Lunes, 13 de julio de 2009

Discurso que dirigió el embajador de México ante la Santa Sede, Héctor Federico Ling Altamirano, durante la ceremonia de presentación de cartas credenciales que tuvo lugar el viernes, 10 de Julio de 2009.

Su Santidad Benedicto XVI, 

Es un honor acudir ante su presencia para hacer entrega de las Cartas Credenciales que me acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de México ante la Santa Sede. Hago propicia esta solemne ocasión para hacerle llegar el saludo cordial del Presidente Felipe Calderón Hinojosa, así como el respeto, la admiración y el cariño del pueblo mexicano.  

Se trata de un momento significativo que coincide con la publicación de su Carta Encíclica "Caritas in veritate", documento de gran trascendencia que ofrece una invaluable aportación e impele a repensar el modelo de relaciones y estructuras sociales que nos conduzca a alcanzar la justicia social y la paz. Creo importante subrayar el hecho de que dicha Encíclica haya visto la luz en esta difícil encrucijada.  

La aguda crisis financiera y económica, el deterioro del medio ambiente, la proliferación de las pandemias, la agudización de la marginación y la pobreza de un creciente número de personas, sobre todo en los países en vías de desarrollo nos impone, a los gobiernos, a las comunidades y a los individuos, la necesidad de instrumentar acciones urgentes y decididas para corregir las enormes desigualdades y los desequilibrios existentes en el mundo.  

Es necesario volver a levantar las banderas casi olvidadas de la libertad y la justicia con sentido social profundo; es preciso construir prontamente compromisos ciertos y verificables entre naciones y gobiernos; es menester edificar nuevas sociedades sobre las inmutables bases de las virtudes cívicas; y, en especial, es imprescindible renovar la voluntad constante y permanente de realizar el bien común.  

La joven relación entre México y la Santa Sede está afianzada en estos objetivos; se ha mostrado abierta a explorar caminos nuevos y a estudiar en los territorios de los foros y las organizaciones internacionales los mecanismos para hacer socialmente exigibles las normas de convivencia pacífica y el respeto de los derechos y de la dignidad de la persona humana. 

El mutuo apoyo en las causas fundadas en valores universales, ha ido dejando en claro que no somos ajenos al proceso civilizatorio de la humanidad.     

México considera que la era de la globalización es también la era de la responsabilidad compartida y de la suma de esfuerzos en todos los ámbitos.  

Por ello, adquieren relieve las amplias convergencias entre México y la Santa Sede para la construcción de la paz mundial y en la defensa de los derechos humanos, particularmente los de los grupos más vulnerables de la sociedad como son los pueblos indígenas, los niños, los ancianos y las personas con discapacidad y entre estos, en especial, los prójimos con rostro de migrantes.    

El Gobierno de México, en su lucha cotidiana por hacer valer los derechos humanos de los migrantes y de sus familias, tiene en alta estima los pronunciamientos de Su Santidad en favor de las personas que buscan mejores condiciones de vida allende las fronteras y en contra de la construcción de muros que lo impiden.  

Los mexicanos asumimos que éstos mismos principios por los que luchamos en el mundo, deben corresponder con las acciones en el ámbito nacional. El Gobierno de México trabaja para garantizar una vida digna a la población y para lograr el desarrollo sustentable del país, en un clima de plena vigencia del Estado de Derecho.  

En este mismo espíritu de solidaridad compartida, nos alienta el reconocimiento de Su Santidad por el compromiso del gobierno del Presidente Felipe Calderón de luchar sin cuartel contra el flagelo de las drogas y el narcotráfico.  

En la tarea cotidiana para afrontar los enormes retos que tiene ante sí la sociedad mexicana, las acciones de la Iglesia católica han sido constructivas y solidarias, y tiene mucho que aportar desde su propio ámbito. 

Las leyes que nos hemos dado los mexicanos constituyen los pilares para trabajar con las Iglesias de manera conjunta en favor del bien común. Por convicción y tradición, México encuentra en el estado laico la mejor manera de garantizar a las religiones y al conjunto de la sociedad el ejercicio pleno de sus derechos.  

Su Santidad, 

Desde su establecimiento en 1992, los vínculos diplomáticos entre México y la Santa Sede se han fortalecido a través del diálogo y la colaboración recíproca, y hemos logrado consolidar una relación amistosa, armónica y ordenada.  

La visita del Presidente Calderón Hinojosa a la Santa Sede en junio de 2007, la visita oficial a México de Mons. Dominique Mamberti, Secretario para las Relaciones con los Estados, en el marco de la conmemoración del XV aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre México y la Santa Sede en octubre de 2007, y la presencia en México del Secretario de Estado, S.E.R. el cardenal Tarcisio Bertone, como Legado Pontificio, para asistir al VI Encuentro Mundial de las Familias en enero pasado, constituyen la expresión de nuestras voluntades para continuar por este camino de cooperación y de respeto recíproco.                  

La elevada misión de representar a todos los mexicanos ante la Santa Sede se inspira en el deseo de impulsar aún más las buenas relaciones de amistad, con la convicción de que, como nunca antes, la verdadera solidaridad entre pueblos y naciones no puede ser virtud de algunos sino obligación de todos.  

Al formular los más altos votos por su bienestar le reitero que su Santidad es y será  siempre bienvenido en México. 


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