Martes, 28 de julio de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicespostulador de su Causa de Canonización. 

MANUEL APARICI Y LOS MÁRTIRES DE ACCIÓN CATÓLICA
PROMETIMOS
RECOGER SU SANGRE Y HACERLA FECUNDA

  

         «No se olvide que [...] España y Cristo necesitan que [...] no se malogre
el inmenso caudal de generosidad [...] que a costa de tanta sangre y
tanto mártir está atesorando la Juventud de España ... ».
(Manuel Aparici. SIGNO de fecha  ¿1936?).

  

         El 2 de junio de 1951, SIGNO publica un artículo de Manuel Aparici, Consiliario Nacional, bajo el título «Que lo sepan todos». 

         «Si vivo, no cejaré en este empeño después de la guerra. Si muero, encargo a todos los jóvenes de Acción Católica que recojan mi sangre y la hagan fecunda. Que lo sepan todos ... Y 7.000 de nuestros muchachos fueron escogidos por Dios para sellar este compromiso de cruzados con su propia vida, entregada a la muerte en la trinchera o en la checa para que España fuera de Cristo. Y después, cerca de otros 7.000, en el transcurso de estos doce años, la han entregado al Sacerdocio de Cristo para que no quedara infecunda la sangre que se derramó en España. 

         Nuestra ejecutoria 

         »Esta es la limpísima ejecutoria de amor a la España de Cristo de los Jóvenes de la Acción Católica Española. “Nadie ama más que quien da la vida por el amado”, dijo la Verdad. Y 7.000 durante la guerra la entregaron a la muerte física para que viviera la fe de Cristo en nuestra Patria y otros 7.000 en la posguerra a la muerte mística del sacerdocio católico para que esa misma fe desaloje la muerte del pecado [...].

         »Sólo estos dos hechos aducimos, porque ambos, muerte física, de mártir, o mística, de sacerdote, son invariables, como la verdad que informa la vida de la Juventud de Acción Católica.

         »Y es menester recordar esta limpísima ejecutoria de caridad heroica para con Dios y con la Patria [...]. 

         Serenidad 

         »No se turben e inquieten los Jóvenes de Acción Católica. Nuestra fuerza no viene de los hombres, sino de Dios [...].

         «No es el juicio de los hombres, sino el de Dios y el de sus legítimos representantes, el que debe preocuparnos. Y a Dios, al Papa y a nuestros Obispos les hemos prometido hace ya largos años cooperar con la divina gracia a hacer de nuestra amada Patria la Vanguardia de aquella Cristiandad [...]. Y sírvanos los acontecimientos de estos días, sus comentarios y sus causas, que no son precisamente índice del pronto advenimiento de la Cristiandad, de acicate para proseguir, con la gracia de Dios, en el empeño apostólico de restaurar en Cristo todas las cosas de nuestra amada Patria [...]».

         A los dos meses de finalizada la guerra, el día 31 de mayo, el Siervo de Dios se reúne en Madrid con jóvenes de los Centros de Apostolado de Vanguardia, muchos de los cuales habían nacido a la vida del apostolado en los campos de batallas. Asistieron también varios capellanes. Tuvo frases llenas de emoción y de recuerdo a los mártires «cuyo sacrificio –dice– no podemos desperdiciar. Tenemos una gran responsabilidad frente a ellos, y la vida que con su muerte hicieron posible debemos dedicarla a la idea por que ellos la entregaron, si no queremos ser traidores a su santa memoria» [1]. 

         Dos años después, septiembre de 1941, al despedirse como Presidente Nacional, desde La Coruña, en los Jóvenes de Acción Católica de toda Galicia, se despide de todos los Jóvenes de Acción Católica de España y les recuerda –entre otras muchas cosas– el legado de la sangre de los mártires. 

         «Y entonces, y sólo entonces –les dice–, cuando viváis a Cristo y cuando honréis a María y tengáis como valedores a Santiago y a San Juan, podréis decir con sinceridad que aceptáis el legado de sangre de nuestros mártires y camináis sobre sus huellas ofreciendo trabajos y penalidades y hasta la misma vida por Dios y por España para lograr lo que ellos se propusieron, porque entonces sentiréis que esa sangre de nuestros mártires es vuestra ayuda y vuestro apoyo. Ellos son intercesión ante el Trono de Dios. Continuamente claman al Señor para que nos urja a nuestro apostolado, a fin de que pronto, muy pronto, sea un hecho esa Vanguardia de Cristiandad, que con su gracia queremos hacer de nuestra España, para que España y todo lo hispánico hecho una sola cosa en la caridad de Dios con Jesucristo, se lancen a ganarles almas en todos los horizontes y se alegre que todos los hombres formen un sólo rebaño con un sólo pastor» [2].

[1]  SIGNO núm. 56 de 1939.

[2]  SIGNO de fecha 27 de septiembre de 1941.


Publicado por verdenaranja @ 23:39  | Espiritualidad
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