Mi?rcoles, 10 de junio de 2009

Salutación de Don Bernardo Álvarez Aonso, obispo de Tenerife, con motivo del la celebración del Corpus Christi 2009.

Salutación ante el día del Corpus Christi

“Venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor”.

En la Fiesta del “Corpus Christi” la Iglesia nos invita a manifestar nuestra fe y amor a Cristo presente en la Eucaristía. La celebración consta de dos momentos inseparables. Primero, la Santa Misa en la que comemos el Cuerpo de Cristo, como alimento espiritual, para unirnos a Él y asípoder vivir de acuerdo con su doctrina. Luego, terminada la Misa, damos testimonio de fe y piedad ante el Santísimo Sacramento con la procesión en la que llevamos la Hostia consagrada por las calles con solemnidad y con cantos.

La procesión del Corpus es la más importante de cuantas hacemos a lo largo del año pues, como nos enseña el Papa Benedicto XVI, “llevamos a Cristo, presente en la figura del pan, por las calles de nuestra ciudad. Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida cotidiana, a su bondad. ¡Que nuestras calles sean calles de Jesús! ¡Que nuestras casas sean casas para él y con él! Que en nuestra vida de cada día penetre su presencia. Con este gesto, ponemos ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y de los ancianos, las tentaciones, los miedos, toda nuestra vida.

La procesión quiere ser una bendición grande y pública para nuestra ciudad: Cristo es, en persona, la bendición divina para el mundo. ¡Que el rayo de su bendición se extienda sobre todos nosotros!”

Esta procesión es un hermoso acto público de homenaje a Cristo presente en la eucaristía y de acción de gracias a Dios por tan inmenso don. Se trata de una procesión que transcurre por unas calles alfombradas de flores y con las casas engalanadas a lo largo de un amplio recorrido que, dejando a un lado el bullicio del tráfico y el ajetreo comercial de cada día, se convierte en un “lugar sagrado”, en honor de Jesucristo, el “Rey de reyes” y el “Señor de señores”.

Más que en la calle, parece que estamos en un “palacio real” lleno de alfombras. Pero un “palacio” que es, al mismo tiempo, “templo”, pues la belleza de las alfombras y los adornos en las casas no son sino ofrendas y oración al Santísimo Sacramento, que se unen a las oraciones y cantos de los fieles durante el recorrido procesional, porque la Hostia que se lleva en procesión es Cristo en  ersona, el “Amor de los amores”, el Pan vivo y dador de vida. Convertimos nuestras calles y plazas en un “palacio real” porque reconocemos que en la Sagrada Hostia “Dios está aquí”.

Por unas horas el centro de nuestros pueblos y ciudades es como una “gran iglesia” abarrotada de fieles que cantan: “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar y la Virgen concebida sin pecado original”, uniendo así la adoración al Cuerpo de Cristo, que es “el fruto bendito del vientre de María”, con la devoción a la Virgen María, tan arraigada y extendida en todos los rincones de nuestra Diócesis. Sí, “Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar y la Virgen concebida sin pecado original”.

El esplendor del Corpus en nuestra Diócesis es fruto de una simbiosis entre fe, tradición cultural, amor a Dios y amor a la tierra, y todo ello envuelto en una gran sensibilidad artística que es reflejo de lo mejor de nosotros mismos. Es la Fiesta del Corpus Christi. Merece la pena participar. “Venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor”.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense


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