Viernes, 14 de agosto de 2009

Artículo publicado en el Boletín Bimestral “Misioneros Javerianos”, número 453/ JULIO-AGOSTO 2009. 

ENTRE NOSOTROS
compartiendo una ilusión
LA PALABRA DE DIOS 

El 14 de junio de 1919, el obispo de Parma, Guido Ma Conforti, lanza en su diócesis una campaña para difundir «las páginas divinamente sencillas y sublimes del Santo Evangelio y de los Hechos de los Apóstoles». El anun­cio de la Palabra de Dios estaba ya presente en su programa episcopal y en la práctica de la meditación y de la oración cotidiana. Más que discur­sos sobre la Palabra, él la vive y la inserta con espontánea naturalidad en sus escritos y discursos.

Mons. Conforti tenía varias expresiones significativas para describir la Palabra de Dios: «La Palabra de Dios es vida, luz, fuerza y virtud sobrehumana. Palabra de vida que ilumina las mentes, purifica los corazones y en-trena a la práctica de las más altas virtudes. La Palabra de Dios que, me­jor que la conciencia humana, como espada de doble filo, penetra profun­damente en las mentes y en los cora­zones. Libros santos, de los cuales la vida cristiana debería beber la luz y el calor que les san indispensables para su crecimiento y conservación. Principios santos, de los cuales depende la paz en el mundo...» 

El Evangelio 

El Evangelio, dice Mons. Confor­ti siguiendo a algunos exegetas de su tiempo, es por excelencia el li­bro de Cristo Jesús, la filosofía de Cristo, la teología de Cristo. Es la preciosa, la buena noticia de la redención, la gracia, la salud eterna del género humano que nos ha traído Cristo. El Evangelio, con respecto a otros libros inspirados, es la luz confrontada con las tinieblas, la re­alidad comparada con la figura, el alma con respecto al cuerpo. El Evangelio es la luz con todo su fulgor que dirige nuestra mirada hacia nuevos horizontes, dando una nueva dirección a las as­piraciones y al obrar humano. Entre todos los libros, el Evangelio es el más perfecto entre todas las ciencias, la más certera, la más sublime y eficaz, la más útil y necesaria.

El Evangelio es el libro que ha pro­ducido la más grande y saludable revolución en la sociedad, creando, en cier­to modo, un nuevo mundo moral. En las páginas del Evangelio los hombres han encontrado y encontrarán la clave y el secreto para la solución de los grandes problemas que han afligido y afligirán a la humanidad». 

Leer la Palabra

En los escritos de Conforti aparece el término «lección» que no se identifica con lo que ahora llamamos «Lectio»; pero que no está lejos de esta forma de acercarse a la Palabra de Dios ya que, hablando de las lecciones, se refiere a San Bernardo y a la tradición monástica.

«San Bernardo, hablando del modo de ascender hacia la perfección dice que hay tres maneras: Oración, Medi­tación y Lectura de la Palabra (lección). Con la lectura de la Palabra se pone el alimento espiritual en el plato, con la meditación se mastica, con la oración se convierte en carne y sangre. Santo Tomás dice que la lectura de la Palabra (lección) es como un espejo, como una amigo, un padre, es el médico». 

Meditar la Palabra

«Custodiemos en el fondo del cora­zón la Palabra de Dios, como la tierra custodia en su seno la semilla destinada a florecer y a producir frutos, a ejemplo de María que «conservaba todas estas cosas en su corazón». De esta forma experimentaremos que la Pala-bra de Dios es vida, luz, fuerza y virtud sobrehumana».

«San Pedro Canisio, sigue diciendo Conforti, antes de hacerse apóstol del Evangelio para los demás, meditaba el Evangelio, lo encarnaba en sí mismo y la práctica del Evangelio le condujo a un alto grado de perfección cristiana. También para nosotros, queridos hijos míos, no hay otro camino para alcanzar la gloria del cielo que el de meditar y vi­vir la Palabra del Evangelio». 

Palabra y Misión 

«Él, Cristo, contrariamente a los conquistadores del mundo, no ha fundado su reino con la fuerza de las armas, sino con la Palabra que con­quista las mentes y, con la fascina­ción del amor, vence al corazón. Por ello hoy El os repite a voso­tros (está hablando a seis javerí­anos que parten para misiones) las palabras que dijo a los pri­meros discípulos: «Id por todo el mundo y proclamad la Bue­na Nueva a toda la creación» (MC. 16,15). La Palabra sencilla y luminosa del Evangelio es la que debéis usar, este arma es como una es­pada de doble filo, que penetra en lo más íntimo de los corazones, operando en ellos la transformación que sólo la virtud de Dios puede operar. Esta Palabra santa la confirmaréis con el ejemplo de una vida santa, con el ejercicio fecundo de la caridad, con el espíritu de sacrificio y con el heroísmo del marti­rio si a éste fuerais llamados. El apos­tolado es esencial en la iglesia, es la ra­zón de su ser, lo ejercita a través de la Palabra y de la caridad y no conoce lí­mites ni de espacio ni de tiempo.  

P. Luis Pérez Hernández s.x.


Publicado por verdenaranja @ 0:18  | Misiones
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