Mi?rcoles, 22 de julio de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicespostulador de su Causa de Canonización. 

MANUEL APARICI Y LOS MÁRTIRES DE ACCIÓN CATÓLICA
EN 1940 LA JUVENTUD PEREGRINA AL PILAR
PARA LLEVAR A MARÍA EN SUS MANOS LA OFRENDA DE SANGRE DE SUS MÁRTIRES 

«¡Tantas veces lo he dicho! La Juventud se acuerda poco de lo que
han hecho y dicho sus mayores. Se ha insistido mucho sobre lo
mismo [...]. Parece que los jóvenes son algo desmemoriados»
(Manuel Aparici BOLETÍN DE DIRIGENTES
de fecha julio-agosto de 1946).

 

 «[...] Y allí le dice [...] al Nuncio de Su Santidad: mira [...] aquí tienes la hostia de la juventud de España. Eran granitos de trigo de los trigales de Castilla y de Navarra, y de Galicia y de Andalucía, y de Aragón y de Levante y de las Islas; eran granitos de trigo de todos los trigales y de pronto, la voluntad de España por que todos sus hijos se pusiesen en trance de muerte para vencer a la muerte, reinstaurando la Verdad en nuestra Patria. Y los granos de trigo se entregaron a la rueda dentada de las trincheras, de la “Cheka”, de la persecución, y aquel trigo de España se convirtió en blanca harina y esa harina se amasó con las lágrimas de las madres, de las esposas y de los huérfanos y fue cociéndose en un fuego santo de amor a Cristo y de amor a España. Es la hostia blanca y pura. Y la ponemos en vuestras manos de sacerdote para que la hagáis santa y la ofrezcáis al Padre por la redención de los jóvenes de toda la tierra» [1]. 

         A continuación, como Presidente Nacional, ofrendó, en nombre de todos, la sangre de los mártires y los propósitos de todos los peregrinos (unos 20.000). 

         Días después anota en su Diario [2]: «Claramente me pides que me haga llaga y dolor. Presentarte ¡tanta sangre derramada por mis hermanos y que no vaya en la ofrenda ni una gota de sangre mía! Y este fue el propósito que yo ofrendé: Unir nuestra sangre, en forma de sudor, de sacrificios, de penitencias, de trabajo, a la de nuestros hermanos, para lavar con ella a la juventud española». 

         «“Con paso alegre de romería, y en el camino hispano-romano de Zaragoza, nuestra juventud recobra el ánimo magnífico de combate de las horas de la anteguerra, su pulso ardiente de atletas de los viejos tiempos, un momento derribados en sangre [...]. Es ya imperiosa la voz de los muertos; ya no se puede aplazar la señal de partida de un Movimiento religioso que riegue con la sangre de los mártires los campos sedientos de Dios. El camino de Cristo es largo y vemos ya en el horizonte incierto la línea obscura de la madrugada”» [3]. 

 


 

[1]  C.P. pp. 1628-1629.

[2]  26 de septiembre de 1940.

[3]  Rvdo. D. José Manuel de Córdoba (SIGNO de fecha 5 de enero de 1965).


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Espiritualidad
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