Viernes, 14 de agosto de 2009

Mensaje de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús con motivo de las Fiestas Patronales. (11 de agosto de 2009) (AICA)


Ella nos ayuda a vivir la caridad en la verdad

En la Solemnidad de Nuestra Señora de la Asunción, festejamos nuestras fiestas patronales diocesanas. Celebramos la victoria de Dios en María, sobre el pecado y la muerte; en ella, que fue concebida, en atención a su maternidad divina, sin pecado original.

María es la mujer fiel, que creyó en el anuncio del ángel, de parte de Dios, que fue fiel hasta la cruz de su Hijo y contribuyó así en primer lugar a la salvación del mundo

Ella es la discípula perfecta, y es también, la primera misionera, porque creyó y vivió testimoniando su fe hasta el final.

La celebración de estas fiestas diocesanas, nos debe llevar a un encuentro religioso profundo, pero también a una toma de conciencia de nuestra pertenencia social, cuya incidencia debe ser concreta, pensante y activa en la iglesia y en nuestra Sociedad.

La fe, lejos de quedar reducida al ámbito individual, debe incidir en la cosa pública. Dicho de otra manera, el hombre está llamado a la comunión, no debe aislarse en la búsqueda del bienestar individual. Dios debe tener un lugar en la esfera pública, con específica referencia a la dimensión cultural, social, económica y en particular política. “El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios” (Enc. Caridad en la verdad, nº 53)

Pero, si queremos ser sinceros con nosotros mismos, debemos reconocer el deterioro creciente de esta capacidad de relación. Se va estrechando el horizonte y se va reduciendo todo al terreno de la inmediatez. La influencia de la cultura mediática, que está en su apogeo, contribuye en gran medida a esta vivencia de lo superficial y del día a día.

Este diagnóstico, por otra parte, es característico no solo de nuestros ambientes sino de toda la sociedad globalizada. Este fenómeno de rigurosa actualidad, requiere un cuidadoso discernimiento para que se convierta en humano, e integrador de las personas, de los pueblos y de las naciones.

El Santo Padre, dice en la encíclica “Caridad en la verdad”: “cuando Dios queda eclipsado, nuestra capacidad de reconocer el orden natural, la finalidad y el bien, empieza a disiparse. (Caridad en la verdad nº 18)

Hoy más que nunca esta verdad es irrefutable, y está en la raíz de las dimensiones más negativas de la cultura ambiente: Y el deterioro es, lamentablemente constatable. El desprecio a la vida humana que cuestiona desde el derecho natural, primigenio, a nacer hasta la pretendida “muerte digna” que justifica la eutanasia, pasando por la manipulación de los embriones en nombre de un derecho absoluto a la investigación científica sin la imprescindible calificación ética. No hablemos de la falta de trabajo, que además de ser un derecho fundamental, se ha ido deteriorando a lo largo de décadas, acentuando perversamente el clientelismo y el deterioro de la cultura del trabajo.”El estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves daños en el plano psicológico y espiritual. El pragmatismo en los ámbitos educativos, históricos, políticos, sin ninguna referencia a la trascendencia, a la filosofía, a la formulación de valores, y a la fe. (cfr. Enc. Caridad en la verdad, nº 25)

Estas cosas y muchas otras acaban por debilitar la motivación y la energía necesaria para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre. (cfr. Enc. Caridad en la verdad, nº 31).

Quisiera recordar, dice el Santo Padre, a todos, en especial a los gobernantes que se ocupan en dar un aspecto renovado al orden económico y social del mundo, que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad.

“Pues el hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social”. (Enc. Verdad en la Caridad, nº 25). cfr (Con. Vat. II, “Gaudium et spes, nº. 63)

También el Santo Padre nos habla de los derechos, pero estos también tienen deberes correlativos. Por esta razón, dice el Papa, que “es importante urgir una nueva reflexión sobre los deberes que los derechos presuponen y sin los cuales éstos se convierten en algo arbitrario”. Pensemos, en los abusos de poder ostentados por aquellos que están en la conducción, en la “manipulación de los recursos legales y jurídicos para perpetuarse en el poder”, (los ejemplos no faltan en América Latina) que deterioran y lesionan el verdadero sentido democrático.

Como bien se puede ver, los desafíos son grandes y graves. Por eso, hoy más que nunca, debemos pedir al Señor, por medio de la Santísima Virgen, Nuestra Señora de la Asunción, que nos de la fuerza de la fe, y la fortaleza de la esperanza, para que no “tengamos miedo” fundados en la Palabra del Señor: “Sin mi, no pueden hacer nada” (Jn 15,5) Y “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el final del mundo” (Mt 28, 20).

Tenemos que volver a la verdad en la justicia y a la justicia en la caridad. El amor, no es un añadido a estas consideraciones, sino que es parte integrante de un verdadero humanismo.

Que la Virgen nos ayude hoy a vivir, convencidos y comprometidos, como verdaderos discípulos y auténticos testigos de un anuncio que no podemos callar, olvidar ni disimular.

Felices Fiestas de Nuestra querida Patrona, Nuestra Señora de la Asunción.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús

 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Hablan los obispos
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