Domingo, 14 de junio de 2009

Artículo publicado en el Boletín “Misioneros Javerianos” ABRIL 2009, año XLVI - nº 451, en la sección  “LA MISIÓN: GOZO Y ESPERANZA”.

 

POR LOS CAMINOS DE LA ESPERANZA

 

P. Carlos Collantes

 

"... Y en este monte destruirá la mortaja que cubre todos los pueblos, el sudario que tapa a todas las naciones. Des­truirá la muerte para siempre, secará las lágrimas de todos los rostros..." Isaías 25, 6-9. Dios parece un "soñador" es-forzado y paciente. Los profetas son quienes mejor han vislumbrado sus sueños. Pero sólo Jesús los ha realizado. Je­sús, el mejor sueño de Dios hecho realidad, sin embargo esperamos todavía el cumplimiento definitivo. Y ahí camina nuestra esperanza acunada por los sueños sosegados de Dios.

 

La misión tiene mucho que ver con la esperanza, y no es posible vivirla, entu­siasmarse y seguir luchando sin una bue­na dosis de esperanza en el corazón. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe-esperanza y de la misión de la Iglesia, y sobre ello queremos re-flexionar en éste y en los siguientes ar­tículos intentando vislumbrar y acoger signos de vida y esperanza.

 

Caminar solidario

 

Dos convicciones fundamentan nuestra esperanza, la solidaridad de Je­sús con todo lo humano, sobre todo con lo humano herido, maltratado, oprimi­do, y la fidelidad total del Padre con él, con su caminar coherente y apasiona-do. Hay además dos realidades funda-mentales desde el comienzo de la aven­tura cristiana: la Palabra y la Comuni­dad. Desde el inicio la Comunidad na­ciente, fruto de la Resurrección de Jesús y del Espíritu, nos trasmite la palabra vivida, proclamada, puesta por escrito y siempre viva. Palabra anunciada, semilla fecunda habi­tada por el Espíritu, que irá haciendo na­cer         comunidades. Ambas nos han tras­mitido la esperanza y lo siguen haciendo, y ambas nos invitan a la fidelidad y a la solida­ridad siendo la Palabra creada por el Es­píritu la que urge a las comunidades cristia­nas de todos los tiem­pos a mantenerse lú­cidas, despiertas, vi­gilantes, activas.

 

La vulnerabilidad de Dios manifestada en el crucificado pue­de engendrar y mante­ner la esperanza, por-que expresa el caminar solidario de Dios con

nosotros, solidaridad hecha carne e historia en Jesús. El Hijo nos revela a un Dios entrañable y cercano, so­bre todo con los que sufren, los hu­millados, los pobres. Jesús, presencia de un Dios "humanado", comparte nuestro destino y baja a los infiernos de lo más desconcertante y escanda-loso de nuestra condición humana. Es el Dios con nosotros, débil y vul­nerable, que nace en la periferia como tantos pobres y en la cruz lle­ga al máximo de su extraña solidari­dad. La esperanza se comprende me­jor desde la dignidad de los pobres que luchan y desde la solidaridad de quienes comparten su destino. Espe­ranza cristiana, caminar solidario y comunitario.

 

Fuego y luz

 

La óptica adecuada para captar la fuerza de la resurrección de Jesús
es la situación de tantos crucificados –personas y pueblos‑ que exigen y reclaman justicia y vida. Queriendo salvar a todos, Jesús se puso al lado de los más necesitados, oprimidos,  despreciados. Sólo desde la resurrección se ilumina la cruz. Sólo desde la cruz se espera, se entiende y acoge la resurrección, respuesta de la justicia divina. Y si Dios, por fidelidad y justicia, resucita a Jesús hay esperanza para todos los crucificados que pueden ver en él al  hermano mayor. Esperanza cristiana significa ponerse de alguna manera al lado de los crucificados, en comunión solidaria con ellos. Y la bondad-justicia del Padre manifestada en la resurrección de Jesús -el crucificado solidario- se con-vierte en buena noticia para todos los crucificados. Esta es nuestra esperanza y nuestro evangelio, aunque por mo­mentos la resignación, la pasividad, la desilusión pueden apoderarse de nues­tros sentimientos.

 

Jesucristo es fuente y fundamento de una vida nueva, totalmente espiri­tual, es decir, totalmente guiada por el Espíritu, que eso significa espiri­tual, aunque a muchos esta palabra - espiritual- les suena a evasión, a hui-da, cuando significa más bien lo con­trario, una inmersión más profunda en lo cotidiano, en la historia pero al estilo de Jesús y con la lógica de Dios, de ahí la solidaridad y la fide­lidad. Gracias a la resurrección de Je­sús la historia del mundo ha tomado una orientación nueva. "Aquel día entró el sol a buscarte con una rosa de fuego en la mano para desposarte con la luz" (León Felipe) A pesar de tanta oscuridad, nuestra humanidad ha sido desposada con la luz, en amor indisoluble, gracias a Jesús, sol que nos visita cada mañana y nos trae esa rosa apasionada de fuego: "He veni­do a traer fuego a la tierra..." (Lc 12, 49). La esperanza cristiana se apoya en una promesa y en una doble fide­lidad: el caminar solidario de Jesús y la justicia resucitadora del Padre.

 

Signos preciosos

 

De la resurrección brota el compro­miso a favor de la justicia, de la libera­ción, del Reino, y una invitación per­manente a realizar como Jesús signos de ese Reino. La fe en la resurrección de Jesús nos empuja a sumergirnos en la corriente colectiva de la esperanza que mueve y agita la historia con el estilo de Dios. Jesús realizaba signos y el Padre hizo el más grande: resucitar a Jesús. Fue algo "necesario". Los signos que Jesús realizaba eran un anticipo, los nuestros una consecuencia de nues­tra fe para expresarla y verificarla, para hacer histórica y concreta nuestra espe­ranza. Los signos hacen más visible la discreta y respetuosa presencia de Dios, y más real su voluntad: "Que venga tu Reino".

 

Por experiencia personal sé que el misionero siembra esperanza con su presencia. Pero, en los momentos difí­ciles he experimentado como son los pobres los verdaderos maestros de espe­ranza. Para mí lo han sido. Árboles erguidos desafiando las inclemencias de una historia injusta. Esperanza signifi­ca la certeza de la bondad de Dios y de que Dios nos quiere a pesar de... tanta oscuridad creada a golpes de injusticia. "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, ¿pero que es eso para tantos?" (Juan 6, 5-15) Andrés refleja la impotencia humana, la desproporción entre las necesidades y nuestros recursos, la pequeñez de nuestros gestos y aportaciones. Esperanza es hacer fructificar esa pequeñez e impo­tencia, esos dones pequeños pero pre­ciosos. Esperanza es seguir confiando en Dios y en el hermano que solidario se acerca y comparte, seguir creyendo en la solidaridad de los pobres.

 

Hay signos-compro­misos de alcance perso­nal, otros de carácter co-lectivo. Hay abundantes signos del Reino: aso­ciaciones de derechos humanos, ONGs, fo­ros sociales que com­baten y exorcizan los males de nuestro mundo. Lucha de David contra Go­liat. Miles de per­sonas comprome­tidas en diferentes frentes: soberanía alimentaría, comer­cio justo, abolición de la deuda exter­na, denuncia del comercio de armas y de las políticas armamentistas...

 

Esperanza "desarmada"

 

He aquí un signo de esperanza. Hace varios meses en el programa "Tengo una pregunta para usted" pudimos ver como un joven bien informado fue ca-paz de poner en apuros al presidente del gobierno con una pregunta oportuna e incomoda sobre el negocio de la venta de armas, desveló sobre todo las con­tradicciones e hipocresías del gobier­no de turno, e indirectamente de las políticas armamentistas de tantos go­biernos democráticos: los negocios son los negocios. ¿Y la coherencia?, ¿y la ética? ¿Acaso el compromiso en favor de la paz se realiza vendiendo armas? ¡Qué denuncia en una sola pregunta! La interpelación contenía además una dimensión de anuncio, porque una pregunta así provoca una mayor conciencia social sobre este asunto y al desnudar la opacidad de éste y otros gobiernos democráticos, invita a otros ciudadanos a sumarse a la crítica positiva, a trabajar por socie­dades más desarmadas. Que los abu­sivos gastos militares mundiales se transformen en inversiones sociales.

 

Dios es un paciente soñador, lo desconcertante es que ponga sus sueños en nuestras manos, y lo consolador que Jesús ya los ha realizado con su entrega y fidelidad. Los mejores sueños han alimentado la esperanza de la humanidad. Espe­ranza, una invitación permanente a ponerse al lado de Dios que da y ama la vida. Una esperanza ligada al futuro y a quienes quieren cambiar las condiciones de vida de los empo­brecidos. n


Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Misiones
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