Jueves, 23 de julio de 2009

Recuerdan a “una joven de corazón universal y misionero” 

Buenos Aires, 22 Jul. 09 (AICA

 
La hermana Mariel Robledo HJ, secretaria nacional de Propagación de la Fe, una de las Obras Misionales Pontificias, recordó que hoy, 22 de julio, se cumplen 210 años del nacimiento en Lyon, Francia, de Paulina Jaricot, “una joven de corazón universal y misionero” fundadora de la Obra de la Propagación de la Fe el 3 de mayo de 1822, cuando tenía apenas 20 años de edad.

     La joven Paulina movida por el Espíritu de Dios, abandonó una vida de lujo y de superficialidad, y comenzó a visitar a los pobres, vistiendo como ellos y buscando nuevos medios para ofrecerles una limosna sin que se sintieran humillados  –decía-  "son ellos los que nos hacen el honor de aceptar nuestro dinero".

     “El amor del divino Jesús -decía Paulina-,  habiendo tomado misericordiosamente posesión de mi corazón, me hizo buscar en la visita a los pobres en su lecho de dolor, en el hospital, en los reductos de la miseria, la ocasión de prestarle algunos servicios”.

     La Obra de la Propagación de la Fe nace de la creatividad del amor. Paulina descubre que con “un céntimo a la semana” era posible apoyar la misión. Organiza un proyecto de ayuda a las misiones que inicia con el aporte de un céntimo por semana de solamente 10 personas. Luego esas primeras 10 invitarían a otras 10 a hacer lo mismo y así sucesivamente.

     Hoy nosotros  -dice la Hermana Robledo- nos preguntamos: ¿cómo hizo para comprometer a otras personas? Hay tres “actitudes” concretas que Paulina vivió y que animó a vivir a otros: entusiasmo, sacrificio, ayuda concreta. Estas tres actitudes eran la clave para animar a un serio compromiso con las misiones.

     Además, y como pilar de sus iniciativas, existía en su corazón una clara opción por los más pobres de la tierra.

     “La compasión que sentía por los pobres y por la miseria de los que no conocían a Dios impulsó a Paulina a organizar una colecta para la actividad misionera de la Iglesia, pidiendo a cada uno un sacrificio que contribuyera a unirnos a Dios y que es, como decía san Ireneo, el signo auténtico de la comunión con el prójimo”.

     Pero muy pronto se dio cuenta de que era fundamental sostener todo lo que se hiciera a favor de las misiones con la oración, el encuentro personal con Jesús, el Misionero del Padre. Propuso entonces a quienes se comprometían a ayudar a las misiones la creación de una “cadena de corazones unidos por la oración” y lo llamó “Rosario Viviente”. El plan era tan sencillo como el primero de “un céntimo”, ahora se trataba de comprometer a 15 personas que pudieran rezar.

     “Por su fe, su confianza, su fuerza de espíritu, su dulzura y la aceptación serena de todas sus cruces, Paulina Jaricot demostró ser una verdadera discípula de Cristo”, dijo en una ocasión Juan Pablo II.

     Pero, ¿dónde encontraba tanta fuerza para la misión? Su vida diaria estaba iluminada por la Eucaristía y la adoración al Santísimo Sacramento. Muchas veces repetía: “Quiero ser una eucaristía viviente”.

     Mirando su vida sencilla y entregada, puede decirse que hoy Paulina Jaricot invita a los cristianos a un profundo amor a la Eucaristía, a un gran aprecio por la oración y a un compromiso real con la misión.

     Citando a Juan Pablo II, la hermana Robledo dice que el testimonio de Paulina nos recuerda que la misión es un problema de fe, que es el índice exacto de nuestra fe en Cristo y en su amor por nosotros”.+


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