Viernes, 11 de septiembre de 2009

VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El Estado no es el dueño de la Vida

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - Con la reanudación de la actividad parlamentaria italiana, ha sido reabierto el debate sobre el llamado “testamento biológico”, que nosotros preferimos llamar “testamento de vida”. Con ello se ha puesto de nuevo en marcha la balanza de los equilibrios (o desequilibrios) entre quien sustenta que el actual proyecto de ley sería “demasiado clerical” y quién, al contrario, lo cree equilibrado y suficientemente respetuoso de la dignidad humana.
Un presupuesto, antes de cualquier otra reflexión, es aclarar que: legislar sobre la vida siempre es algo extremadamente complejo y delicado, nunca subordinado ni a eslóganes políticos ni a emociones sociales. Además se ha obligado a tal obra normativa únicamente por las nuevas circunstancias técnico-científicas permitidas por la medicina y, sobre todo, de las “tempestades de muerte” que parecen abatirse sobre nuestro país. Tempestades que es absolutamente urgente y preciso encauzar.
Cualquier Estado que no quiera convertirse en totalitario, tiene que aceptar el estar al servicio de la persona y ser expresión de la sociedad, por lo tanto nunca sobre ella, en ningún caso, y siempre y sólo como tutela de la integridad y la dignidad de cada ser humano. El Estado no es dueño de la vida, la cual, para los creyentes es un regalo del Creador y para los no creyente es, y permanece en todo caso, un misterio. La vida es un don y nadie está al origen ni es autor de la propia vida. En tal sentido, se postula la absoluta indisponibilidad a cualquier arbitrio, sobre todo el del Estado.
La única obra legislativa legítima, en tal sentido, es aquella tendente a defender la vida, a preservar su valor absoluto e indisponible, a tutelar su dignidad, a sustentar su desarrollo, sobre todo donde se encuentre de frente a experiencias de "vida herida" que, aunque no sea capaz de expresarse plenamente, es y permanece vida.
Nosotros, y muchos con nosotros, creemos que antes de dejar de preocuparse de quien tiene más necesidad, hay muchas otras cosas que el hombre tiene que dejar de hacer! Una sociedad que quiera decirse civil tiene el deber y el derecho de pedir al Estado, que es su expresión, de legislar teniendo siempre claro el principio del "favor vitae", por el que la vida goza, y tiene que gozar, del "favor" de la ley siempre y en todo caso.
En lugar de preocuparse de como permitirse matar impunemente a las personas que sufren, la ley debería prever estructuras adecuadas para acoger a tales personas, financiaciones generosas a quien se ocupan de ellos, renunciando a una profesión y a la propia existencia: hay padres y madres, maridos y mujeres, hermanos y hermanas que transcurren la vida junto a los propios seres queridos en el llamado "estado vegetativo persistente" y que son, a menudo, abandonados por el mismo Estado más preocupado en como "librarse" de los problemas, complaciendo cierta cultura nihilista, que de como llegar al menos a acompañarles, acogiéndoles y también sustentándoles económicamente en las implicaciones necesarias.
Quien sabe de veras cuidar del otro, y del otro más necesitado y sufriente, merece la más grande atención y ayuda, no sólo social y legal, sino también cultural, ya que vibran en estas personas la mejor energía de la humanidad, es esta la mejor parte del hombre: aquella que, "se olvida de si", diría san Pablo, es capaz de amar y donarlo todo, en el silencio y en la fidelidad.
El Estado, cada Estado, esté solo y únicamente al servicio de la vida, no se conciba nunca dueño de ella, también por su propia supervivencia, porque cada hombre sano, entre el Estado y la vida, siempre elegirá la vida. (Agencia Fides 10/9/2009)


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