Lunes, 14 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la misa por el Día de la Vida Consagrada. (AICA)
(8 de septiembre de 2009)


peregrinación arquidiocesana
al santuario de san Nicolás
 

Queridos hermanos:

Gracias por estar hoy aquí. Ustedes han venido a este querido Santuario de San Nicolás, por su fe y su amor a la Virgen del Rosario, para pedir y agradecer. Gracias por peregrinar, por su esfuerzo, y por su constancia a lo largo del camino. Dios seguramente lo va a retribuir, ya lo esta retribuyendo, el ciento por uno.

"¡Qué hermoso es estar aquí reunidos en nombre de Cristo, en la fe; en la farternidad, en la alegría, en la paz, en la oración con María, la Madre de Jesús (Hech.1,14)" (Benedicto XVI, Al final del Rezo del Rosario, 12.V.2007).

1. Este Evangelio que leímos nos muestra a Jesús y a sus discípulos caminando alrededor de los poblados de Cesarea de Filipo. Jesús anuncia su Evangelio; y quiere conocer qué piensan de Él…, y cómo reciben al que viene a traer la salvación. Nosotros como Pedro, que lleno de fe le dice: Señor eres el Mesías; también queremos decirle con nuestra fe, Jesús eres nuestra esperanza y nuestro único salvador.

El Señor les señala el camino de la pasión y de la cruz; que va a seguir para resucitar tres días después. Seguir a Jesús en este camino, es la condición que nos ofrece para seguirlo como discípulos.

La enseñanza de saber que alguien da la vida por nosotros, de que no se resiste ni se vuelve atrás, como dice la primera lectura, era una exigencia difícil de aceptar e imitar para quienes querían seguir a Jesús; como también hoy lo es para nosotros.

Sin embargo, quien quiera seguirlo, y resucitar a la vida nueva, debe primero aprender a llevar la cruz. El camino de la cruz es un paso obligado para poder ser su discípulo. Un ejemplo para todos fue la peregrinación. Todos sentíamos en el corazón un fuerte deseo de caminar, de peregrinar; pero la experiencia se hizo dura a medida que llegaba la noche. Cada uno pudo ofrecer una parte del camino o todo el camino, medir sus propias fuerzas; pero aún así, el camino se hizo difícil, y lo ofrecimos por alguna intención.

“Yo no me resistí, ni me volví atrás”. Entonces la prueba se transforma en vida. El camino de la cruz, culmina en la Resurrección. Su ejemplo nos enseña que, quien da, puede recibir; quien perdona, puede ser perdonado; quien ama, puede ser amado.

Pedro no comprende ni acepta este camino; como muchas veces nosotros no lo entendemos ni lo aceptamos. Pero la sabiduría de Dios nos enseña a cambiar nuestra vida, a superarnos con su gracia en el camino, a confiar en Dios, como lo hicieron muchos de ustedes a lo largo de esta noche. Y encontrarnos con Jesús resucitado que le da el verdadero sentido a nuestra vida.

La familia de Jesús, la Iglesia que somos nosotros, también está llamada a seguir este camino; y por eso aunque no sea comprendida, está debe anunciar y continuar los pasos del Señor. Muchos santos han dado la vida y la dan en tantas partes del mundo por seguir a Jesús. Por la cruz, que es una escuela de amor, a la vida.

Queremos que nuestra Iglesia diocesana de Rosario siga los pasos de Jesús, como se hizo en la peregrinación. Anunciando y viviendo su verdad, con su Palabra; perdonando como lo hizo el Señor, con su amor; recibiendo el pan partido de su cuerpo inmolado, con una misma fe; estando cerca del que sufre y del necesitado, con su solidaridad.

2. Hoy es la campaña Más por Menos. También seguir a Jesús, como nos dice la Doctrina Social de la Iglesia, es ser solidario con nuestros hermanos.

Es un llamado a pensar y hacer algo por ellos: más solidaridad por menos exclusión. Este llamado que hacemos a todos los hombres de buena voluntad, tiene por finalidad estar al lado del que sufre y acompañarlo para que nadie quede excluido; excluido de la posibilidad de comer, de cuidar su salud, excluido de tener una vida digna, o de la posibilidad de conocer a Dios. Cualquier pobre excluido de comer en un país bendecido como el nuestro es un gran mal; pero también cualquier excluido de algo necesario, bueno y verdadero, puede llegar a ser una injusticia.

Por eso, como una reflexión ulterior, no pensemos, que excluidos pueden ser solo necesariamente los que están más lejos o enfrente mío: cualquiera de nosotros, o de nuestra familia puede ser el excluido, si se lo menosprecia, si hay falta de respeto por el otro, si se desmerecen las instituciones, si no podemos vivir fraternalmente en la cultura recibida, si nuestras leyes no son justas, es decir promulgadas para lo bueno y verdadero

También cualquiera puede ser excluido si pierde la vida, a causa de la droga o de la inseguridad; cualquiera puede ser excluido si se le impide vivir como persona, o se le impide rezar. Pidamos que todos los hombres y mujeres dispuestos a vivir estas enseñanzas a la luz del Evangelio, ayudemos a alcanzar menos exclusión y más solidaridad, y podamos todos construir la Patria, enriquecidos por medio de un diálogo claro, y sincero, afable, y verdadero.

Al cumplir la diócesis de Rosario LXXV años de vida, queremos renovar el compromiso y la fidelidad a este camino, viniendo al Santuario mariano de San Nicolás, que lleva el mismo nombre del Rosario, como nuestra Madre y Patrona; y preparar así nuestro corazón para celebrar el próximo 7 de octubre, con ustedes y sus familias, jubilosamente su día.

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario


Publicado por verdenaranja @ 23:16  | Homil?as
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