Mi?rcoles, 26 de agosto de 2009

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el miércoles 26 de Agosto de 2009, en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H. *


Reflexión veraniega: educación 

CON CIERTA FRECUENCIA se nos viene afirmando a distintos niveles de cultura y de moralidad, también a niveles políticos, esta incuestionable realidad: que la tragedia más grave de la sociedad contemporánea es la crisis de la relación educativa. En los medios informativos no faltan estos juicios: los padres cuidan a sus hijos y los maestros enseñan a sus alumnos, pero en no pocos hogares y colegios se ha perdido "el espíritu de la educación". Y una sociedad, si no sabe educar a las nuevas generaciones, no conseguirá ser más humana, por muchos que sean sus avances tecnológicos y sus logros económicos. La historia de todos los tiempos -y más en los nuestros- nos viene advirtiendo de que para el crecimiento humano, los educadores son más necesarios e importantes y decisivos que los políticos, los técnicos y economistas.

Educar no es instruir, adoctrinar, mandar, obligar, imponer o manipular. Educar es el arte de acercarse al niño, al jovencito, con respeto y amor, para ayudarle a que se despliegue una vida verdaderamente humana. Porque la educación está siempre -debe estarlo- al servicio de la vida. El verdadero educador es el que sabe despertar toda la riqueza y las posibilidades que hay en los niños. Hay un gran autor y mejor pedagogo que nos dijo: "El buen educador es el que sabe estimular y hacer crecer en los niños, no sólo sus actitudes físicas y mentales, sino también lo mejor de su mundo interior y el sentido gozoso y responsable de la vida. Los niños, todos, tienen derecho a una cierta iniciación de la vida interior y a la reflexión personal".

Por eso, cuando en las instituciones educativas se ahoga "el gusto por la vida" y los educadores se limitan a transmitir de manera disciplinada el conjunto de materias que a cada uno se le ha asignado (asignaturas), "allí se pierde el espíritu de la educación".

Y, acercándonos a la responsabilidad de la educación cristiana, "educar es perfeccionar la obra predilecta de Dios, que es el ser humano, hasta hacerla semejante a Él" (A. Manjón). Educar es enseñar al ser humano (hombre) a ser hombre, viviendo a nivel racional y espiritual. El educando, por su condición racional y libre, sólo se educa y perfecciona por la aceptación y la ejecución inteligente y libre de la verdad, que tiene su fundamento en Dios. Y por eso, educar y formar es hacer comprender, querer y vivir la verdad y el bien, el camino señalado por Dios; y, por tanto, el que más perfecciona y ennoblece a educadores y a educandos.

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Espiritualidad
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