S?bado, 12 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán en la misa que dio comienzo a la novena del Señor y la Señora del Milagro de Salta. (AICA)
(6 de septiembre de 2009)

 NOVENA AL SEÑOR Y LA SEÑORA DEL MILAGRO

Textos bíblicos
Isaías 35, 4-7ª
Carta del apóstol Santiago 2, 1-5
Marcos 7, 31-37

 Mis queridos hermanos y hermanas,

Me siento muy feliz de estar entre Uds. una comunidad tan viva y cercana al corazón del obispo, atenta a las distintas iniciativas y actividades diocesanas. Muchas gracias por esta invitación a comenzar juntos la novena de la fiesta grande del pueblo salteño.

Las lecturas bíblicas hoy, nos llaman a considerar la acción de Dios que quiere la vida plena de sus hijos. Así, los signos mesiánicos en Isaías se hacen patentes en la vista devuelta al ciego, el andar feliz del que renguea y la posibilidad de la palabra viva y cantora del mudo.  Dios es capaz de eso y de muchas otras cosas porque quiere al hombre, y lo quiere bien. Toda plenitud viene de Él y a Él hay que pedírsela.

En el extremo contrario pone Santiago a quien hace acepción de personas. Se trata de aquellos hombres y mujeres que juzgan por las apariencias y dejan afuera al que es pobre o necesitado, solamente por lo poco o nada que tienen, en vez de preocuparse, escucharlos, y atender a sus necesidades.

El Evangelio nos habla del sordomudo recuperado por la acción de Jesús. Con una descripción bien detallada, el evangelista nos muestra a Jesús abriendo con sus propios dedos los oídos sordos y mojando con su  saliva, la lengua muda. Ese hombre oirá por fin cuanto Dios quiere decirle a través de su hijo Jesús, y su boca proclamará feliz la Palabra viva que le ha sido comunicada. Este momento de salvación para el sordomudo, lo recordamos al final del rito del bautismo para indicar la misión del nuevo cristiano: anunciar la buena noticia del Reino de Dios.

Podemos decir que en este mes bíblico, Dios quiere que nuestra pequeña palabra humana sea capaz de recibir y proclamar aquella Palabra de Vida que nos deja Jesús como testamento y compromiso de vida. Como aquel sordomudo, llenos de ganas, digamos cuánto ha hecho Dios por nosotros y cuánto espera de nuestra sociedad, para que sea libre de exclusiones injustas y acepciones donde se margina a personas y familias pobres. La saliva de Jesús nos sigue urgiendo desde el santo bautismo que nos fue regalado como don de su gracia.

En esta novena al Señor y la Virgen del Milagro, quiero invitarlos a vivirla como un tiempo de Dios en sus vidas. Venimos de la feliz y vibrante celebración de San Ramón, nuestra fiesta patronal y resuenan en nuestras vidas la invitación a llevar adelante nuestra tarea de bautizados, de unirnos a una evangelización más audaz y creativa, a tono con el Plan Pastoral de nuestra Diócesis. Identificados con el Señor y la Virgen del Milagro, queremos celebrar el don de la Vida como un maravilloso intercambio que nos impulsa a vivir según su proyecto de amor fraterno y solidario.

En estos días hemos estado reunidos los sacerdotes diocesanos y religiosos de la diócesis de la Nueva Orán. Para mí como obispo, ha sido la posibilidad de conocer a nuestros sacerdotes un poco más y a través de estos queridísimos colaboradores, a Uds., las parroquias y las áreas pastorales de nuestra diócesis. Quedé muy impresionado y feliz de ver, en un clima de diálogo abierto y fructuoso, cuánto se hace en nuestras parroquias y en nuestra diócesis y cómo podemos multiplicar estas presencias, trabajando juntos, decididamente convencidos de nuestra misión al servicio del Pueblo de Dios.

Ayer visité a los seminaristas que estudian en Tucumán. Compartí con ellos y sus compañeros la celebración de la Eucaristía y conversé con nuestros jóvenes que se preparan para ser sacerdotes. Los vi alegres y bien comprometidos con sus estudios y convivencia. Agradezco el servicio que la Arquidiócesis de Tucumán y sus formadores prestan a nuestra Iglesia. Que Dios los bendiga y acompañe en su difícil pero promisoria tarea.

Más tarde, compartí una larga jornada con los consagrados y consagradas del NOA, en San Miguel de Tucumán, “convocados y convocadas a la mesa del Reino, donde hay lugar para todos”. La reflexión partió fundamentalmente de la meditación de la Palabra de Dios y teniendo en cuenta a la mesa como símbolo, se fueron considerando distintos aspectos de la vida consagrada en nuestra región. Les agradezco a nuestros religiosos y religiosas, la cálida acogida que me supieron dispensar, dándome la oportunidad de sentirme hermano y compañero de camino en su búsqueda de dar una respuesta fiel a su llamada vocacional.

La próxima semana partiré hacia Roma, la ciudad Eterna, para participar del Curso para nuevos Obispos, que la Santa Sede pone a disposición de los que hemos sido ordenados obispos en este último año, para estudiar algunos temas significativos de nuestro ministerio. Es un servicio que el Santo Padre Benedicto XVI presta a los obispos para fortalecer nuestros primeros pasos como pastores de nuestras Iglesias particulares. Será la oportunidad para mí, de participar con los demás obispos argentinos y de todo el mundo, recientemente ordenados, de esta experiencia de comunión eclesial. Me encomiendo a Uds. para que recen por nosotros, los obispos argentinos, para que éste curso sea la oportunidad de crecer en nuestro servicio pastoral. Ayudado por Pedro, quiero responder con docilidad a la invitación de Jesús de navegar mar adentro en mi misión.

Al Señor del Milagro, los confío para que los cuide en mi ausencia. Su amor crucificado florezca en sus corazones fieles. ¡Que su Santísima Madre sea consuelo y auxilio en sus pesares y luz para el camino de cada día!

Mons. Marcelo Daniel Colombo, obispo de Orán


Publicado por verdenaranja @ 22:51  | Homil?as
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