Viernes, 14 de agosto de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, peregrino, cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicespostulador de su Causa de Canonización.

 MANUEL APARICI Y LOS MÁRTIRES DE ACCIÓN CATÓLICA:
HOMENAJE NACIONAL
A ANTONIO RIVERA Y A TODOS LOS MÁRTIRES 

«Las palabras del Cardenal Primado, nos obligan a mantener entre nosotros
vivo el recuerdo y operante la virtualidad de la sangre de quienes, como
Antonio Rivera, hicieron posible que hoy haya Juventud de Acción Católica»
(SIGNO de fecha 5 de mayo de 1951).

 

           SIGNO de fecha 5 de mayo de 1951 [1] recoge en primera página a toda plana, bajo el título «La juventud celebra la fiesta de sus mártires», el homenaje nacional que se tributó a Antonio Rivera y a todos los mártires [2]. 

          1.       Cita de amigos con Antonio 

          «Un gran día el domingo, fiesta de nuestros mártires. Nos habían convocado en Toledo para recordar a Antonio Rivera, y allá fuimos, dispuestos a escuchar la palabra de quienes tuvieron la dicha de conocer personalmente a “El Ángel del Alcázar”. Nuestras banderas pasearon la ciudad ... con paso de peregrinación: del palacio arzobispal a la calle de los Bécquer, de la plazuela de Santa Isabel a la cumbre del Alcázar ... Éramos jóvenes de distintas Diócesis, porque el homenaje era nacional; allí estaban trescientos de Madrid-Alcalá, otros tantos de la Diócesis-priorato –los de “Ismael de Tomelloso”– y muchos de la capital y los pueblos de la Archidiócesis Primada ... Con ellos, los representantes del Consejo Superior, de la Juventud Femenina, de las Congregaciones Marianas, de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y de las Juventudes hispanoamericanas.

          »El programa era extenso, y la fatiga anduvo rondando al final de la jornada. Pero la emoción castigaba aún más duramente los cuerpos. Porque hubo lágrimas, muchas, en las caras de los jóvenes mientras se nos hablaba de Rivera, unas veces con pasión, otras con sencillez, otras con tremola emoción ... don Manuel Aparici –¡es el Aparici del 36, dijo alguien a nuestro lado al oírle!– nos electrizó pidiéndonos juramento de defender y fecundar la sangre de los mártires; don Francisco Vidal nos llevó a la misma alcoba mortuoria de Rivera para vivir en unos minutos aquellos cincuenta últimos días de su vida; don Santos, Majón, don Pelayo, cada cual en su lugar y con oportunidad varia, encadenaron la atención de todos. Porque muchos conocíamos la biografía de Antonio Rivera, pero pocos la habían meditado por aquellas calles y entre aquellos muros que el mártir tuvo en derredor suyo a la hora del apostolado del heroísmo y de la muerte. La misma presencia de los padres de Rivera, de sus familiares, puso en la fiesta del domingo una impalpable emoción, que tuvo por fuerza que traslucirse muchas veces en nuestros ojos.

          »No faltaron, entremezcladas en los discursos, consignas muy actuales para la Juventud de Acción Católica de hoy. Concretamente, en orden a la exaltación de nuestro martirologio, las palabras del Sr. Obispo Consiliario General y, sobre todo, las del Cardenal Primado, nos obligan a mantener entre nosotros vivo el recuerdo y operante la virtualidad de la sangre de quienes, como Antonio Rivera, hicieron posible que hoy haya Juventud de Acción Católica». 

2.       Acto de afirmación en el Teatro de Rojas 

          «[...] En la Presidencia, con el Obispo de Eraso, las autoridades civiles y militares de la ciudad imperial, representaciones extranjeras, miembros de la Junta de Honor del Secretariado Antonio Rivera y dirigentes de las Ramas de Acción Católica. Al fondo, las banderas de la Juventud. En los palcos, numerosas personalidades de Toledo y de Madrid. comienza el acto.

          »Se leen unos telegramas de Guadalajara, de Huéscar (Granada), del general Martínez Simancas, del Sr. Obispo de Málaga, del Sr. Obispo de Barcelona. Palabras de adhesión sincera, cordial, emocionada. Nos dan idea de la trascendencia nacional del acto a que vamos a asistir.

          »Las primeras palabras son del Presidente Diocesano, José Luis Pérez de Ayala. Como él dice, esta es una cita de amigos que teníamos pendiente con Rivera desde hace mucho tiempo. Después improvisadamente, pues no constaba en el programa, nos habla José Gómez, Presidente de los Universitarios de Acción Católica del Ecuador. Nos trae la presencia de los hermanos de fuera de España. “Hace un mes –dice– conocí a Antonio Rivera y fui amigo de él. Después de conocerlo, le he visitado en el cementerio y allí he llorado fervorosamente, pidiéndole por la Acción Católica española, pidiéndole por mí Acción Católica ecuatoriana e hispanoamericana”. Termina su alocución citando unas altas palabras de aquel mensaje que afirmó con su sangre el protomártir de la Acción Católica mexicana González Flores: “En pie, recia Juventud [...]. Eleva sobre las bayonetas  de todos los verdugos una cristiandad nueva, fortificada, rejuvene-cida [...]”.

          »Pastor en la tribuna. Se congratula de la reciedumbre y el empuje de la Acción Católica de España, demostrada en este acto. Gran ocasión ésta, en la que se confirma con exactitud aquel dicho: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Esa sangre es la de los 7.000 mártires hermanos nuestros que murieron por su amor apasionado a Cristo, y en Cristo a España y a la Juventud de Acción Católica [...]. Gracias a Antonio Rivera –continúa nuestro Presidente Nacional– y a los mártires hay hoy jóvenes de Acción Católica en Toledo y en España. Tenemos que seguir el camino inexorable de los mártires para poder anunciar la buena nueva: “Cristo ha resucitado”. Hemos de seguir el ejemplo de los mártires, invocándoles: “Rogad por nosotros, porque sabemos que estáis en Cristo”. Los Jóvenes de Acción Católica de hoy deseamos tener un ejemplo más próximo, deseamos ver exaltado al que fue Presidente Diocesano de Toledo y Vocal del Consejo Superior. Es deseo de 100.000 jóvenes de Acción Católica ver colocado oficialmente ante nosotros el ejemplo de Antonio Rivera, el santo más auténticamente de nuestros días, una vida llena de una inquietud inmensa, a pesar de los pocos años [...]. Antonio Rivera es ejemplo de lo que debemos ser en nuestra raíz última y fundamental: radicalmente insatisfechos de nosotros mismos. Concluye Pastor su Discurso mirando a la juventud del futuro. Si un joven flaquea, si un Consejo o un Centro desfallece, es porque les falta visión del panorama maravilloso que se abre a la Juventud de Acción Católica. Que Antonio Rivera sea también en esto nuestro ejemplo y el de los jóvenes que nos sucedan en la Juventud de Acción Católica. 

          3.       En esta casa se forjó el santo, y el santo hizo al héroe 

          «Esta casa –dijo don Antonio Jiménez Salazar Manjón en el patio de los Bécquer– fue la cuna de la santidad y del heroísmo de Rivera. Prudente, reflexivo, de clara inteligencia y gran entusiasmo y esfuerzo era Antonio Rivera; sus dotes le llevaron pronto a la Presidencia de la Federación de Estudiantes Católicos y a la Presidencia de la naciente Unión Diocesana de la Juventud Católica. En esta casa emprendió su camino de perfección, en el que llegó a prescindir de todo aquello que fuera pasatiempo y diversión, aunque del todo legítima. Evoca el orador, que fue su amigo íntimo, confidente de sus ardores patrióticos y apostólicos, la participación de Antonio Rivera en el Alzamiento Nacional. En esta casa se forjó el santo, y el santo hizo al héroe. Y cayo, finalmente, el 20 de noviembre de 1936, como los héroes, en olor de heroísmo, y como los santos en olor de santidad».

          «Con recogimiento, con atención, con casi reverencia, escuchamos las evocaciones de Antonio Rivera. Por estos mismos patios paseó él mucha veces, hablando siempre de Cristo a sus muchachos, hablando siempre Cristo por él. Aquí, en esta casa, se organizó la Asamblea del 33, aquí nació, propiamente, la Juventud de Acción Católica de la Archidiócesis Primada».

          «Este es el templo donde pasó Antoñito sus cincuenta últimos días de su vida –dijo por su parte el Rvdo. Sr. D. Francisco Vidal, Consiliario de la Junta Diocesana de Toledo [3]. Aquí recibió diariamente la comunión. Aquí murió mi amigo, mi confidente, mi ayuda espiritual ... Cuatro miradas, cuatro afanes tuvo Rivera en estos cincuenta días: la primera, para el mismo, para su interior, para hacerse fiel imagen de Cristo, en perpetuo afán de perfeccionamiento. Una segunda mirada fue la apostólica soñaba en Santiago, soñaba en los Centros, en su Consejo Diocesano, en el Consejo Superior. Una tercera mirada era para los suyos ... ¡Era tan buen hijo, tan magnífico hermano, tan cariñoso, tan delicado para sus familiares! Y su última mirada, su gran mirada durante los cincuenta días de su agonía fue para el cielo. Largas pláticas, en las que traslucía su gran afán por ganar el cielo, por ver a la Santísima Virgen, por estrechar la mano a su gran amigo el Apóstol San Pablo”. don Francisco sus palabras evocando a Antonio Rivera mientras muere, lleno de dulzura y de suavidad ¡Gran ejemplo para la Juventud de Acción Católica!».

           4.       Estamos en un camino, el de la beatificación de Rivera,
                   que es siempre largo y difícil
 

          Don Santos Beguiristain «habla en el patio del Alcázar. Le rodean las banderas de la Juventud de Acción Católica, para quien él compuso la primera biografía apasionada de “El Ángel del Alcázar”. Estamos en un camino, el de la beatificación de Rivera, que es siempre largo y difícil. Es necesario hacer memoria, que los que quedan de aquella época recuerden. Dios y la Patria encontraron en Rivera el exponente máximo de  la generación española. Fue un ejemplo para nosotros. No nos basta con tener la santidad individual; es necesaria la santidad con proyección social. Vivimos nuestros ideales como si fuesen ideales muertos y hay que resucitarlos. No queremos vidas fáciles, sino victimación: que hagan memoria los españoles y que nos venga una Patria vibrante y heroica. ¡Antonio Rivera, te vamos a recordar porque te necesitamos! ¡Queremos que tu nombre sea piedra viva de esta catedral de sinceridad que quiere levantar España en el mundo!» 

          Cuando concluye su magistral pieza oratoria cantamos la salve. Se marcha el día, y allí, entre aquellos muros gangrenados, suenan muy bien las alabanzas a la Virgen del Alcázar. Mientras tanto, se imponen unos corbatines conmemorativos a las banderas y guiones. Y se canta otra vez, el himno de la Juventud. 

          5.       Cumplió en todo momento como cristiano, como de
                   Acción Católica y como militar

           «Nos habla don Pelayo Lozano, teniente coronel médico, el que amputó un brazo a Antonio Rivera en este mismo lugar: la enfermería del Alcázar del Toledo durante el asedio. Nos habla ante la lápida que conmemora el acontecimiento. Hay unos jergones en el suelo y un rayo de luz que se filtra por una aspillera, por donde entonces entraban las balas. Somos muchos, estamos apretados, incómodos, pero nos gana la emoción del orador: “Estamos en el “sancta sanctorum” del Alcázar, donde las palabras ociosas parecen blasfemias en una oración. Aquí encontraréis en cada piedra un acto de valor ... Nos habla don Pelayo de aquel soldado que él operó sin conocerle. Sólo sabía que se reunía a las tres de la tarde, invariablemente, con un grupo de defensores: hacían su oración y meditaban. El día 18 de agosto –evoca el doctor–, hacia las dos y media de la tarde, le amputé el brazo. Con nosotros, indudablemente, estaba la divina Providencia. Después al visitarle diariamente, su única queja era: “¡Cómo le estamos molestando a Vd., don Pelayo!” Antonio Rivera no dio ni una muestra de impaciencia en medio de sus agudos dolores. “Cumplió en todo momento como cristiano, como de Acción Católica y como militar”». 

          6.       Lápida en honor de los mártires de aquel primer
                   Consejo Diocesano de Toledo
 

          «En Arco de Palacio está el Consejo Diocesano de la Juventud de Toledo. Ya han llegado los jóvenes de Ciudad Real, los de Madrid–Alcalá, los representantes del Consejo Superior; y el Consiliario Diocesano de Toledo, don Eusebio Ortega ... Se va a descubrir una lápida en honor de los mártires de aquel primer Consejo Diocesano, en una fiesta familiar plena de recuerdos emocionados. D. Antonio Gutiérrez Criado, el Consiliario mártir; Antonio Rivera, el Presidente Diocesano mártir, y todos sus compañeros de apostolado que sufrieron muerte. Recuerda el orador las visitas que hiciera Rivera al Seminario, para hablar a los seminaristas, en la antevíspera de las vacaciones, de tanto jóvenes que no conocen a Cristo [...]. “Vamos a ser santos –exhorta finalmente don Eusebio– porque santos fueron ellos”. Y pide al Consejo Superior que se inicie ya el proceso de beatificación de los 7.000 mártires de la Juventud de Acción Católica. Porque es idea universal que hay muchos Riveras, muchos Llanos, muchos Sanchos ... en nuestro martirologio.

         »El Presidente Nacional, Enrique Pastor, descubre la lápida. Don Manuel Aparici reza unas oraciones.

[1]  Ocho años antes, el 2 de diciembre de 1943, le dice a José Rivera: «Al fin llega el momento de poder dar satisfacción al deseo que tenía de escribirte. ¡Tantas y tan grandes gracias se encuentra simbolizadas para mí en tu persona que es imposible que te olvide! En primer término, nuestros queridos hermanos mártires, entre los que descuella Antonio, hermano tuyo, en la carne y en la sangre, y mío en el afecto de un mismo Cristo a quien amar y prójimo a quien servir, y en un segundo lugar, la generación juvenil fruto de esa sangre de mártires».

[2]  Un par de meses antes, en el Cursillo de Preparación de Profesores de Cursillos celebrado en el Consejo Superior los días 17 al 23 de febrero de 1951, el Siervo de Dios, como ponente, esbozaba un ensayo que algún día puede que se convierta en una verdadera obra sobre la «Historia de la Juventud de Acción Católica: Mártires» (SIGNO de fecha 3 de marzo de 1951). Fue ponente, además, de otros tres temas.

[3]  Nos congregamos en el patio de la casa de los Rivera. Acabamos de visitar la habitación de Antonio y estamos emocionados. D. Francisco también, hasta el punto de que alguien creyó que no podría concluir su alocución.


Publicado por verdenaranja @ 0:30  | Espiritualidad
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