Domingo, 26 de julio de 2009

Comentario al Evangelio del domingo décimo séptimo del Tiempo Ordinario publicado en Diario de Avisos el domingo 25 de Julio de 2009 bajo el epígrafe DOMINGO CRISTIANO

El “NO-DO” de la Misa

DANIEL PADILLA

 El evangelio de este domingo es una descripción, detallada y casi espectacular. Pero conviene advertir desde el principio que Jesús, ni en éste, ni en ninguno de sus "signos", pretendió dar espectáculo. Lean la última línea del texto de hoy: "Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo". Ni Jesús hacía tampoco sus mila­gros así, sin más: "¿Necesidad a la vista? ¡milagro al canto!", no. Lo que Jesús pre­tendía, por encima de todo, es transmitir su mensaje, su "buena noticia", ser siem­pre "la Palabra" del Padre. Y dentro de ese clima en el cual se dedicaba a alimen­tar al pueblo con "el pan de su palabra" quiso servirse en esta ocasión de ese "signo" de la multiplicación de los panes. Para que todos comprendiéramos de una vez que Dios debe ser nuestro verdadero alimento. Eso se desprende del lugar paralelo de Marcos donde, antes de des­cribirnos el milagro, el evangelista nos dice claramente: "Jesús se puso a ense­ñarles con calma". Lo mismo vemos en Juan que, a continuación de narrarnos la "multiplicación", nos cuenta el largo tema que Jesús expuso sobre el "pan de la vida". Permítanme, amigos, que ésas sean las dos ideas que subrayemos hoy.

1. La palabra de Dios, en sí misma, como alimento del hombre. ¡Cómo se ha esmerado la Iglesia de los últimos tiem­pos en potenciar la liturgia de la palabra! ¡Cómo nos gustaría que todos los que par­ticipan en las lecturas -leyendo o escu­chando- lo hicieran de tal forma, con tal expresividad y unción, que, de verdad, todos nos sintiéramos interpelados, ali­mentados y en actitud de transforma­ción! ¡Qué hermoso si nuestros salmos interleccionales fueran, cada vez más, respuesta sincronizada con la Palabra proclamada! ¡Qué gran acierto si el sacer­dote, al predicar su homilia, se esmerara al máximo en hacer asimilable y degluti­ble el mensaje encerrado en las páginas sagradas, no en un tono abstracto de cáte­dra sino en un lenguaje de "sencilleces" que ayuden a la "praxis" del vivir! Uno recuerda con pena épocas pasadas, en las que "llegar tarde a misa", despreocupán­dose de las lecturas, era el pan nuestro de cada día. Botarates recalcitrantes había que se salían al atrio durante el sermón a "echar un cigarro" diciendo que "aún no había empezado la misa", que "todavía estaba en el No-Do". Queridos amigos, convencerse de que la liturgia de la pala­bra en sí misma es alimentarse de Dios es una gran conquista posconciliar. 

2. La Liturgia de la Palabra es la mejor preparación para recibir a Cristo-Pan de Vida. Quizá hemos caído en la rutina de comulgar sin profundizar en lo que hace­mos. Baja el sacerdote a repartir el cuerpo de Cristo, y nos vamos poniendo en la fila, casi en un gesto automático, como un rito más, mientras cantamos más o menos acertados. Y recibimos al Señor también así: sin más. Pues no, amigos. Toda la palabra escuchada e interiorizada, todo el mensaje recibido en las lecturas yen la predicación han de llevarnos al camino comprometido del vivir.


Publicado por verdenaranja @ 9:46  | Espiritualidad
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por leopldocruzr
Domingo, 26 de julio de 2009 | 17:31
La carta pastoral publicada por la conferencia episcopal CBCP como lector opino que los pol?ticos siempre han estado asesorados por fuerzas extra?as ajenas a la realidad del mandato de nuestro Dios padre por tal motivo es que habido desequilibrio.
Publicado por leopldocruzr
Domingo, 26 de julio de 2009 | 17:32
La iglesia como poseedora de la verdad es quien debe de dirigir y orientar a los laicos para obtener un triunfo humanitario y moral en nuestros pueblos. Los dirigentes de nuestra iglesia son los que deben de actuar sin esta concientizaci?n es imposible.
Publicado por leopldocruzr
Domingo, 26 de julio de 2009 | 17:33
En Colombia hay un gran empresario (Ardila Lule) que ha ido de la mano de la iglesia, cuanto quisi?ramos los cat?licos que de esta forma surgiera un dirigente para nuestra naci?n con un pleno conocimiento que la verdadera direcci?n est? en la iglesia