Lunes, 31 de agosto de 2009

Disertación de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján, y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicación Social, en en la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA). (AICA)
(27 de agosto de 2009)
 

1. Introducción

 Agradezco sinceramente la posibilidad de participar de este encuentro con ustedes, hombres y mujeres que trabajan en el ámbito de la comunicación social. No es un trabajo más, todos los que están aquí lo saben bien, es ese tipo de trabajo que brota de una vocación, que suele convertirse en una pasión, que no se circunscribe a un horario ni a una tarea sino que compromete toda la vida. Estas breves palabras sólo pretenden presentar los temas para abrir el diálogo que vamos a tener a continuación.

Quisiera en esta noche compartir algunas reflexiones tomando como punto de partida el mensaje del Papa Benedicto XVI, que en la Jornada Mundial de las Comunicaciones sociales de este año se ha dirigido una vez más a todos los comunicadores. Sus palabras nos invitan a reflexionar sobre las nuevas tecnologías y las nuevas relaciones humanas que nacen a partir de ellas y creo que pueden ser muy útiles para iluminar los desafíos de los comunicadores sociales en nuestro país.

2. Son un don

 El Papa comienza diciendo que las nuevas tecnologías "son un verdadero don para la humanidad y por ello debemos hacer que sus ventajas se pongan al servicio de todos los seres humanos y de todas las comunidades, sobre todo de los más necesitados y vulnerables" . No es una cuestión menor escuchar en boca de un Papa que las nuevas tecnologías que tanto nos sorprenden son un regalo de Dios. Lejos están los tiempos en los que desde la Iglesia muchos se manifestaban en una actitud recelosa ante los medios de comunicación, ahora el Papa los presenta así, nada menos que como algo que Dios ha regalado a la humanidad.

Y cuando recibimos un regalo no sólo nuestro corazón se muestra agradecido, los regalos también nos comprometen. Ante un don de Dios los creyentes se preguntan ¿Para qué Dios me ha dado esto? ¿Qué espera de mí? Y notemos que se trata de un obsequio “para toda la humanidad”, no para algunos. Por eso inmediatamente Benedicto XVI señala que esas tecnologías tienen que estar al servicio de todos. Quienes tienen en sus manos la posibilidad de utilizar estos medios no pueden olvidar este desafío: se nos ha confiado un don que está destinado a todos, y, hay que subrayarlo siempre, especialmente a los más débiles.

Es por esto que desde la visión de la Iglesia más que propietarios somos administradores. Se nos han confiado unos dones que Dios ha destinado a la humanidad en su conjunto y que ha puesto en nuestras manos para que estén al servicio del bien común. Este es el punto de partida de nuestra responsabilidad. La razón por la cual los medios están al servicio la comunidad no es sólo teórica, ni se origina primeramente en un ordenamiento jurídico o en consideraciones filosóficas, es muy concreta y diría estremecedora: muchos hermanos nuestros no tienen lo necesario para vivir y están "afuera" en todos los sentidos de la palabra, excluidos de una sociedad en la que "sobran" y muchas veces sin hogar y sin un lugar donde dormir y sin los alimentos necesarios. Ese es el motivo claro e inapelable para dejar de lado las mezquindades y afrontar con convicción y entusiasmo el desafío de construir el bien común. Esto es así en todos los países y es especialmente urgente en nuestra Patria.

3. Para construir la Patria

 Los medios de comunicación, ustedes lo saben bien, tienen un papel irreemplazable en la construcción de una Nación justa en la que haya sitio para todos. Cada línea que se escribe, cada palabra que se dice, cada imagen que se genera, pueden contribuir, o no, a edificar entre todos esa sociedad justa a la que aspiramos. Para lograrlo no es necesario dar solamente "buenas noticias" ni desfigurar la realidad para disimular los conflictos y la inmensidad de los desafíos que tenemos por delante. No se trata de eso sino de algo más difícil y apasionante: presentar las dificultades, en ocasiones dramáticas, con actitud constructiva e iluminadora sin caer en la tentación del golpe de efecto fácil, muchas veces más rentable, ni en la búsqueda de ventajas personales o de grupo.

Pero hay otro esfuerzo al que somos urgidos por la responsabilidad que tenemos. Hay situaciones completamente nuevas que esperan respuestas. El año pasado los Obispos de la Argentina decíamos "la nueva cuestión social, abarca tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas humanas que no encuentran un sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios. Los nuevos fenómenos a menudo afectan a ambientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido de la vida, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social. Ello se manifiesta, por ejemplo, en el crecimiento del individualismo y en el debilitamiento de los vínculos personales y comunitarios. Nos preocupan especialmente las graves carencias afectivas y emocionales. Contemplamos un gran anhelo de encontrar razones para la existencia."

4. Nuestra Misión

Estimados amigos, no estamos solamente ante el inmenso desafío de la distribución de la riqueza y de una justicia y unas instituciones que aseguren la dignidad de cada uno, la cuestión es aún más profunda: estamos ante una transformación social que afecta todas las relaciones humanas y el sentido mismo de la vida y la comunidad. Están en juego cuestiones como el valor de la vida, la familia, el cuidado de los niños, la educación, el respeto de los valores más elementales. Los medios de comunicación están en el centro de esa problemática y por eso los hombres y las mujeres que tienen responsabilidades en ellos se encuentran ante un excepcional compromiso. Podemos "hacernos los distraídos" y mirar solamente nuestros intereses; podemos vivir esta situación como una carga que se arrastra con pesar; o podemos asumirla como una magnifica misión que nos pone a la altura de tantos grandes periodistas y comunicadores que han dejado huellas imborrables en la construcción de sus comunidades. Sin dudas a esto estamos siendo convocados y la respuesta que seamos capaces de dar pondrá de manifiesto la belleza y la importancia de la vocación del comunicador.

Día a día nos llaman la atención las novedades tecnológicas, en muchos casos son verdaderamente deslumbrantes y el Papa dice en su mensaje que ni su popularidad ni su rápida difusión entre los usuarios deben sorprendernos. Pero al hacer esa observación no pone el acento en las características extraordinarias de los nuevos instrumentos, sino que la razón de esa rápida difusión la encuentra en el corazón del hombre. Nos dice que las tecnologías de la comunicación nos atraen y nos cautivan porque el ser humano está hecho para la comunicación y busca incesantemente la manera de establecer nuevas formas de entrar en comunión con sus semejantes. "Este anhelo de comunicación y amistad tiene su raíz en nuestra propia naturaleza humana y no puede comprenderse adecuadamente sólo como una respuesta a las innovaciones tecnológicas. Cuando sentimos la necesidad de acercarnos a otras personas, cuando deseamos conocerlas mejor y darnos a conocer, estamos respondiendo a la llamada divina, una llamada que está grabada en nuestra naturaleza de seres creados a imagen y semejanza de Dios, el Dios de la comunicación y de la comunión" .

5. Relaciones nuevas

El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, son en el fondo manifestaciones actuales de la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás. En realidad, cuando nos abrimos a los otros, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. Pero, además, en las personas con las que nos relacionamos buscamos ayuda, palabras y gestos de orientación y, a veces, consuelo. Una humanidad perpleja ante sí misma parece volcarse hacia los medios de comunicación en busca de respuestas que no encuentra en su entorno. Especialmente los jóvenes utilizan las nuevas tecnologías que han abierto caminos para el diálogo entre personas de diversos países, culturas y religiones. El nuevo espacio digital, llamado ciberespacio, permite encontrarse y conocer los valores y tradiciones de otros. Los grandes medios de comunicación en muchas ocasiones ceden su lugar en ese nuevo continente digital en el que las redes sociales permiten una interacción constante y personal.

Esta transformación de la comunicación humana trae consigo una buena noticia: cada día está más claro que nadie puede crecer y desarrollarse en soledad. Necesitamos hablar, escuchar, pensar y hacer juntos. Nadie tiene todas las respuestas, ningún grupo y menos aún una sola persona, puede erigirse como el depositario de un único pensamiento válido. Los comunicadores tienen entonces un aporte extraordinario para hacer a la sociedad: generar espacios de encuentro, espacios honestos de un diálogo sincero para la búsqueda del bien, la verdad y la belleza. Lugares en los cuales sea posible la libre expresión de las ideas y los sentimientos y queden de manifiesto el valor de cada persona, de la libertad en democracia y de la riqueza cultural y espiritual de nuestro pueblo. Espacios para rescatar y comunicar la memoria y la belleza de nuestros héroes, de nuestros próceres y de nuestros santos.

6. Nuestra intención como Iglesia

Nos acercamos al bicentenario de la Patria. Desde los primeros días de su historia la Iglesia caminó junto a todos los hombres de buena voluntad que han habitado este suelo y eso es lo que con humildad deseamos seguir haciendo. Queremos caminar junto a ustedes hombres y mujeres de la comunicación en esta hora de grandes y difíciles transformaciones. Valoramos mucho la tarea en la que están empeñados y la consideramos de máxima importancia para la sociedad. Sabemos de los sacrificios, esfuerzos y riesgos que implica. Creemos que en la tradición de la Iglesia hay muchos tesoros que pueden poner luz en las dificultades de estos tiempos y deseamos ofrecerlos con humildad.

Pero, por encima de todo llevamos en nuestro corazón la fe en Jesús de Nazaret y nuestro amor a Él. Creemos que escuchando sus palabras y contemplando sus gestos, podemos aprender a comunicarnos mejor, podemos descubrir una nueva forma de encontrarnos y hacer realidad ese deseo que nos urge desde el corazón: construir juntos una Patria de hermanos en dónde haya un lugar para cada argentino.

Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján


Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Hablan los obispos
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