Mi?rcoles, 10 de junio de 2009

Mensaje que dirigió cardenal Bergoglio a sus sacerdotes. (AICA)

A LOS PRESBÍTEROS DE LA ARQUIDIÓCESIS

 

Carta del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ,
a los presbíteros de la arquidiócesis de Buenos Aires
(31 de mayo de 2009 - Solemnidad de Pentecostés)

 

Queridos hermanos:


En estos días, desde la Ascención a Pentecostés, reflexioné mucho sobre la dispersión de los Apóstoles después de recibir el Espíritu Santo. En el momento de subir al Padre Jesús se lo había anunciado: “Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y descenderá sobre ustedes y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra” (Hech. 1: 8). Poco antes “los Apóstoles que había elegido” (Hech. 1: 2) le habían hecho una pregunta autorreferencial: “Señor ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” (Hech. 1: 6), y el Señor los ubica en la realidad (“los baja de un hondazo” diríamos en Buenos Aires): “No les corresponde a Ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad” (Hech. 1: 7) Este modo de ubicar en la realidad concreta es muy propio de Jesús. Recordemos como lo pone en su sitio a Pedro cuando intenta curiosear sobre la vida de Juan: “Si yo quiero que él quede hasta mi venida, qué te importa?” (Ju. 21: 22). Los Apóstoles finalmente fueron fieles y se dejaron conducir por el Espíritu Santo a todas partes, leyendo los signos de Dios en las circunstancias más diversas; basta recorrer con atención el libro de los Hechos.


Cuando, durante estos días entre la Asunción y Pentecostés se me imponía interiormente el hecho de la dispersión de los Apóstoles, me percaté que venía “cargado” por el diálogo fraternal con los Obispos del país una semana antes, en la Asamblea. Escuchando sus exposiciones, conversando sobre la realidad de sus respectivas Diócesis, caí en la cuenta, una vez más, de tantas dificultades que nosotros aquí en la Capital no conocemos. La principal: la falta de sacerdotes para atender a las comunidades. Diócesis extensas con sólo el 10 ó 15% de presbíteros que la nuestra. No es cosa rara, más bien diría es habitual, la situación de un párroco con varios pueblos a su cuidado, y no precisamente uno al lado del otro. No hay que ir muy lejos de Buenos Aires (bastan pocos kilómetros) para encontrar esta situación.


Un ejemplo: el pasado 22 de enero el Obispo de Comodoro Rivadavia nos escribía una carta mostrando esta realidad de su Diócesis (cfr. Boletín Eclesiástico, n. 504, febrero-marzo 2009, pp. 73-74). Durante la Asamblea de la Conferencia Episcopal hablé con él y quedé impresionado ante tanta pobreza de clero. Solamente menciono el caso de dos ciudades. En Comodoro Rivadavia la parroquia Cristo Trabajador atiende, además del territorio propio, tres Capillas y tres barrios de los más pobres, y sólo con un sacerdote de 83 años, enfermo desde abril de 2008; las Parroquias Santa María Goretti y San Jorge quedarán sin sacerdote a partir de julio de 2009 y las Parroquias San José Obrero y San Cayetano y el Barrio Mons. Moure están sin sacerdote desde inicio de marzo. En lo que se refiere a la ciudad de Puerto Madryn (con más de 80.000 habitantes y en continuo crecimiento por la migración de bolivianos) hay tres parroquias. La parroquia de Cristo Resucitado tiene un sólo sacerdote de 82 años; la parroquia Sagrada Familia recién en estos meses tendrá un párroco; la parroquia Sagrado Corazón está sin sacerdote. Además hay varios Barrios Nuevos y algunos asentamientos de entre los más pobres. Deberían ser una próxima parroquia. Desde allí se atiende también Puerto Pirámides.


Al compartir con ustedes esta reflexión y estos sentimientos simplemente quisiera pedirles que tomen en cuenta este “Signo de los tiempos” de nuestra Patria. El Señor nos une en un Cuerpo y –de alguna manera– nos toca también la preocupación por todas las Iglesias. Quisiera pedirles con sencillez y buen espíritu, que cada uno de Ustedes deje crecer la generosidad apostólica y, con amor de discípulo, se anime a preguntarle al Señor: ¿qué querés que haga? Es cuestión de abrir el corazón, dejarnos mirar por Jesús y pedirle la gracia de ver esa gran muchedumbre, como ovejas sin pastor (cfr. Mc. 6: 34) y compadecemos como lo hizo él... y entonces preguntarle ¿qué querés que haga? Es posible que, al hacerle la pregunta, pueda plantearse como tentación, algún punto autorreferencial. Dejen que sea el mismo Señor quien lo disipe como lo hizo con Pedro y con los Apóstoles, que sea El quien envíe a sus Ángeles como lo hizo el día de la Ascensión y les diga: “¿por qué siguen mirando al cielo?” (Hech. 1: 11) y podamos luego volver a mirar a ese pueblo “como ovejas sin pastor”.-


Les pido perdón por esta intromisión en la vida de cada uno de Ustedes, pero tengan la certeza de que lo hago desde el corazón “movido” durante esta semana pasada y con deseo de servir a la Iglesia. Desde ya les agradezco a cada uno la oración fervorosa y las mortificaciones suplicantes que ofrezcan por estas Iglesias hermanas necesitadas de clero, y también la disponibilidad con que se pondrán ante el Señor, y ojalá que algunos sientan el llamado del Señor a seguirlo hacia esos lugares.


Por favor, les pido que recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Fraternalmente,

  

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Hablan los obispos
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