Domingo, 31 de mayo de 2009

Artículo publicado en la  revista “Iglesia Nivariense” de la Diócesis de Tenerife, número 93, MAYO 2009.

¿QUÉ FUE EL SÍNODO DE LA DIÓCESIS?

La gran cita será el 17 de Mayo en La Laguna, pero cómo vivimos aquella primavera eclesial que fue y es el Sínodo. Hagamos un poco de historia. El 15 de Agosto de 1995 fiesta de la Virgen de Candelaria, el Obispo, D. Felipe Fernández, convocó el primer Sínodo Diocesano de su historia. Pero su historia va más allá de los tres años y tres meses de intensos trabajos llevados a cabo en toda la Diócesis.

Así, en la Asamblea Diocesana de 1989 se insinuaba como un paso previo a la convocatoria de un Sínodo Diocesano. Sin embargo, es a lo largo del curso 1994/95, cuando D. Felipe informa explícitamente de su intención de realizar una amplia consulta, a todo el pueblo cris­tiano, sobre la conveniencia o no de cele­brar un Sínodo en nuestra Diócesis. El 28 de mayo de 1995 concluye la consulta que arroja los siguientes datos: * total de respuestas individuales: 8.782; * favorables a la celebración del Sínodo: 7.751; * desfavo­rables: 470.

El Obispo, de acuerdo con el canon 461, pide el parecer del Consejo Presbiteral que, por 18 votos a favor y 5 en contra, apoya la convocatoria de un Sínodo Diocesano. El 14 de septiembre de 1995 se crea la Comisión Antepreparatoria, formada por 40 personas. El segundo trimestre de 1996 se caracteriza por el trabajo de tabulación de las encuestas, aproximadamente 70.000 (30.000 niños, 18.000 menores de 17 años, 14.000 mayores de 18 y unas 8.000 reuni­das en 675 grupos). El 17 de Junio de 1996 se constituye el Consejo de Presidencia y, a principios del mes de julio, el Sr. Obispo decidió los diez temas generales que serían la base de estudio para preparar nuestro primer Sínodo Diocesano.

En octubre de 1996 comienza en toda la Diócesis la segunda etapa del Sínodo. Se constituyen 1.054 grupos en los que par­ticipan casi 13.000 personas. Impresiona pensar que más del 50% de los participantes en los grupos sinodales no pertenecían previamente a ningún grupo eclesial. Este trabajo se prolonga a lo largo de los cursos 96/97 y 97/98, recibiéndose en la Secre­taría General las propuestas; en torno a cuarenta y cinco mil, que son clasificadas y entregadas a las correspondientes mesas de ponencia.

El 31 de mayo de 1998, solemnidad de Pentecostés, fue el día de la solemne apertura del Primer Sínodo Diocesano Nivariense. A partir de ese momento, la Asamblea Sinodal -a lo largo de varios meses- acomete con ilusión ocho intensas sesiones de trabajo, precedidas del corres­pondiente esfuerzo personal que supone el estudio y reflexión de cada Instrumento de Trabajo, el envío de aportaciones a mesas de ponencia, la modificación y realización de propuestas...

 

7 de diciembre. Nos encontramos ya en la sesión de clausura de la Asamblea Sino­dal. En la intervención de los secretarios de los veinte Círculos Menores se reflejó el sentir de los sinodales en el desarrollo de la Asamblea poniéndose de manifiesto que: 1) El Sínodo ha sido un tiempo de gracia, de oración, de trabajo, y de conocer la riqueza de la Diócesis y también sus necesidades. 2) El trabajo ha estado presidido por una actitud de escucha, de tolerancia, de libertad. 3) El enriquecedor intercambio de ideas entre personas de diferentes edades, sexo y funciones dentro de la comunidad eclesial. 4) La adecuada organización y la capacidad de realizar los cambios necesarios para un mejor funcionamiento de la Asamblea. 5) Se subraya que faltó tiempo para debatir más ampliamente algunos temas. 6) Necesidad de llevar lo tratado a la práctica en todos los rincones de la Diócesis.

 

El resultado ha sido la elaboración de más de 800 propuestas que la Asam­blea Sinodal presenta al Obispo para que, hecho el oportuno discernimiento, como único legislador del Sínodo Diocesano, sus­cribiera y promulgara las Constituciones Sinodales del Primer Sínodo Diocesano Nivariense.

 

 


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