Lunes, 01 de junio de 2009

Carta a mi querido Teófilo del Padre Antonio María del Hogar Santa Rita del Puerto de la Cruz,  Tenerife, publicado en la revista “Como las Abejas”, número 43, Enero-Febrero 2009.

 

 

CARTA A MI QUERIDO TEÓFILO

 

Mi querido amigo Teófilo: Paz y bien.

Hoy has tocado un tema muy delicado, con vigencia en todos los tiempos. ¿Quién puede negar la existencia de la muerte corporal? Diríamos que es una de las verdades más evidentes. Cuando uno es joven ve muy lejos la muerte y casi se ríe de ella; pero cuando nos vamos cargando de años y contemplamos la cantidad de amigos y seres queridos que van desapareciendo de este planeta Tierra, es cuando a uno le toca pensar, en que algo tiene que haber más allá. Son demasiados muertos y bastantes de ellos, mucho más jóvenes que uno. A mí mismo se me han muerto, mis padres. mis abuelos, todos mis tíos por parte de mi madre y de mi padre, ya se me han ido tres hermanos y un montón de amigos con los que jugué, me divertí, estudié, trabajé y el desfile continúa de una manera inexorable. La muerte sigue imperturbable, con su guadaña, sin tener en cuenta ni a papas, ni a reyes. ni a campesinos, ni a médicos, ni a ricas, ni a pobres. De la muerte no se escapa nadie. por muchos adelantos e inventos. El hombre no ha podido. ni podrá quitarse de encima el terrible drama de la muerte. Por eso es cuestión de ir "de frente", sin miedo a plantearse el problema. Es muy simple afirmar: "el muerto al hoyo y el vivo al bollo", o aquello que dice un joven entre risas, burlas y fiestas: "morir joven qué importa. Lo importante es haber disfrutado de la vida".

 

Por eso, mi amigo Teófilo. la muerte inesperada e inexplicable de ese amigo de tu intimidad, además de dejarte frío como un trozo de mármol y con la mente en blanco, te está dando una clarísima lección. Creo, que es el momento de plantearte en serio el tema de la fe. No es cuestión de que te encierres en banda. y continúes en una actitud de escepticismo y de agnosticismo o ateísmo, como quieras llamarlo. No creo que sea ni honrado, ni digno de ti, el que desistas de pedir humildemente a Dios luz, fe. Lo más sencillo es tirar la toalla y no creer en lo que no entiendes. Has de ser sencillamente honesto contigo mismo y aceptar que existen realidades invisibles, que superan las ideas más intrincables que puedas imaginar. Son muchos los que han cambiado radicalmente su vida frente a la muerte de un amigo. Cuando Santa Margarita de Cortona, la llamada Magdalena franciscana, presenció en el fondo de un barranco: guiada por su perro, el cuerpo podrido y maloliente del hombre que había sido su amante durante muchos años, sintió pánico. Contemplando aquel cuerpo en estado avanzado de descomposición y medio comido por los buitres, sintió un terrible escalofrío y huyó corriendo llena de miedo a un convento Franciscano. Allí hecha un mar de lágrimas, contó toda su horrible vida a un sacerdote y emprendió una terrible vida de penitencia. También San Francisco de Borjas, cuando le tocó acompañar la caravana, en que trasladaban a Granada el cadáver de la Reina Isabel, la esposa de Carlos V, Emperatriz de Alemania y madre de Felipe II, que él adoraba casi como una diosa, por su belleza física. al abrir el féretro para certificar, como notario del rey que aquel cadáver correspondía a la Reina, dicen las crónicas, que el hedor que desprendía aquel cadáver en estado avanzadísimo de descomposición, fue tan fuerte que cayó desplomado mareado. Cuando pudo incorporarse y contempló aquel rostro tan desfigurado exclamó, con aquellas palabras que han quedado para la historia, "Jamás serviré a Reina que morir se pueda". En esos momentos San Francisco de Borja era Duque de Gandía, Virrey de Cataluña y Gran Notario del Rey. Abandonó todo y formó parte con San Ignacio de Loyola en la Fundación de los Jesuitas. Tú no tienes estas amargas experiencias. No es precisamente el caso de la muerte de tu amigo. No ha sido tan trágica y tan desagradable esta muerte; pero al fin y al cabo, muerte. Mi buen amigo Teófilo, comprendo tu situación desesperante, no te cabe en la Cabeza el que hace apenas unos días, bromeabas, charlabas, comías y bebías con ese amigo y fique ahora te encuentras impotente frente a la caja tapada, aunque le veas a través del cristal. Pero ya no habla, no sonríe, no camina, no reacciona aunque le grites o le sacudas. En verdad allí ya no está tu amigo. Miras y miras hacia la caja y allí no se mueve nadie. Le chillas a tu amigo y no te contesta. Un profundo silencio envuelve ese rostro que aún parece dormido. Allí, en medio de aquellas cuatro tablas, atrapado y enrollado en una sábana, se encuentra inmóvil ese amigo tuyo, que era tan alegre, y que tanto le encantaba conversar. Te sientes limitado, imposibilitado para hacerle despertar de ese sueño y tienes, por fin, que aceptar que está muerto, que en ese rostro sereno ya no hay vida y que dentro de unas horas comenzará también el proceso inexorable de la descomposición y por supuesto. por mucho que le quieras, no puedes impedir que se lo lleven y lo encierren en un nicho en el cementerio. Luego todos se van a sus casas y allí. en la soledad del Campo Santo, queda atrapado a cal y canto, en un estrecho habitáculo, esperando el día de la resurrección. Porque eso es el cementerio: "un dormitorio provisional". Esa es nuestra fe y ahora volverán a coger fuerzas aquellas palabras, que escuchaste, medio soñoliento al sacerdote en las honras fúnebres: "Las flores se marchitan, las velas se apagan, sólo la oración por el difunto sigue viva y se eleva al creador".

 

Y ahora, amigo Teófilo, necesariamente tenemos que entrar en una zona que tú no quieres entrar, sencillamente porque no lo entiendes, o "porque no te cabe en la cabeza". Tampoco es un recurso para poder explicar lo inexplicable, ni tampoco es la actitud de la resignación. Esta es la zona de la fe. Créeme, amigo Teófilo, que me gustaría tener palabras que te hicieran comprender el sentido de la vida, el sentido del dolor y de la muerte. Pero lamentablemente. no existen esas palabras. Tampoco hay quien a base de retórica y aún de experiencias ajenas, pueda meterte en la cabeza y menos aún en el corazón el misterio de la muerte. Tienes que ser humilde, y pedirlo de corazón a Dios. Sí, a Dios, aunque no lo entiendas, aunque no creas en El, aunque pases de El y de todo lo relacionado con Dios y con ese mundo que realmente existe, por muy oscuro que lo veamos todo. Reza, amigo Teófilo, aunque te parezca que hablas al vacío, y que nadie te escucha.

 

Reconozco que llevas muchos años con tus relaciones rotas con la divinidad. Se ha embotado tu mente. Los vicios, el pecado, tu desinterés con todo lo que suena a vida espiritual, tu actitud de escepticismo frente al tema de la vida espiritual, tu actitud negativa y crítica frente a todo lo que en verdad ocurre a partir de la muerte corporal, tu total ceguera ante las llamadas "verdades eternas", como son la muerte, el juicio, el Infierno o el Cielo, hacen que se bloquee todo el mecanismo que te abre el camino, a entender un poco, el enigma de la muerte y de lo que ocurre después de la muerte.

 

Pide insistentemente a Dios que es tu Padre, aunque tú no lo sientas así, fe, fe, fe. una y otra vez. Restablece formalmente, tus relaciones personales con Dios, aunque te hayas desconectado hace muchos años de El. Si tienes más fe que yo, entenderás mucho mejor que yo, este asombroso misterio que haría cambiar radicalmente tu vida. Lo que has de tener claro, aunque no lo entiendas, ni lo aceptes, que tu amigo y tantas personas que tú conociste y que han causado baja en la lista de los habitantes de este planeta Tierra, siguen vivos en una dimensión distinta; pero verdadera. En el más arriba o en el más allá, no existen muertos, sino vivos que han cambiado sencillamente de domicilio y que nuestra fe nos enseña que ya están disfrutando de las gozos del Cielo, o las funestas consecuencias de una vida inmoral y de una muerte en pecado.


Mi amigo Teófilo, por hoy baste, y Dios te dé a entender lo que yo no he sabido explicarte. Que a partir de la fecha, vivas de tal manera, que a Dios no le quede otro remedio, en justicia. que premiarte con el Cielo. Que el Padre Dios, te dé luz y sentirás una profunda alegría, porque habrás entrado en la zona de la divinidad, que, sin duda, es para los humanos el lugar más fascinante, reconfortante y feliz, que la mente aún más dotada pueda imaginar. Chao.

 

Antonio María Hernández Hernández


Publicado por verdenaranja @ 23:47  | Cartas a Te?filo
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