Viernes, 04 de septiembre de 2009

VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA por don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - La paz y la creación no pueden prescindir del Creador

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El San Padre Benedicto XVI ha dedicado el ángelus del último domingo de agosto a la salvaguardia de la creación, un tema – ha dicho – qué ha visto converger ecuménicamente muchos cristianos, junto al tema de la paz. Se trata de argumentos que, en tiempos recientes, han ascendido al rango de “valores primarios”, casi absolutos, literalmente desligados de cada referencia objetiva o jerarquía de valor.

Por ejemplo, el tema de la creación - cuando no es considerado como tal, es decir 'hecho por el Creador' - puede ser entendido como un conjunto indistinto de entorno, animales y hombres; Conjunto en el que estos últimos no tienen particular relieve, más bien son considerados incluso enemigos de la naturaleza. Por otro lado la paz, notoriamente reducida y desunida de la justicia, se ha convertido frecuentemente en irenismo, arrastrando consigo a un santo como Francisco el que amo y consideró la paz y la creación sola en referencia a Dios: “ubi Deus ibi pax”, “donde está Dios hay está la paz”, se lee a la entrada del eremo de las cárceles. Hace falta preguntarse que es lo que ha permitido tal deriva llegando incluso a la adopción por parte de grupos católicos de la ambigua bandera del arco iris, incluso convertida en mantel del Altar. La siempre posible separación de la Revelación de los valores nacidos en ella, que existen positivamente solo si permanecen, podría ser una de las remotas raíces de tal equivocación. Es el fin de “la época moderna”,preconizada por Romano Guardini en 1950, y llegada a su consumación.

La cultura no-cristiana, y demasiado a menudo anti-cristiana, iniciada con el fin de la época moderna, ha llevado a un “cristianismo sin Cristo” experiencia inconcebible por la historia misma del cristianismo y agravada por el hecho que a veces hasta los que deberían anunciar “Cristo único Salvador” se han convertido en “predicadores de valores”, acercándose, involuntariamente, a quien había hecho propios esos valores humanos, conduciendo al mismo tiempo, una batalla obstinada contra Cristo y, sobretodo, contra su Iglesia, único modo para atacar realmente a Cristo

“Defendieron – escribe Guardini – los frutos que Cristo nos trajo, separándolos del origen”, es decir de Él mismo.

Demasiado a menudo se consideran, en esta perspectiva, el hombre y la creación exentas de cualquier “defecto original”, en si buenos naturalmente, por lo que la “salvaguardia” de la creación debería ser cumplida no “del pecado” sino del hombre mismo; en cambio la creación “gime dolores de parto”, como escribe san Paolo, hasta que no sea liberada por aquel que solo Él puede liberarla.

Ahora es el tiempo del desengaño, la secularización ha avanzado tocando inclusa a la Iglesia; todo es más claro y al mismo tiempo más crudo: el juego de quien había separado el “Jesús de la historia” del “Cristo de la fe” a llegado a su fin, porque no ha producido ni “ más cristianismo”, ni más humanismo o moralidad Estamos en pleno relativismo y nihilismo de masas. Se yergue como único centinela, como siempre en la historia, el Santo Padre, sobre las huellas de Gregorio Magno, a exhortar a hombres no creyentes pero razonables a volver a confrontarse seriamente con la religión y a vivir “como si Dios existiese”. Y la Gracia seguirá promoviendo experiencias de conversión al Señor: sola raíz que produce paz y salvación en el hombre y entorno al hombre. (Agencia Fides 3/9/2009)


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