Lunes, 17 de agosto de 2009

 Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (Sábado 15 de agosto de 2009) (AICA)

 Tenemos que estar preparados para dar razón de nuestra fe

“Hoy quiero comenzar mi breve charla con una pregunta retórica pues la pienso contestar. Es esta: ¿cómo puede alimentar su fe un cristiano corriente?”

“Sabemos que la fe crece en la medida en que hacemos uso de ella. Como todas las virtudes se arraigan en nosotros en la medida que las practicamos. La fe crece por medio de la oración, porque pedimos a Dios que nos la dé y aumente, crece también a través de los sacramentos, crece porque nuestra mirada de fe intenta concretarse en todos nuestros actos, porque tratamos de obrar impulsados por la fe”.

“Pero mi pregunta se refería más concretamente al conocimiento de fe porque la fe es también y podríamos decir sobre todo, un conocimiento. La fe es un conocimiento de las cosas de Dios, de los misterios de Dios que Él nos ha revelado por medio de Cristo y nos comunica por medio de la Iglesia”.

“Entonces, podría responder la pregunta inicial diciendo que un cristiano corriente alimenta su fe en la homilía de la misa dominical. No es poco esto. Pensemos en lo que puede recibirse a lo largo de un año, sobre todo si uno tiene la suerte de asistir a una misa en la cual el sacerdote ha preparado bien la homilía y va trasmitiendo, de acuerdo a lo que las lecturas dominicales sugieren, los contenidos fundamentales de la fe aplicándolos a los grandes problemas humanos, exhortando a los fieles a la unión con Dios, a la vivencia más plena de aquello que nos constituye como cristianos. Podría, incluso, desarrollarse todo un esquema sistemático de comentarios a las verdades fundamentales de la fe”.

“Pero aún en el mejor de los casos es decir cuando efectivamente la homilía dominical sea aprovechable, queda algo que todavía debe ser completado ulteriormente y de un modo personal por cada cristiano. No podemos contentarnos simplemente con aquello que podemos recibir en la homilía de la misa dominical. Tenemos un instrumento espléndido para nuestra instrucción en las verdades de la fe: es el Catecismo de la Iglesia Católica”.

“En el Catecismo de la Iglesia Católica nos encontramos con una síntesis de lo que la Iglesia nos trasmite en nombre de Cristo. Y esto abarca no sólo el comentario al Credo, el estudio de cada uno de los Sacramentos y de todo el organismo litúrgico, la vida cristiana como encaminamiento moral de seguimiento de Cristo y del cumplimiento de los Mandamientos, la oración, el comentario del Padrenuestro, sino también cuestiones particulares que son de máxima actualidad”.

“Por ejemplo, dentro del ámbito moral hay una pequeña síntesis de la Doctrina Social de la Iglesia. El Catecismo es un libro de educación religiosa personal que tendría que estar en toda casa, en toda familia cristiana junto con la Sagrada Escritura. Con el índice del Catecismo uno puede salir de apuros cuando necesita saber cuál es la doctrina de la Iglesia sobre tal o cual tema; podemos repasar aquel punto catequístico o doctrinal cuando tenemos que responder algo a nuestros chicos, o comentar con nuestros amigos, o cuando nos ha quedado una duda a causa de alguna objeción que hemos escuchado”.

“Contamos también con el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, una síntesis doctrinal expuesta pedagógicamente con preguntas y respuestas, y respuestas, de fácil comprensión y apta para memorizar”.

“El Apóstol San Pedro, en su Primera Carta, les decía a los cristianos de entonces que tenían que estar preparados para dar razón de su esperanza. De la esperanza que es Cristo, su enseñanza, su redención. La exhortación vale también para nosotros. Debemos prepararnos para dar razón de la Verdad. Esta razón implica un conocimiento”.

“Entonces, no nos contentemos simplemente con lo que podemos escuchar cada tanto, sino apliquémonos a alimentar nuestro conocimiento de fe en estos textos autorizados por la Iglesia, y así podremos efectivamente ayudar a los demás a conocer a Cristo y a aceptar su mensaje de salvación”.

“Cuando se dice que cada cristiano debe ser discípulo y misionero de Jesucristo se nos está atribuyendo, de algún modo, esta responsabilidad. Somos los portadores de esta verdad que es necesario que pongamos a disposición y a consideración de todos aquellos que entran en contacto con nosotros”.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 20:05  | Hablan los obispos
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