Viernes, 24 de julio de 2009

Lo que sigue es la homilía del arzobispo electo Robert J. Carlson, dicha durante su Misa de toma de posesión, el 10 de Junio de 2009, como el noveno Arzobispo de Saint Louis, en la Catedral Basílica de San Luis.


 "Hoy la Iglesia de San Luis se reúne en la Eucaristía en esta histórica catedral y rezamos y cantamos:" Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra".

Saludo a todos ustedes con gran afecto en el Señor, y les doy las gracias por la cálida bienvenida que me habéis dado a mí, a mi familia y a los invitados y los amigos especiales que se unen a mí de la Arquidiócesis de San Pablo y Minneapolis, de la Diócesis de Sioux Falls y de la diócesis de Saginaw. 

Me siento muy bendecido por su Santidad el Papa Benedicto XVI para ser vuestro nuevo arzobispo y doy gracias por todas las bendiciones del pasado y ruego que esté abierto, con el apoyo de vuestras oraciones, a los suaves impulsos del Espíritu Santo en la futuro.

De una manera especial quiero reconocer y honrar a su Eminencia el Cardenal Justin Rigali, el séptimo arzobispo de San Luis y ahora el arzobispo de Filadelfia, que está presente hoy aquí para darme posesión; y al Arzobispo Raymond Burke, el octavo arzobispo y en la actualidad el prefecto de la Signatura Apostólica en Roma, que tuvo la amabilidad de unirse a nosotros para esta ceremonia. ¡Arzobispos, bienvenidos a casa!

También quisiera reconocer y agradecer a Monseñor Alexander Cifuentes Castaño primer secretario de la Nunciatura Apostólica, en representación del Arzobispo Pietro Sambi, el nuncio apostólico a los Estados Unidos.

Para esta Misa de toma de posesión he escogido una Misa Votiva del Espíritu Santo para que podamos dar gracias por las bendiciones de todos aquellos que estuvieron antes de nosotros anunciando la Buena Noticia y enriqueciendo el Cuerpo de Cristo, y al mismo tiempo, mirando hacia los retos del futuro, de modo que podamos escuchar en la oración los suaves impulsos del Espíritu Santo en nuestros días.

En la segunda lectura, "San Pablo nos recuerda que la unidad espiritual - la unidad que reconcilia y enriquece la diversidad - tiene su origen y modelo supremo en la vida del Dios Trino. Como una comunión de amor puro y de libertad infinita, la Santísima Trinidad constantemente crea nueva vida en la labor de creación y redención. "(Papa Benedicto XVI, Misa en la Catedral de San Patricio, 2008)

Recordamos las palabras de San Cipriano y pedimos a Dios la gracia para lograrlo - "La Iglesia entera se ha visto como un pueblo hecho uno en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". A lo largo del camino podríamos tener nuestras diferencias, pero somos el Cuerpo de Cristo.

Al mismo tiempo, como una Iglesia local dinámica celebramos la diversidad de dones y gracias presentes en nuestros sacerdotes y diáconos, religiosas y laicos y vemos esos dones, tan importantes como nuestra unidad fundamental, porque todos tienen el mismo origen y fin divino. En palabras de Papa Juan Pablo II: "La unidad de la Iglesia no es uniformidad, sino una mezcla orgánica de las legítimas diversidades." (Novo millennio ineunte, 46)

Hemos escuchado esto afirmado por San Pablo en la segunda lectura de hoy: "Hay diferentes tipos de dones espirituales, pero el mismo Espíritu; hay diferentes formas de servicio, pero el mismo Señor” hay diferentes trabajos, pero el mismo Dios, que produce todo ello en todos". (1 Corintios 12:4-7)

Qué bendecidos somos en la Arquidiócesis de San Luis con tantos regalos: entre ellos un fuerte sistema escolar católico, religiosos de vida contemplativa y activa, dinámico servicio a los pobres, excelente atención sanitaria católica, la presencia de un seminario diocesano y un compromiso a la evangelización.

La Arquidiócesis de San Luis que a veces se denomina la "Roma de Occidente", debido al gran número de comunidades religiosas que se encuentran aquí. Con vuestros votos de pobreza, castidad y obediencia nos enseñáis a todos cómo vivir según la mente de Cristo, cómo nos enriquecemos por vuestro testimonio y yo aprecio vuestra presencia.

Estoy deseoso de descubrir cómo el Espíritu Santo está trabajando a través de cada uno de ustedes y yo pido: "Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor".

El mismo Espíritu, que nos enriquece con una variedad de dones, y conduce esos dones a la unidad de un solo cuerpo, también da a cada uno de nosotros una participación en la vida y misión de Jesucristo. En palabras de Papa Juan Pablo II: "Con la efusión del Espíritu Santo en el Bautismo y la Confirmación, los bautizados participan la misma misión de Jesús como el Cristo". (Christifideles laici, 13)

Porque el Espíritu Santo se derrama sobre nosotros, llegamos a participar cada vez más profundamente en la vida y misión de Cristo - y Su gloria se convierte en nuestra gloria.

¡Pero la gloria de Cristo es la cruz!

Por lo tanto, si queremos participar en la gloria de Cristo, tenemos que hacer lo que Él nos dice en el Evangelio de hoy: Tomar nuestra cruz y seguirlo. Les puedo decir desde mi experiencia - y ustedes lo saben de la vuestra propia - ¡no es tarea fácil!

Sin embargo, podemos fortalecer y alentar a los demás si lo hacemos juntos. En nuestras palabras y los hechos, día a día, vamos a mantenernos unidos y decir al mundo: somos seguidores de Jesucristo.

Al prepararme para ser el pastor de esta Iglesia local, pido vuestras oraciones para que yo pueda ser un buen pastor - un padre espiritual que ve como su primer deber crecer en santidad de vida y al gustar  el amor del Padre en mí me atreva a proclamar el Evangelio de Cristo Jesús con alegría y esperanza. Que nuca tenga miedo de cuestionar la cultura secular, que está aumentando cada vez más la indiferencia hacia las enseñanzas de Jesucristo, sobre todo en temas de la vida.

¡Nunca comprometeremos nuestro compromiso con la vida!

Como dijo el Papa Benedicto XVI durante su visita pastoral a los Estados Unidos, “Porque la vida verdadera ---  nuestra salvación --- sólo puede encontrarse en la reconciliación, la libertad y el amor que son dones gratuitos de Dios. Este es el mensaje de esperanza que estamos llamados a proclamar y encarnar en un mundo donde el egocentrismo, avidez, violencia y cinismo tan a menudo parecen ahogar el crecimiento frágil de la gracia en los corazones de la gente".

Mi compromiso con mis hermanos sacerdotes:

Tengo un profundo amor por el sacerdocio y un profundo amor por los sacerdotes. Hermanos, ustedes serán mis más cercanos colaboradores en el ministerio. Les prometo que voy a rezar por ustedes, ayudarles, escucharles, estar abierto a vuestras opiniones diferentes y a crecer en amistad con ustedes. Me comprometo a promover nuevas y dignas vocaciones y esperamos colaborar con ustedes en esta importante labor.

Nunca ordenaré a un hombre como sacerdote que no conozca.

Una de las bendiciones especiales  que he conocido como sacerdote y obispo es ser parte de la vida de nuestras comunidades parroquiales. Estoy deseoso de llegar a conocer el gran pueblo de esta archidiócesis y descubrir maneras de poder ayudarles en el camino. He tenido el privilegio en mis más de 39 años como sacerdote y 25 años como obispo de ser parte de las familias en momentos de gran alegría y de gran tristeza. Estoy dispuesto a servirles a ustedes y responder a vuestras necesidades.

Estoy deseoso de trabajar con vuestros amigos y vecinos en la comunidad civil y de caminar con los miembros de la comunidad ecuménica, a fin de responder a las necesidades de nuestros días.

Que vuestro apoyo en la oración y mi esperanza en Jesucristo llene mi corazón con la compasión, permitiéndome acercarme a todos los que sufren y me permita vendar las heridas de los pobres y construir puentes con el alienado al servir a Cristo como su discípulo y un amigo para todos.

No olvidemos nunca que, "En la Iglesia hay diversidad de ministerios, pero sólo hay un objetivo - la santificación de todos." (Beato Escrivá de Balaguer)

(Tradcción particular no oficial)

Texto original


Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Hablan los obispos
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