Lunes, 31 de agosto de 2009

    Por su parte, el presbítero Alvaro Izurieta y Sea, capellán del Hospital Enrique Tornú, presidió una misa en la que se bendijeron las manos de parteras y obstetras. (AICA)

Texto completo de la homilía 

     Desde el Santuario venimos a llevar el mensaje de la vida, que Dios quiere la vida, la hizo linda. Dice la Biblia que cuando nos hizo a nosotros, nos hizo a imagen y semejanza de Dios, somos de la familia de Él, tenemos el rostro de Él, y a su vez, esa vida que nos dio, es la que nosotros anunciamos, la que ustedes en esta imagen de San Ramón van llevando a las casas, van anunciando la fe, la vida, el camino de la vida y así vamos a través del mensaje de fe; vamos ayudando a que crezca eso que se llama la cultura de la vida; pero lo más importante de la humanidad, es esa cultura de la vida en contra de lo que Juan Pablo II y Benedicto XVI denunciaron, la cultura de la muerte. Ustedes son los que salen a este mundo donde en todo el mundo hay tantos casos de cultura de la muerte, como diciendo esto es mejor, esto es lo que hace feliz, esto es lo que a uno lo plenifica.
   
     La cultura de la vida, el mensaje de la vida ¿Qué es el mensaje de la vida? Son cosas muy sencillas, son cosas prácticas, son cosas muy sencillitas. Decir que la vida vale la pena, es decir, desde el primer momento en que un chico y una chica han concebido tiene vida y está el soplo de Dios ahí. Que los nueve meses que está en sala de esperas, la panza de la mamá, hay que cuidar a la mamá y al chico porque está la vida ahí, y cuando nace no hay que terminarla después de la primera semana cuando vamos a saludar a la mamá y después que Dios te ayude, sino que hay que acompañar el crecimiento de ese chico para que crezca sano, para que tenga buena educación y no le falte comida, que tenga principios de valores morales y después acompañarlo durante toda su existencia y cuando se enferma, al enfermo acompañarlos en su dolor, en su enfermedad, hospitales lindos, limpios donde no falta nada, donde se lo atiende bien al enfermo, eso es vida, eso es mensaje de vida. Y cuando están viejitos cuidarlos con mucho amor a los abuelos. Los abuelos son la sabiduría de la vida, a veces lamentablemente habrá que alejarlos de este mundo por exigencia de trabajo, algo, pero en cuanto se pueda conviene tenerlos cerca y si los tengo que alejar es ir a verlo lo mas posible, eso es cultura de la vida, al cerrarles los ojos y entregarlo a la vida, pues esto es lo que hacen ustedes, meter todas estas cosas en la cabeza y en el corazón de la gente

     ¿Se animan a hacerlo? Si, si, hay que mostrar la cara, pongan la cara y digan que esto es cultura de la vida, esto es vida, todo lo contrario a esto es cultura de la muerte; si alguien ve que alguna de estas cosas falta, díganle que no, que por ese camino no se va a ninguna parte, que por ese camino se fracasa siempre. Luego un escritor inglés que decía no usar la palabra “cultura de la muerte” porque en aquella época todavía no se había enseñado, pero el decía que en algunas familias, en algunos países, que en algunos pueblos se practica la filosofía del verdugo, cabeza que sobra, cabeza que molesta, cabeza que vuela.

     Claro cuando uno piensa que la vida molesta, la vida es linda pero la vida molesta siempre, ese día me decía un papá que tiene su primera nena y que tanto él como su mujer, duermen dos horas por noche porque la criatura le salio gritona. La vida es bella pero tiene algo de molestia, algo que exige de mi un sacrificio, en un hogar uno ve esas mujeres, esos hombres, que tienen sus padres moribundos y se pasan sentados noches tomándoles de la mano para que sientan el cariño y al día siguiente a trabajar y otra noche en blanco y a trabajar, molesta pero eso es vida, pero no se puede transitar por el anuncio de la vida, por la cultura de la vida si no es como dijimos en el salmo, en la presencia del señor.

     No se puede llevar la cultura de la vida sino estamos entroncados con Jesús como los ramos de la uva de la vid, al tronco; si uno tiene la sabia de Jesús, la fuerza de Jesús que es el Maestro de la Vida, el se definió así, yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ¡Yo soy la vida! Jesús nos tiene que contagiar este ardor, este entusiasmo por anunciar la vida. Piensen ustedes que dan ese mensaje de la vida, cuanta felicidad están sembrando en aquellos corazones que aceptan el mensaje; pero piensen también que eso no lo hacen solo ustedes, lo hace Él, los que están bien agarrados a Jesús. Yo voy a anunciar la vida, y estoy toda la mañana con una persona y anuncio la vida, todos contentos y a la salida me encuentro con una vecina y me pongo a sacarle el cuero a la otra, ya estoy anunciando la muerte, entonces cuidado con las contradicciones, si anunciamos la vida vivamos como Jesús quiere, coherentemente, que todo sea vida. Yo les agradezco lo que hacen, sigan así contagien vida, este es el mensaje que necesitamos, el mensaje de Dios, vayan por las huellas de Jesús, no se van a equivocar, son las huellas de la vida, porque Él es el Camino y es la Vida.

     San Ramón nos fortalezca en esta tarea tan hermosa que tienen, que así sea.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Homil?as
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