla a Cristo Jesús, el Hijo de Dios Resucitado, que retorna a la casa del Padre para prepararnos una morada.

El Señor cumple sus promesas y en la celebración de la Eucaristía hacemos presente y anticipamos ese cumplimiento.

En esta solemnidad la Iglesia toma conciencia también de la importancia pastoral de las comunicaciones sociales en una jornada especial establecida para este fin por el Concilio Vaticano II, que este año se propone reflexionar sobre las “nuevas tecnologías” en cuanto medios capaces de ayudar –si son bien utilizados– a construir “nuevas relaciones”, desde la promoción de “una cultura de respeto, de diálogo, de amistad”.

 

Lecturas:

 

Primera: Hechos de los Apóstoles 1, 1-11

Segunda: Efesios 1, 17-23; o bien: Efesios 4, 1-13

Evangelio: Mateo 28, 16-20

 

Sugerencias para la homilía

 

Celebramos este domingo la solemnidad de la Ascensión del Señor. Cristo Jesús, el Hijo de Dios Resucitado, retorna a la casa del Padre para prepararnos una morada. Su camino es signo y anuncio de la esperanza de la Iglesia. El que recorrió los caminos de Palestina haciendo el bien, curando a los enfermos y a los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con Él; el que ascendió la senda del Calvario, cargado con el peso de todos nuestros males; el que envió a las mujeres a rehacer sus pasos para anunciar a los discípulos que el sepulcro estaba vacío, ahora emprende el camino definitivo de retorno al Padre. Con su Ascensión al cielo, Jesucristo culmina y lleva a plenitud su misión en la tierra.

 

Con Él, nosotros sabemos desde entonces que nuestro caminar cotidiano tiene una meta; que nuestros pasos no son un vagar sin rumbo por las sendas de la vida. El sendero está trazado porque es Dios mismo, en su Hijo encarnado, muerto y resucitado, glorificado en el Padre, quien lo ha recorrido por nosotros. En nuestro itinerario personal podemos seguramente oír otras voces que nos llaman, que nos proponen sugerentes alternativas, que nos prometen añorados paraísos. “No hay que dejarse engañar –nos dice hoy Benedicto XVI en su mensaje para esta jornada de las comunicaciones sociales– por quienes tan solo van en busca de consumidores en un mercado de posibilidades indiferenciadas, donde la elección misma se presenta como el bien, la novedad se confunde con la belleza y la experiencia subjetiva suplanta a la verdad”.

 

Pero ahora, nosotros sabemos que la Palabra del Hijo es la única Voz que da sentido y plenitud; podemos confiar en que sus promesas se han cumplido y nos abren un camino de futuro: es posible esperar de verdad y sin temor a sentirnos defraudados una humanidad nueva y una comunidad renovada de hijos y hermanos, donde se haga realidad el mandamiento nuevo del amor.

Por la Ascensión del Señor sabemos también que esa esperanza será colmada en el cielo. El Espíritu de la verdad y de la vida se hará don que nos vivificará, que hará nuevas todas las cosas. Él nos dará, en palabras del Apóstol, el Espíritu “de sabiduría y revelación” que colmará de gozo nuestros corazones, porque comprenderemos cuál es “la esperanza a la que nos llama” y “la herencia” que nos espera. Jesús asciende al cielo para enviarnos el don del Espíritu, germen y semilla de una comunidad de santos –una comunión de amor- llamados a construir el mundo desde el testimonio de su amor. También a nosotros este domingo, la voz del cielo nos envía: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.


Y hoy, cuando en esta solemnidad la Iglesia nos invita también a reflexionar sobre las comunicaciones sociales, recordamos también que estas han de ser siempre medios para el anuncio de la Buena Noticia y para el servicio a esta comunión. Tienen su modelo en Cristo, el “Perfecto Comunicador”, la Palabra definitiva y la Imagen que nos desvela el rostro amoroso del Padre.

La comunicación –nos ha dicho también Benedicto XVI– “responde al deseo fundamental de las personas de entrar en relación unas con otras. Este anhelo de comunicación y amistad tiene su raíz en nuestra propia naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente solo como una respuesta a las innovaciones tecnológicas.

 

A la luz del mensaje bíblico, ha de entenderse como reflejo de nuestra participación en el amor comunicativo y unificador de Dios, que quiere hacer de toda la humanidad una sola familia”.

“Son en el fondo –añade– manifestaciones modernas de la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás.

En realidad, cuando nos abrimos a los demás, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. En efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador”.

Como creyentes y usuarios de los medios de comunicación, hemos de estar atentos a que estos cumplan su misión, desde el respeto a la verdad y a la justicia y al bien de los hombres y de los pueblos: “Sería un grave daño para el futuro de la humanidad –advierte el Papa- si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan solo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana”.

 

Oración universal

 

Oremos, a Dios, nuestro Padre, por la Iglesia y por todos los hombres, para que, fieles a las Palabras del Señor, estemos siempre dispuestos a anunciar la Buena Noticia de la salvación a todos los hombres.

 

1. Por la Iglesia, por el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, y por todo el pueblo santo de Dios, para que, en todo momento y lugar, seamos signos eficaces de promoción de una cultura de respeto y de amistad entre los hombres y los pueblos.

 

2. Por los gobernantes de las naciones, para que promulguen siempre leyes que permitan favorecer la comprensión y la solidaridad humana, así como el respeto al derecho y libertad de la información.

 

3. Por las comunidades cristianas, para que seamos capaces de superar las diferencias que nos separan y, desde el testimonio cotidiano, sepamos ser reflejo de nuestra participación en el amor comunicativo y unificador de Dios, que quiere hacer de toda la humanidad una sola familia.

 

4. Por los investigadores y los responsables de la industria de la telecomunicaciones, especialmente por quienes tienen responsabilidades en el desarrollo de la tecnología, para que pongan sus trabajos y recursos al servicio de todos los seres humanos y de todas las comunidades, sobre todo de los más pobres, necesitados y vulnerables.

 

5. Por las familias cristianas, y especialmente por los más jóvenes, sujetos a la permanente influencia de los medios de comunicación social, para que sean capaces de dar el testimonio de su fe y se sientan comprometidos a sembrar en la cultura de este nuevo ambiente comunicativo los valores sobre los que se apoya nuestra vida cristiana.

 

6. Por los profesionales de la comunicación social, para que estén siempre dispuestos a acoger la llamada divina en su trabajo cotidiano, grabada en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, y promuevan programas que respeten siempre la dignidad y el valor de la persona humana.

 

Acoge, Padre Santo, las oraciones que te presentamos en este día en que nos llamas a ser testigos y comunicadores de tu amor que nos redime y salva. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

Monición final

 

Al finalizar nuestra celebración recordamos las palabras del Señor a sus discípulos en su Ascensión a los cielos. Como ellos, nos sentimos llamados a salir al mundo para anunciar su gozosa noticia. El anuncio es ya cumplimiento, por eso, siendo testigos del Resucitado, somos instrumentos de amor y de comunión. Anunciémoslo así a todos en cada momento de nuestra vida y nuevos caminos de la comunicación humana.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Liturgia
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