Lunes, 01 de junio de 2009

Artículo publicado en el Boletín "Misioneros Javerianos", MARZO 2009, año XLVI - nº 450.

ENTRE NOSOTROS

compartiendo una ilusión

LA EUCARISTÍA

 

 

Enamorado de Jesucristo, enamorado de Su presencia en la Eucaristía, Mons. Con­forti participó a todos los congresos eucarísticos celebrados, en su tiempo, en Italia, or­ganizó uno de ellos en su región para el cual escribió una carta pastoral en el que defi­ne la Eucaristía como "el sacramento por excelencia de la fe, misterio de amor, exten­sión del misterio de la encarnación, oblación santa, centro de atracción universal y com­pendio de la obra del rescate humano que Cristo opera". 

 

Frecuentes son las catequesis de Mons. Conforti sobre la Eucaristía en las que des-taca diversos aspectos de ella: naturaleza y efectos de ella, la Eucaristía centro de la vida cristiana, la Eucaristía como sacrificio y sobre la comunión frecuente.

 

Misterio de amor

 

"La Eucaristía es un misterio de amor, que su-pera y compendia cualquier otra prueba de amor que el Señor nos haya dado. Gran amor nos ha mostrado el Señor al rescatamos de la nada y darnos una vida, en lo referente al cuerpo pasa­jera y mortal, por medio de la Eucaristía la in-mortal en la vida eterna por medio de nuestra resunección. Gran amor nos ha mostrado el Se-ñor al hacerse hombre, al revestirse de nuestra naturaleza humana por medio de la encama­ción, obra maestra y visible de la creación.. . En la Eucaristía, Jesús ha querido donarse to-talmente a sí mismo, que es el autor de la gra­cia, el dador de todo amor. Amando a los hom­bres con un amor sin igual ha querido amarlos hasta la consumación máxima del amor".

 

Encarnación

 

"La Eucaristía, según los Padres de la Iglesia, es una admirable extensión del misterio de la en-carnación. Como con la encarnación El se ha uni-do a la naturaleza humana, con la Eucaristía se une a cada uno de los participantes de la naturaleza hu-mana Él quiere unirse a nosotros para que poda-mos vivir su misma vida. El Hijo de Dios ha reci­bido del Padre tres vidas: la primera en la genera­ción eterna, la segunda en la encarnación y la ter-cera en su resurrección de la muerte. La primera es una vida divina, la segunda es una vida posible, la tercera una vida gloriosa Jesús, en la Eucaris­tía, quiere comunicamos y hacemos partícipes de estas tres vidas. Nos comunica la primera hacién­donos vivir en su amor. Nos hace partícipes de la segunda por medio de la Eucaristía que es la ce­lebración de su pasión y muerte. Nos comunica la tercera, la vida de la gloria, dándonos en la Euca­ristía una prenda segura de la vida eterna y glorio-sa que nos espera después de la muerte: "Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murie­ron, pero el que come de este pan, el que yo le daré, vivirá eternamente", decía Jesús; y en otra parte añadía:"quien comerá de mí, vivirá por mí y yo le resucitaré en el último día" (Jn. 6, 49-54)

 

"Trono"

 

La Eucaristía es el trono del unigénito de Dios en medio de los hombres, sobre el cual El se sienta, no sólo para recibir nuestro res-peto y adoración, sino para escuchar nuestras súplicas y atender nuestras necesidades. El rico y el pobre, el hombre de ciencia y el del trabajo, el justo y el pecador pueden, a cual­quier hora, acercarse e este trono, sin cita pre-via, seguros de ser atendidos ya que saben que el Dios de la Eucaristía es el Dios de la bon-dad y del amor, el Dios que habla al corazón y a la mente de todos y a todos prodiga su gra­cia, sus favores y su generosidad".

 

Compendio

 

"La Eucaristía es el compendio de la obra de la redención de la humanidad y en ella se

concentra toda la religión de Cristo. De hecho toda la realidad de nuestra religión tiende a unir al hombre con Dios para santificarlo, para transformarlo en Jesucristo primogénito y modelo de todos los predestinados. Esta unión se realiza, en efecto, por medio de la Eucaristía, por ello nuestra religión sin Euca­ristía sería una religión a la que le falta el cum­plimiento, sin fervor, sin alma, sin vida".

 

Caridad-humildad

 

"La Eucaristía es la fuente de la caridad, quien participa en la Eucaristía no puede no amar a Dios, quien ama a Dios no puede no amar a los hermanos y si todos amaran a los hermanos, como consecuencia del amor de Dios, las cuestiones sociales... no ten­drían razón de ser.

 

A este amor fraterno, a este altruismo, se opone el orgullo humano que nos lleva amarnos a nosotros mismos más que a los demás, más aún que nos lleva a amamos de modo exclusivo hasta querer sobresalir de todos y de todo. Siendo el orgullo y el egoísmo una aspiración general, encuentra, en la volun­tad y en las acciones de los demás, un obstá­culo para su realización: de ahí la lucha entre los individuos, entre los grupos, entre los par­tidos, entra las naciones. De aquí el proclamar la lucha permanente. Esta condición violenta cesaría cuando se practicase la humildad.

 

Mons. Conforti vive la Eucaristía con profun­didad, la pone al centro de su vida es el motor de su trabajo episcopal, habla de ella con entusiasmo, fervor y convencimiento. Nuestras actuales Cons­tituciones nos dicen, con referencia a la Eucaris­tía: "Cristo, que se ofrece en la Eucaristía, es el fun­damento de nuestras comunidades y de nuestro apostolado". Por ello, la participación activa y consciente en la Eucaristía cotidiana exige que vi-vamos el misterio de muerte y de vida que se re­aliza en el altar, dándonos totalmente a los herma­nos. Su presencia eucarística nos invita a la ado-ración y a la intimidad con su persona". n

 

P. Luis Pérez Hernández s.x.

 


Publicado por verdenaranja @ 23:51  | Misiones
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