Jueves, 13 de agosto de 2009

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, 0. h., publicado en EL DÍA  el miércoles 12 de Agosto de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H”.*

Reflexión veraniega: la salud

A TODOS los seres humanos de buena voluntad -y más si se confiesan cristianos- lo primero que debe alentarnos, frente al enigma del sufrimiento, es la actitud sanitaria de Cristo a lo largo de su vida pública. Pretender arrancar del Evangelio las páginas que recogen las curaciones individuales y colectivas sería reducir sustancialmente el libro de la Buena Noticia.

Jesús se conmueve en presencia del dolor en la carne de seres humanos. Su corazón se compadece ante los sordos, cojos, mudos, paralíticos que se cruzan en su camino. Y pone en funcionamiento su poder curativo al servicio de los enfermos, para restituirles el oído, el movimiento, la vista, el habla, la salud y el bienestar. Realmente, Cristo pasó por la tierra haciendo el bien físico, repartiendo salud a manos llenas. Sin embargo, ¿qué significan las decenas o centenas de personas sanadas por Jesús, en comparación de los miles y millones de enfermos de su época? ¿Y qué representan sus curaciones de aquel tiempo, ante el innumerable ejército de dolientes de todos los siglos antes y después de Cristo?

En verdad, Cristo quiso limitarse a su tiempo y lugar en su labor médica: curó sólo a unos cuantos enfermos del siglo I en Palestina. Pero nos dejó su ejemplo, para que los cristianos sigamos su labor sanitaria en nuestros tiempos y geografías. Mostró su cordial interés por los pacientes y realizó unas curaciones concretas, diciéndonos con el lenguaje de los hechos. Esto es cristianismo. No sólo procurar la salvación espiritual, sino también la salud material. Por eso, el papel de la Iglesia y de los cristianos es alejar el mal de todas sus fronteras, empezando por el mal de los cuerpos humanos.

El ejemplo de Cristo, médico, es lo que ha impulsado a lo largo de veinte siglos la labor hospitalaria de la Iglesia en el mundo, entre cuyas instituciones se cuenta la Orden Hospitalaria de S. Juan de Dios, fundada en Granada, extendida actualmente por los cinco continentes, con este testimonio fundacional de palabras y hechos: "Nosotros, los Hermanos Hospitalarios, damos gracias al Señor por el don que hizo a su Iglesia en S. Juan de Dios. El cual, impulsado por el Espíritu Santo y transformado interiormente por el amor misericordioso del Padre, vivió en perfecta unidad el amor a Dios y al prójimo. Se dedicó por entero a la salvación de sus hermanos e imitó fielmente a Cristo (...)".

Todos los fundadores y fundadoras de instituciones hospitalarias, porque siguieron la llamada de Cristo, nos dejan este mensaje, hecho vida: "Ante cada enfermo concreto, todos, personal sanitario, familiares, amigos, hemos de tomar una conciencia más viva de que nos encontramos ante una persona que sufre en su cuerpo y en su espíritu."

* Capellán de la clínica

S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 23:54  | Espiritualidad
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Comentarios
Publicado por leopldocruzr
Viernes, 14 de agosto de 2009 | 15:19
Padre nuestro aun que peque?os somos tuyos te reconocemos a ti y a tu mandato unidos a la iglesia fundada por tu hijo dispuestos a representarte con dignidad y talento aun que a muchos nos falte esa plena decisi?n y coraje pero t? nos lo dar?.
Publicado por leopldocruzr
Viernes, 14 de agosto de 2009 | 15:20
Ay?danos padre bueno a levantar a este pueblo inmoral y pervertido que confunde los valore vivimos en una espantosa guerra causada por la ignorancia y a estos terrible males los llamamos paz todo es confusi?n y perversi?n.
Publicado por leopldocruzr
Viernes, 14 de agosto de 2009 | 15:20
Los valores de la humanidad arrastrados por el suelo actuamos como m?s nos place solo atinamos a levantarnos contra ti pero tu padre eres paciente y aun nos es peras. Nos entrego a su hijo que confundido entre el desorden da pasos de esperanza.