Martes, 15 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo de Tucumán,  en la misa al inaugurarse la Expo Tucumán 2009 en los predios de la Sociedad Rural de Tucumán. (AICA)
(11 de septiembre de 2009)

Expo Tucumán 2009 

Queridos hermanos:

1. Saludo a todos los miembros de la Sociedad Rural, a sus familias y a todos los trabajadores del campo. La tierra es un don de Dios confiado al hombre desde el principio. Es un don de Dios confiado al hombre para sustentar la vida que el Señor ha creado. Pero la tierra no es sólo un don de Dios, es también una responsabilidad del hombre. El hombre fue constituido como su dueño y señor (ver Gén. 1,26), en orden a producir fruto. Así fue deseo de Dios que el alimento, que iba a mantener la vida en la tierra, fuese a la vez “fruto de la tierra y del trabajo del hombre”. La Iglesia honra el trabajo, lo alienta y lo bendice porque en él ve el instrumento de la colaboración humana y la expresión visible de los vínculos de fraternidad. El trabajo, en efecto, constituye una elevada misión para el hombre que colabora con Dios, del que recibió los bienes de la tierra para cultivarlos y hacerlos prosperar. El trabajo es un derecho humano fundamental. El hombre y la mujer, mediante el trabajo, transforman la naturaleza, colaboran con Dios Creador, y, a la vez, se transforman a sí mismos, creciendo en humanidad. Pero, muchas veces, el trabajador queda excluido del bienestar, de la seguridad social, hay alarmantes desigualdades económicas no resueltas. La Iglesia está preocupada por los que no tienen una ocupación estable y están expuestos a angustiosos interrogantes sobre el porvenir de su familia.

2. Recientemente el Papa Benedicto XVI ha publicado la Encíclica Social Cáritas in Veritate sobre el desarrollo humano integral. Esta Encíclica es heredera de una tradición de documentos papales, iniciada en 1891 con la Rerum Novarum de León XIII. Como las otras Encíclicas sociales, este documento continúa y profundiza el análisis y la reflexión de la Iglesia sobre temas sociales de vital interés para la humanidad. Esta nueva Encíclica Social retoma el pensamiento de la Populorum Progressio, del Papa Pablo VI y publicada en 1967, en donde se sostiene que la Iglesia tiende a promover el desarrollo integral del hombre (CV, 8 y 11). Benedicto XVI afirma que “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende «de ninguna manera mezclarse en la política de los Estados». No obstante, tiene una misión de verdad que cumplir en todo tiempo y circunstancia en favor de una sociedad a medida del hombre, de su dignidad y de su vocación” (nº 9). En este sentido recuerda los grandes principios que resultan indispensables para construir el desarrollo humano integral (nº 10-20).

3. El Papa nos recuerda que las esferas de la economía y de la técnica deben estar vinculadas al bien común y reguladas por la ética (ver nº 70). La crisis que ha golpeado a la economía mundial confirma la necesidad de una relación entre ética y economía. Un modelo en el que los operadores consideren lícito cualquier movimiento éticamente intolerable no puede ser modelo para el crecimiento del mundo. Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral. Un desarrollo de larga duración no es posible sin la ética. Limitándose a un solo ejemplo, el Papa nos dice que el mero fenómeno de la globalización, de por sí, no hace a los hombres hermanos (ver nº 19), por eso es evidente que son necesarias reglas y normas que la regulen (ver nº 41-42). El Papa propone una auténtica conversión social: se trata de asumir solidariamente la responsabilidad por el bien común, porque tanto en la economía como en la política hacen falta hombres rectos, que estén sinceramente atentos al bien común.

4. La Encíclica sostiene que “la ganancia es útil si, como medio, se orienta a un fin que le dé un sentido, tanto en el modo de adquirirla como de utilizarla. El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza” (nº 21).

El Papa nos llama a tomar conciencia de que se sigue produciendo el escándalo de las disparidades hirientes. Por ejemplo, allí donde algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora. Muchas veces las empresas, con el objetivo de obtener mayores ganancias, han llevado a la reducción de la red de seguridad social en detrimento de los trabajadores (ver nº 25). Benedicto XVI también llama la atención sobre el hecho de que “estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales, con graves daños en el plano psicológico y espiritual” (nº 25). Y recuerda a todos que el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad, pues como dice el Concilio Vaticano II: “El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económico-social” (GS, 63).

5. Un mensaje importante que nos trasmite la Encíclica es la invitación a superar la dicotomía entre la esfera de lo económico y la esfera de lo social. La modernidad nos ha dejado en herencia la idea según la cual para poder operar en el campo de la economía es indispensable buscar el beneficio y moverse sobre todo por el propio interés. Esto equivale a decir que no se es plenamente empresario si no se persigue la maximización del beneficio. En caso contrario, habría que contentarse con formar parte de la esfera social. Esta conceptualización ha llevado a identificar la economía como el lugar de la producción de la riqueza y lo social como el lugar de la solidaridad. La Encíclica del Papa Benedicto XVI nos dice, en cambio, que se puede hacer empresa también cuando se persiguen fines de utilidad social y se actúa por motivaciones de tipo pro-social (nº 34-70). Una gestión económica que no incorporase en su interior la dimensión social no sería éticamente aceptable. Es preciso superar la concepción práctica según la cual los valores de la Doctrina Social de la Iglesia únicamente deberían encontrar espacio en las obras de índole social, mientras que a los expertos en eficiencia les correspondería la tarea de guiar la economía.

6. El sector agropecuario viene padeciendo, desde hace mucho tiempo, una difícil situación. La persistencia del conflicto y la incapacidad de resolverlo constituyen un signo de debilidad institucional. Circunstancias como éstas, en definitiva, perjudican a los más pobres. Quiero, una vez más, exhortar al diálogo, que es el gran instrumento de construcción y consolidación de la democracia. Como nos recuerda la Doctrina Social de la Iglesia: “Quienes tienen responsabilidades políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 410).

Queridos hermanos: El Evangelio nos recuerda que no sólo de pan vive el hombre: no sólo con bienes materiales puede satisfacer la profunda sed de su corazón. El horizonte del hombre es más alto, por eso todo programa de desarrollo debe tener presente, junto al crecimiento material, el crecimiento espiritual. Éste es el desarrollo integral del que habla la Iglesia.

Encomendemos estas intenciones a la intercesión materna de la Virgen María, Madre de Jesús y nuestra Madre.

Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo Tucumán

 

 


Publicado por verdenaranja @ 23:01  | Homil?as
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