Jueves, 23 de julio de 2009

Homilía de monseñor Juan Carlos Romanín SDB, obispo de Río Gallegos, con motivo de la llegada de la urna con las reliquias de Don Orione a la diócesis. (AICA)
(21 de julio de 2009) 

Queridos hermanos todos:

Hoy es un día de fiesta para todos nosotros. Dios  nos bendice al recibir en nuestra iglesia catedral la urna con las reliquias del patrono de nuestra Diócesis y de nuestra Provincia de Santa Cruz, San Juan Bosco.

Están caminando por todo el mundo, visitando distintos lugares. Hoy lo tenemos como huésped y peregrino. Lo recibimos con un corazón agradecido y emocionado.

Él soñó con nosotros, con una Patagonia llena de vida, progreso y desarrollo, con una naturaleza rica y maravillosa, con colegios y casas (salesianas) destinadas a servir y educar a los jóvenes. Es por eso  que quiero compartir con ustedes algunos párrafos del relato del sueño que el mismo Don Bosco tuvo en la pequeña población de San Benigno Canavesse, cercana a Turín, la noche anterior al 30 de agosto de 1883. (MB XVI, 324-332)

En ese sueño Don Bosco narra con precisión paralelos y meridianos, ubicando “la misión principal donde los salesianos misioneros salieron hacia las Islas Malvinas, Tierra del Fuego y otras islas de aquellas regiones de América.”

Don Bosco se siente subido a un tren que corre a gran velocidad. “Ví innumerables minas de metales preciosos, galerías interminables de carbón mineral, depósitos de petróleo tan abundantes como hasta ahora no se han encontrado en otros lugares...

“Más adelante, continúa el relato, llegamos al Estrecho de Magallanes. Yo miraba. Bajamos. Ante mí, veía Punta Arenas. El suelo, por espacio de varios kilómetros, estaba todo recubierto de yacimientos de carbón, de tablas, de travesaños de madera, de inmensos montones de metal, parte en bruto, parte trabajado. Largas filas de vagones ocupaban las vías del tren... Quien me acompañaba me dijo: -Lo que ahora es sólo proyecto, un día será una realidad.”

“Bajé del tren, continúa más adelante Don Bosco, y me encontré inmediatamente con los Salesianos. Había allí muchas casas y un gran número de habitantes; varias iglesias, escuelas, colegios para los jóvenes artesanos y agricultores... Yo me mezclé con ellos. Eran muchos... Todos me contemplaban maravillados, como si fuese una persona desconocida y yo les decía:

¿No me conocen? ¿No conocen a Don Bosco?

¡Oh, Don Bosco! Nosotros le conocemos de fama, pero le hemos visto solamente en las fotografías. ¡En persona no le conocemos!

“El tren avanzaba velozmente y me pareció que recorría las Provincias hoy ya civilizadas de la República Argentina. (...) A cierto punto la máquina del tren se detuvo y ante mi vista apareció un gran espectáculo. Una turba inmensa de aborígenes se había concentrado en un espacio despejado del lugar. (...) El jovencito Colle, que me hacía de guía, repetía: - ¡He aquí la mies de los Salesianos! ¡He aquí la mies de los Salesianos!” “Con la dulzura de San Francisco de Sales, los Salesianos atraerán hacia Cristo los pueblos de América...”

El sueño había durado toda la noche. Es largo. Sería bueno poder leerlo completo, ya que tiene un contenido increíble. Es una visión profética, narrada en lenguaje de sueño, de un hombre que físicamente nunca estuvo en estas tierras.

¿Qué nos dicen hoy la vida, las palabras, los sueños, el trabajo, sus reliquias, el testimonio de Don Bosco? Estoy convencido de que en ese sueño Don Bosco nos vió también a cada uno de nosotros. No es casual este recorrido histórico de sus reliquias por nuestra Patagonia. Dios nos quiere decir algo.

Esta visita es para nosotros una nueva oportunidad para renovar ante Dios nuestros deseos de querer ser “atentos custodios de la naturaleza que Él nos dio en guarda y producción” y de renovar nuestra preferencia y opción por la educación integral de nuestros jóvenes.

En primer lugar, Don Bosco vió estas tierras patagónicas con: “innumerables minas de metales preciosos, galerías interminables de carbón mineral, depósitos de petróleo tan abundantes como hasta ahora no se han encontrado en otros lugares...” Nosotros, “como discípulos de Jesús nos sentimos invitados a dar gracias por el don de la creación... herencia gratuita que recibimos para proteger, como espacio precioso de la convivencia humana y como responsabilidad cuidadosa del señorío del hombre para el bien de todos.

“Esta herencia muchas veces se manifiesta frágil e indefensa ante los poderes económicos y tecnológicos. Por eso, como profetas de la vida, queremos insistir que en las intervenciones humanas en los recursos naturales no predominen los intereses que arrasan irracionalmente las fuentes de la vida. Las generaciones que nos sucedan tienen derecho a recibir un mundo habitable, y no un planeta con aire contaminado, con aguas envenenadas y con recursos naturales agotados.

La Iglesia agradece a todos los que se ocupan de la defensa de la vida y del ambiente.” (AP 471-472)

En segundo lugar, Don Bosco nos dice en su sueño: “me encontré inmediatamente con los Salesianos. Había allí ... varias iglesias, escuelas, colegios para los jóvenes artesanos y agricultores... Yo me mezclé con ellos.” Aquí descubrimos su carisma de santo educador. Dios le dio un corazón de padre y maestro capaz de una entrega total. Le encomendó con preferencia a los jóvenes más pobres y abandonados.

Don Bosco vivió en medio de ellos compartiendo sus angustias y esperanzas. De su incansable actividad nacieron innumerables obras: oratorios, pensionados, escuelas de diverso tipo, talleres y publicaciones de libros. Todo impregnado de espíritu evangélico.

Los ayudó con la razón, la religión y el amor, a convertirse en “honrados ciudadanos y buenos cristianos”. Pensó en toda la persona del joven, en su cuerpo y en su alma; en el tiempo y en la eternidad: su “sistema preventivo” es un proyecto educativo integral, una espiritualidad, un camino de santidad. Es un amor que se regala, inspirándose en la caridad de Dios Padre.

Como Iglesia diocesana hemos elegido ser “una iglesia joven que quiere evangelizar prioritariamente a los jóvenes”. “Creemos en una eclesiología de comunión y participación que reconoce a los jóvenes como responsables y protagonistas del proceso de su propia evangelización y quiere que asuman un real protagonismo dentro de la Iglesia.”

Ante las reliquias de Don Bosco renovamos nuestro compromiso de “utilizar caminos y estrategias de prevención, como un modo de vivir y trabajar, para comunicarles el Evangelio y salvar a los jóvenes, con ellos y por medio de ellos. Nuestra presencia de Iglesia debe tener una actitud educativa que nazca de la simpatía y de la voluntad de estar permanentemente en medio de los jóvenes, a ejemplo de Jesús Buen Pastor, “con la dulzura de San Francisco de Sales”, como nos dice hoy Don Bosco en su sueño.

Queridos hermanos: hoy Don Bosco está con nosotros. No podemos decir como los personajes del sueño “nosotros le conocemos de fama, pero le hemos visto solamente en las fotografías. ¡En persona no le conocemos!” En este día tenemos entre nosotros algo más que una fotografía. Tenemos parte de sus reliquias: el testimonio cierto de un cuerpo gastado por amor a los jóvenes. Él había dicho: “He prometido a Dios que hasta mi último respiro sería para mis pobres jóvenes”. Aquí está la prueba. Aquí está el mismo Don Bosco que hoy en su peregrinar, nos vino a visitar.

¡Qué bueno es Dios, que nos permite vivir estos momentos históricos! ¡Gracias, Señor, por habernos dado a Don Bosco como padre y maestro de nuestras chicas y muchachos! ¡Gracias por tenerlo como patrono, protector y modelo de nuestras vidas! ¡Gracias por darnos una nueva oportunidad de decirte, delante de sus reliquias, que queremos seguir sus pasos, hacer realidad sus sueños, vivir con su mirada de fe y esperanza en nuestra querida Patagonia!

¡Gracias por tanto legado! Por sus hondas convicciones hechas de vida y de palabras, de opciones y acciones, de máximas que atesoramos con entrañable sentido como:  “la educación es cosa del corazón”, “sólo la familiaridad engendra afecto y el afecto confianza”, sean :“honrados ciudadanos y buenos cristianos”, “no con golpes, con ternura”! 

 María Auxiliadora, la Virgen de Don Bosco, nos acompañe en este camino hacia nuestro jubileo diocesano, nos anime con su presencia, nos cubra con su manto y nos acaricie con su ternura de madre.

Que así sea.

Mons. Juan Carlos Romanín SDB, obispo de Río Gallegos


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Habla el Papa
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