Martes, 08 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán en la fiesta de San Ramón Nonato, patrono de la diócesis. (AICA)
(31 de agosto de 2009)


SAN RAMÓN NONATO 

Textos bíblicos
Sabiduría: 10, 10. 12-14
Salmo Responsorial: 70, 1-2. 3-4. 5-6. 15b-16 1
Corintios: 9, 19.22-25
Evangelio de Mateo: 10, 16-20

Queridos hermanos y hermanas, Estamos celebrando la fiesta de San Ramón, y las calles de nuestra ciudad, plena del bullicio de los peregrinos, nos hacen pensar en la devoción que nos une a este Santo maravilloso, entregado a la predicación generosa y heroica del Evangelio de la Libertad. Celebramos la memoria de un testigo fiel de Cristo y como él somos invitados a dar nuestro sí de cada día.

Los días precedentes fueron preparando nuestro corazón para esta gran fiesta, la nutrida concurrencia a nuestra Catedral, así como en otros lugares donde se celebraba la novena, a partir de la reconciliación sacramental y la oración confiada al Padre, buscaban hacernos sintonizar con el tiempo de gracia que significa una fiesta patronal. Los lapachos florecidos a lo largo de nuestras calles y caminos, expresan esa disposición de nuestro interior. Con ellos queremos hacer patente la belleza de la condición humana elevada por su Creador.

Pero además celebramos un nuevo cumpleaños de nuestra ciudad. Anoche nomás, a los pocos minutos de comenzado el nuevo día, le cantamos el cumpleaños feliz 215 a San Ramón de la Nueva Orán. Los cristianos lejos de sentir la ciudad como un obstáculo, nos sentimos capaces de buscarlo a Dios en ella, y hacerlo presente en el horizonte de nuestras vidas, de nuestras celebraciones y nuestras esperanzas.

En la primera lectura (Sabiduría 10,10.12-14), la Palabra de Dios nos hace ver cómo el hombre que guiado por la Sabiduría, puede dejar atrás el sinsentido del rencor, y ver preservado su corazón de sentimientos y actitudes negativas que lejos de llevarlo a su plenitud, lo colocan en un lugar de dependencia peligrosa de sus propias fuerzas.

En la segunda lectura (1 Corintios 9,19.22-25), nos presenta a un Pablo decidido a todo para ganar a sus hermanos para la causa del Evangelio. Como testigo de Cristo, no ahorra ninguna iniciativa que lo ponga al servicio de los más pobres, de los débiles, de los que sufren. Ganar a sus hermanos para Cristo, es la consigna que Pablo reitera enfáticamente. Y nos la propone como un estilo de vida.

En el Evangelio (Mateo 10,16-20), Jesús les enseña a sus discípulos el precio que deberán afrontar por causa del anuncio evangélico: persecuciones, juicios, entregas traicioneras, odio y oposición… Ser de Cristo supone adoptar un estilo de vida que molesta, que causa fastidio y rechazo entre los que no han conocido al Señor. La advertencia de Jesús, lejos de querer hacerlos desistir, parece ser un anticipo para ponerlos en alerta frente a las amenazas que vendrán.

Todas las lecturas nos permiten relacionar nuestra reflexión con la vida de San Ramón, un hombre que amaba su servicio pastoral y estaba convencido de la importancia que éste revestía. Por eso no lo amilanó la posibilidad de ir en rescate de los cautivos y ofrecer su propia vida, reiterando con su gesto generoso y sacrificial, la entrega de Cristo en la Cruz. Pero ni así, encarcelado y vendido como rescate, dejaba de predicar a Cristo. La perplejidad de los carceleros, los hacía adoptar medidas más crueles contra el pobre Ramón, torturas físicas, golpes, incluyendo el acallarlo cosiéndole los labios. Cristo había ganado en Ramón. Ninguna tortura podría contra su disponibilidad absoluta a la causa del evangelio.

San Ramón nos invita a procurar con insistencia que todos y todas podamos tener nuestra participación consciente y decidida en la evangelización, en el anuncio del Reino, presente entre nosotros. Como comunidad diocesana no podemos contentarnos con llegar a unos pocos con el Evangelio de Cristo, sino en procurar que muchos tengan vida, y la tengan en abundancia. Como San Ramón debemos ir hasta el fondo de nuestras posibilidades pastorales, para encontrar allí a Cristo y al hermano.

En el marco de nuestras respuestas como Iglesia particular, tenemos un instrumento pastoral precioso, fruto de la reflexión de todos y todas en la diócesis: nuestro Plan Pastoral Diocesano, que orienta precisamente nuestra actuación, a partir de sus objetivos específicos, cuidadosamente enunciados:

OBJETIVO ESPECÍFICO 1 Promover un auténtico espíritu de conversión, en orden a la comunión, a través del encuentro, la reflexión y fiesta de la comunidad.

OBJETIVO ESPECÍFICO 2 Promover el crecimiento del sentido de pertenencia a la Iglesia diocesana, de corresponsabilidad evangelizadora y de servicio al pueblo a través de una formación integral y permanente de todos.

OBJETIVO ESPECÍFICO 3 Promover el diálogo y el respeto mutuo asumiendo la diversidad de los pueblos y culturas de nuestra comunidad diocesana.

Estos objetivos exigen una pedagogía y un modo de realización de cada uno de ellos, y se traducen en programas pastorales, sencillos y verificables, ya propuestos en el mismo plan pastoral. Ciertamente, estamos en las mejores posibilidades para empezar con decisión y coherencia. Luego vendrá la evaluación, a los efectos de mejorar y profundizar los pasos dados, para lo cual contamos con los canales ordinarios de discernimiento pastoral que la diócesis tiene o volverá a tener a partir de esta nueva etapa: el consejo presbiteral, el consejo pastoral, los organismos técnicos y pastorales de la diócesis, la reflexión de las propias parroquias.

Queridos hermanos y hermanas: Celebrar la fiesta de San Ramón, nos invita a anunciar a Cristo en nuestra diócesis, proclamar con toda la fuerza de nuestras vidas, su voluntad de que todos y todas tengamos vida plena en Cristo. Con él, nos ponemos en marcha, con voluntad de perseverar en el camino trazado al servicio de la evangelización.

Que María, estrella de la Nueva Evangelización, nos ayude a partir sin demora (Lc. 1,39) en la misión.

 Mons. Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Homil?as
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