Jueves, 20 de agosto de 2009

Editorial de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en la primera edición del periódico diocesano.
(agosto de 2009) (
AICA)


"La Iglesia está viva y tiene algo que decir” 

Es una alegría inmensa poder ofrecer este periódico diocesano a todas las comunidades y a todos los fieles. Y ya que estamos en tiempo de comunicación, en tiempo de información, es muy importante que haya una comunicación oficial, una comunicación de la misma Iglesia en la que todos estamos llamados no sólo a informarnos, a leer, a interesarnos, a conocer el pensamiento de nuestra Iglesia diocesana, sino también a aportar desde nuestros lugares dando a conocer los movimientos diocesanos, las actividades, los pensamientos; mostrando así que la Iglesia está viva y tiene algo que decir, algo que compartir y algo que expresar.

El obispo va a utilizar este espacio para comunicarse pensando en las realidades de nuestra diócesis. En las familias, en los fieles, en los sacerdotes, en los seminaristas, en los diáconos permanentes y sus familias, en las religiosas y en el querido pueblo fiel, para animarlos, para comunicar el entusiasmo, para sostenerlos en aquellas instancias arduas y difíciles que todos atravesamos. Hoy  es un tiempo de tremendos desafíos y retos que cada uno tiene, pero más que nunca debe poder encontrar y dar razones de nuestra esperanza.

Los desafíos 

Un elemento es la perplejidad frente a la invasión de problemas que golpean a diario nuestras mentes y nuestras conciencias. Un problema central es la falta de objetividad que tenemos frente a la realidad, frente a los acontecimientos. Hoy más que nunca hay una sensibilidad, una susceptibilidad de lo individual, de lo que le pasa a uno, de lo que sufre uno, de lo que vive uno o de lo que experimenta uno. Pero más que nunca hay que hacer el esfuerzo de dar un paso más adelante, más hacia arriba, hacia aquello que es objetivo y aquello que es verdad.

En su primera encíclica social, el Papa Benedicto XVI nos habla de la “caridad en la verdad” y yo aconsejo su lectura personal. Y si queremos transmitir algo, si queremos vivir el desarrollo de los pueblos, si queremos crecer en solidaridad, tenemos que estar atentos a la justicia y al bien común, pero fundamentalmente con la presencia del Evangelio pues sin el Evangelio hay letra muerta. El Papa cita en esta encíclica a Populorum Progressio y habla de la necesidad de recurrir al Evangelio que es la fuente viva e inspiradora de toda acción humanitaria y de todo comportamiento ético y social.

La objetividad en la verdad y la verdad  a la que debemos acceder,  es objetiva.

Por lo tanto todos somos llamados e interpelados, convocados y a la vez enviados. Tenemos que percibir el llamado interior de nuestra vocación a ser discípulos y testigos del Evangelio. Para ser auténticamente cristianos, debemos experimentar una conversión personal y a la vez eclesial para ser capaces de responder a estos tiempos como luz del mundo y como sal que da gusto a las cosas de la tierra. Esto específicamente es el Evangelio, y en forma coherente debemos dar la respuesta.

Otro elemento es el pensamiento. Lo más difícil es tener tiempo para pensar. Para pensar y pensar bien, no sólo inmediatamente, sino pensar a corto, mediano y largo plazo. El pensamiento iluminado por la fe es algo esencial; es la razón que quiere entender y el entendimiento de la fe que hace comprender la razón. Las dos realidades de una persona están comprometidas en un punto integral. Integral porque es en la totalidad de la persona. No somos sólo materia o sólo espíritu, sino que somos materia espiritualizada donde la persona humana tiene un alcance en lo humano y en lo trascendente. Lo trascendente da la garantía para vivir lo humano. “Si lo humano no se abre a la trascendencia se torna inhumano”, dice el Papa en su encíclica Cáritas in veritate

Actitud crítica

Aprovechar este espacio para que en nuestras comunidades sepamos alimentarnos de cosas que sean sustanciosas, objetivas, reales y podamos salir, “safar”, de lo que es el mundo mediático que no sólo golpea sino que repercute en nuestros comportamientos y en nuestra vida social y familiar. Es importante tener una actitud crítica para ejercer el señorío del discernimiento, el señorío de la persona humana. Una persona que no sabe discernir, o que no sabe criticar la realidad de este mundo para poder sopesarla, fácilmente va a ser tragada por los patrones vigentes que están en la sociedad, en el mundo

Pero esta actitud crítica nos debe llevar a la concreción para no quedar sólo en el mundo de las ideas sino de la realidad. Esta realidad debe ser sostenida por la fe. Saber que Dios está presente en lo cotidiano de nuestra vida y la caridad nos lleva a realizar cada cosa por su amor, en el amor concreto a nuestros hermanos. La magnitud de los problemas nos exige concretar en aquello que podemos y debemos hacer sin transferir la responsabilidad a otros. Una vez más decimos que la caridad es concreta y no abstracta.

La fuerza interior que todos tenemos que tener es el Espíritu de Dios. Es el Espíritu “que hace nuevas todas las cosas”; es el Espíritu que hace nuevos los huesos quebrantados y debilitados; es el Espíritu que es capaz de salvarnos a nosotros y al mundo, pero sin el Espíritu de Dios nada podemos hacer. Jesús nos dice en el Evangelio de San Juan “sin mí nada pueden hacer” (Jn 15,5).

Importancia de la identidad

Iniciamos este tiempo de comunicación y participación, tiempo de identidad -porque si no tenemos identidad no podemos dialogar ni seriamente participar- y desde lo nuestro lo vivimos, lo experimentamos, lo comunicamos y lo participamos. Por lo tanto, una acción muy importante en nuestra vida es el diálogo en la verdad, la identidad en la verdad y participar en todas las cosas que el Señor nos pide a través del Evangelio, que la Iglesia misma -como docente que es- nos enseña el camino para alcanzar a Cristo y para vivir en la plenitud de nuestra madurez. Es decir la vocación cristiana donde está presente la gracia, donde está presente la amistad con Jesucristo y donde el pecado, de alguna manera, tiene muy poco lugar en la vida de un cristiano y mucho más en un consagrado.

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús

 


Publicado por verdenaranja @ 22:38  | Hablan los obispos
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