S?bado, 15 de agosto de 2009

Leyenda Noruega publicada en el Boletín Bimestral número 28, JULIO-AGOSTO 2009, de los "misioneros de la tercera edad.

EL SILENCIO DE DIOS

Cuenta una leyenda noruega que el viejo ermitaño Haakon solía contemplar una antigua imagen de Cristo crucificado, al que también acudían muchas otras personas para orar y pedirle algún milagro. Un día Haakon quiso pedirle un favor:

- "Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto en la cruz".

- "Bueno, accedo a tu deseo, pero con una condición".

- "¿Cuál, Señor? Aunque sea difícil la cumpliré con tu ayuda".

- "Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, nunca dirás nada".

Haakon lo prometió y se efectuó el cambio. Nadie lo reconoció col­gado en la cruz. Y él cumplió su compromiso de guardar silencio.
Un día llegó un rico y, después de orar, dejó allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un pobre vi­no después y se apropió de la cartera del rico. Y también calló cuando un muchacho se postró ante él para pedirle su ayuda antes de em­prender un largo viaje.
Pero en ése momento volvió el rico en busca de su cartera. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado.

- "¡Dame la cartera que me has robado!"

- "¡No he robado ninguna cartera!".

- "¡No mientas, devuélvemela enseguida!"

- "¡Le repito que no he cogido ninguna cartera!".

Y el rico arremetió furioso contra el joven. Entonces sonó una voz fuerte: "¡Detente!"

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Era Haakon que increpaba al rico por su falsa acusación. El rico, anonadado, salió de la ermita, y también el joven. Ya a solas, Cristo se dirigió a Haakon y le dijo:

- "Baja de la cruz, no sirves para ocupar mi puesto, no has sabido callar".

- "Pero, Señor, ¿cómo iba a permitir esa injusticia?"

Jesús ocupó la cruz de nuevo y siguió hablando:

- "Al rico le convenía perder la cartera, pues en ella lleva el precio de la opresión. El pobre tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo. Y el joven que iba a ser golpeado, sus heridas le hubieran impedido realizar el viaje que le ha resultado fatal, pues acaba de naufragar el barco en el que viajaba y ha muerto. Tú no sabías nada de esto, yo sí. Por eso callo".

Muchas veces nos preguntamos: "¿Por qué Dios permite esto? ¿Por qué se queda callado?" En su silencio nos dice con amor:

"¡CONFÍA EN MÍ, SÉ BIEN LO QUE HAGO!"


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Espiritualidad
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Publicado por leopldocruzr
Domingo, 16 de agosto de 2009 | 0:20
Hermanas y hermanos cada uno de nosotros es un tesoro ante el padre creador y los miembros de la iglesia somos los mineros que debemos cabar, meter la mano esculcar en el lodo y sacar nuestro tesoro para entregarselo al padre el pan segana con trabajo.