Martes, 02 de junio de 2009

Artículo publicado en el Boletín "Misioneros Javerianos", FEBRERO 2009, año XLVI - nº 449.

 

ENTRE NOSOTROS

Compartiendo una ilusión

EL BAUTISMO

 

 

Durante su largo e intenso ministerio episcopal, el obispo fundador de los misioneros javerianos Guido María Conforti ha hablado del bautis­mo en infinidad de ocasiones. Siempre habla del bautismo con sentimien­tos de gratitud y con entusiasmo, dando gracias a Dios por el bien reci­bido a través de este sacramento.

 

De las múltiples páginas que el beato Con­forti escribió sobre el bautismo escogemos al­gunas que parecen más significativas, que nos hablan de la unión con Dios que produce este sacramento, de los compromisos que con él contraemos, de los efectos que produce en la persona del creyente.

 

Triple alianza

 

"No olvidemos nuca el amor tan grande que nos ha tenido Dios, el cual quiere que nos lla­memos hijos suyos y lo seamos realmen­te (1 Jn.3,1). Como a tales hijos nos confiere el derecho a la heredad divina, para que un día lo podamos ver, poseer, disfrutar y ser felices eternamente gozando de Su misma felicidad. El día memorable de nuestro bautismo hemos contraído una triple alianza con la Trinidad que puso su casa en nuestro corazón, haciéndonos hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y tem­plos del Espíritu Santo".

 

Votos solemnes

 

"El recuerdo de nuestros bautismo, de nues­tra regeneración espiritual, nos debe recordar la altura a la que fuimos encumbrados, debe, además, recordar las obligaciones contraídas delante de Dios, del que nos convertirnos en hi­jos adoptivos, y delante de la Iglesia de la cual nos hacemos miembros"

 

"El día memorable de nuestro bautismo, que­ridos hermanos, hemos emitido (a través de nues­tros padrinos) unos votos solemnes y contraído obligaciones no menos importantes. Hemos prometido estar indisolublemente unidos a Dios y de seguir el Evangelio como regla de nuestra fe, vida y costumbres, ya que el Bautismo es profesión explícita de Cristo. Hemos prometido no sepa-ramos de la Iglesia, ya que el Bautismo nos hace miembros del Cuerpo Místico de Cristo, separados del cual no se puede vivir de Su espíritu. Hemos prometido renunciar a todo lo que contradi­ce la dignidad de ser cristiano, a todo lo que se opone a la conducta y a los ejemplos del modelo divino de los predestinados".

 

Libertad y santidad

 

"Con el bautismo hemos adquirido la libertad de los hijos de Dios, El rompió nuestras ca­denas y nosotros debemos conservar este bien inestimable sin el cual para nada sirven todos los tesoros de la tierra.

 

No olvidemos que la profesión de la fe cris­tiana nos obliga a llevar una vida santa, cristia­na e inmaculada. Para este único fin nos ha elegido el Señor, dice el Apóstol. El mismo Pablo, escribiendo a los nuevos bautizados los llama "santos", como si fuera lo mismo ser cristianos que ser santos, convertirse en cristianos y vivir en santidad. Así es: la profesión que da el nom­bre de cristiano es profesión de santidad, de la santidad que conviene al carácter divino que hemos recibido".

 

Alianza

 

El bautismo, dice San Ambrosio, es una alianza sagrada con Cristo. Una alianza en la que hay comunión en los intercambios, en las ayudas, en las leyes. Cristo Jesús, por medio del bautismo nos ha dado el derecho a recibir todos sus dones, toda su riqueza, a recibir su gracia, sus sacramentos, su sabi­duría, su misericordia; por parte nuestra le hemos consagrado nuestro corazón, nos hemos comprometido a amarle con todas nuestras fuerzas. El amarle, queridos hermanos, es el más grande de los preceptos, el más ex­celente compendio de la ley y los profetas. El tiene derecho a reinar en nuestro corazón sin competidores...".

 

"En el bautismo hemos recibido la per­manencia en la fe que, con el crecer de los años, debe convertirse en realidad actual. Ahora bien, una fe, para que sea digna de ese nombre, debe conformar los pensamientos, los afectos y las obras de los que la profe­san: como se piensa así se obra".

 

Como hemos podido constatar, por los textos anteriores, el Beato Conforti tenía una gran consideración y aprecio del bautis­mo, considerándolo como un gran don por el que recibimos el amor de Dios y vivimos en comunión con la Trinidad, nos regenera y nos da la posibilidad de ser personas nuevas si somos fieles al compromiso adquiri­do: vivir con el estilo de Jesús, identificarnos con su persona y proyecto.

 

Seguramente el que muchos pudieran re­cibir el bautismo, con los efectos que tiene para la persona, estuvo entre las moti­vaciones que impulsaron a Conforti a fundar un Instituto Misionero. n

 

P. Luis Pérez Hernández s.x.

 


Publicado por verdenaranja @ 23:22  | Misiones
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