Martes, 19 de mayo de 2009

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El Santo Padre Benedicto XVI ha enviado un Mensaje al Obispo de Macerata, Su Exc. Mons. Claudio Giuliodori, con ocasión del inicio de las celebraciones para conmemorar el IV Centenario de la muerte del misionero jesuita de Macerata, el Padre Matteo Ricci. Publicamos a continuación el texto integral del Mensaje del Papa.

Al Venerado Hermano Claudio Giuliodori
Obispo de Macerata, Tolentino, Recanati, Cingoli y Treia

He recibido con alegría que en esa Diócesis están programadas diversas iniciativas para conmemorar, en el ámbito eclesial y civil, el IV Centenario de la muerte de P. Matteo Ricci de la Compañía de Jesús, que tuvo lugar en Pekín el 11 mayo del 1610. Con ocasión de la apertura de este especial año jubilar, me es grato enviarle a Vd. y a toda la comunidad diocesana mi cordial saludo.
Nacido en Macerata el 6 octubre del 1552, el jesuita Matteo Ricci, dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó largos años de su existencia a tejer un provechoso diálogo entre el occidente y el oriente, llevando a cabo al mismo tiempo una incisiva acción de enrizamiento del Evangelio en la cultura del gran Pueblo de China. Su ejemplo continua siendo hoy modelo de provechoso encuentro entre la civilización europea y la china.

Me asocio por tanto con gusto a cuantos recuerdan a este generoso hijo de vuestra tierra, obediente ministro de la Iglesia e intrépido e inteligente mensajero del Evangelio de Cristo. Considerando su intensa actividad científica y espiritual, no se puede no quedar favorablemente impresionado por la innovadora y peculiar capacidad que tenía de acercarse, con pleno respeto, a las tradiciones culturales y espirituales chinas en su conjunto. Ha sido efectivamente dicha actitud la que caracterizó su misión dirigida a encontrar la posible armonía entre la noble y milenaria civilización china y la novedad cristiana, que es fermento de liberación y auténtica renovación dentro de toda sociedad, estando el Evangelio, universal mensaje de salvación, destinado a todos los hombres, sea cual sea el contexto cultural y religioso al que pertenezcan. Aquellos que ha hecho además original y, podríamos decir, profético su apostolado, ha sido indudablemente la profunda simpatía que tuvo hacia los chinos, por su historia, por sus culturas y tradiciones religiosas. Basta recordar su Tratado sobre la amistad (De amicitia – Jiaoyoulun) que encontró un gran éxito ya desde la primera edición en Nanchino en 1595. Modelo de diálogo y respeto hacia otras creencias, este vuestro Compatriota hizo de la amistad su estilo de su apostolado durante los 28 años de permanencia en China.

La amistad que él ofrecía era correspondida por las poblaciones locales gracias precisamente al clima de respeto y consideración que él trataba de cultivar, preocupándose siempre por conocer mejor las tradiciones de la China de aquel tiempo. A pesar de las dificultades y las incomprensiones que encontró, el Padre Ricci, quiso mantenerse fiel, hasta la muerte, a este estilo de evangelización, actuando, se podría decir, una metodología científica y una estrategia pastoral basada, por una parte, en el respeto de las sanas costumbres del lugar que los neófitos chinos no tenían que abandonar cuando abrazaban la fe cristiana, y, por otra, en la conciencia de que la Revelación podía valorizarla y completarla todavía más. Y fue precisamente a partir de estas convicciones que él, como ya habían hecho los Padres de la Iglesia en el encuentro del Evangelio con la cultura grecorromana, programó su trabajo de inculturación del Cristianismo en China, buscando un acuerdo constante con los eruditos de aquel País.

Deseo vivamente que las manifestaciones jubilares en su honor - encuentros, publicaciones, muestras, congresos y otros acontecimientos culturales en Italia y en China - brinden la oportunidad de profundizar en el conocimiento de su personalidad y su actividad. Siguiendo su ejemplo, puedan nuestras comunidades, dentro de las cuales conviven personas de diversas culturas y religiones, crecer en el espíritu de acogida y respeto recíproco. El recuerdo de este noble hijo de Macerata sea también motivo para los fieles de esa Comunidad diocesana de consolidar en su escuela ese anhelo misionero que debe animar la vida de todo auténtico discípulo de Cristo.

Venerado Hermano, al formular fervientes votos por un pleno éxito de las celebraciones jubilares previstas a partir del 11 de mayo próximo, aseguro mi recuerdo en la oración y, a la vez que invoco la materna intercesión de Maria, Reina de China, envío de corazón mi Bendición a Usted y a cuántos han sido confiados a sus cuidado pastoral.

Del Vaticano, 6 de mayo de 2009

Benedicto XVI
(Agencia Fides 18/5/2009)


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Habla el Papa
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