Martes, 08 de septiembre de 2009
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”. (AICA)
(Sábado 5 de septiembre de 2009)


NECESITAMOS EVANGELIZAR LA CULTURA

 

“Días pasados estuve en la Ciudad de Asunción, en Paraguay, participando del “IV° Encuentro de Responsables de Centros Culturales Católicos del Cono Sur” y allí tomé conciencia de cuanta gente ve este programa, “Claves para un Mundo Mejor”, en ese país”.

“Aprovecho entonces para saludar a los hermanos paraguayos que nos están viendo. Debo decirles que me llamó la atención que resulté ser bastante conocido, por lo menos entre las personas con las cuales estuve en aquellos días y me mencionaban esta presencia semanal televisiva”.

“Ese encuentro ha sido importante porque, como ocurre periódicamente, ha servido para revisar un propósito fundamental de la Iglesia hoy día. Esto es la evangelización del cultura”.

“Este nombre, este concepto de “Evangelización de la Cultura” u otro que es recíproco y prácticamente sinónimo que es “Inculturación del Evangelio” se ha convertido en un lenguaje común en el discurso pastoral de nuestros días pero apunta a algo que ha ocurrido siempre. Cuando Jesús envió a sus apóstoles, antes de volver al Padre, les brindó un mandato misionero: “vayan y hagan que todos los pueblos sean discípulos míos”.

“Ese mandato podría traducirse o interpretarse así: vayan e inculturen el Evangelio en todas las naciones. O bien: vayan y evangelicen, cristianicen todas las culturas. Por eso el Papa Juan Pablo II sostenía que la fe no arraiga plenamente en un pueblo si no se hace cultura. Es decir sino impregna los criterios de juicio, los valores determinantes, las líneas de pensamiento, los modelos de vida de un pueblo. La cultura es, en el fondo, el estilo de vida de un pueblo determinado”.

“Ahora bien: la presencia del cristianismo en el mundo, la presencia de los cristianos que son portadores de la luz y la gracia del Evangelio, tiende a impregnar la vida concreta de una población, a hacerse cultura”.

“En nuestros días, nosotros encontramos problemas muy serios en este capítulo de la misión pastoral de la Iglesia”.

“Tanto en América Latina como en la Argentina existe un sustrato cultural que, desde sus orígenes, está marcado por la fe cristiana. Ha quedado mucho de aquella primera evangelización y de los aportes posteriores de tal manera que podemos decir que en los pueblos de América Latina hay una concepción bíblica del hombre, hay una referencia esencial a los principales misterios de la fe cristiana como Cristo Salvador, a su Pasión y Resurrección, a la Virgen Santísima como Madre del Pueblo y de la Iglesia”.

“Sin embargo ese sustrato cultural fue alterado por la presencia de ideas, de modelos de conducta, de ideologías contrarias a esta tradición cultural originaria, y contrarios a la Palabra de Dios, al Evangelio, a la predicación cristiana”

“Entonces la evangelización de la cultura, en este momento, supone no solo un acercamiento, una empatía para conocer cual es el terreno en el cual nos estamos moviendo sino también un discernimiento crítico. Esto es que sepamos detectar donde están los desvalores que afectan a ese sustrato cultural para irlos purificando y para ir transformando desde dentro esa cultura vívida de tal manera que ella sea plenamente humana y que responda a los valores fundamentales que recibimos de la revelación de Cristo”.

“La V° Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, en Brasil, proponía que cada bautizado, cada miembro de la Iglesia se reconozca a sí mismo como discípulo misionero de Jesucristo. Allí está la clave: como se transforma, como se cristianiza esta cultura a la cual vemos tantas veces con indiferencia, con hostilidad, respecto de los valores cristianos y que, por tanto, está también en trance de una progresiva deshumanización”.

“¿Cómo se la transforma? Sólo por la presencia testimonial y coherente de cristianos que vivan de un modo auténtico su fe. Es decir que sean verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo. ¿Para qué? Para que Cristo sea reconocido como el salvador del mundo y el Señor de la historia y para que nuestros pueblos, los pueblos de América Latina, tengan vida plena en Él. Hasta la semana próxima si Dios quiere”

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 22:35  | Hablan los obispos
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