Mi?rcoles, 16 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el vigésimo cuarto domingo durante el año. (AICA)
(13 de septiembre 2009)

 “¿Quién dicen que soy Yo?”

I. “Tú eres el Mesías”

1. El evangelista Marcos, desde el comienzo, presenta a Jesús como el Mesías: “Comienzo del Evangelio de Jesús, Mesías, Hijo de Dios” (1,1). Pero lo que nos parece tan obvio a los cristianos modernos, fue un lento descubrimiento por parte de los discípulos, y no sin tropiezos. Marcos insiste, con frecuencia, en que los discípulos no comprenden. Pocos versículos antes de la lectura de hoy, cuenta cómo los discípulos no entienden que con Jesús nunca les faltará el pan, y que, más bien, deben preocuparse de no corromperse con la levadura de los fariseos, dejando de ser harina pura (Cf. Mc 8,14-21).

2. Finalmente, pareciera llegado el momento de la madurez de los discípulos. Jesús les pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” (v.27). A lo cual responden con los rumores escuchados: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas” (v. 28). Jesús les pregunta, entonces, qué piensan ellos: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. Pedro responde seguro: “Tú eres el Mesías” (v. 29). 

II. Jesús no es el Mesías de nuestras fantasías

3. La reacción de Jesús nos parece inexplicable: “Les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él” (v. 30). Esta prohibición aparece a lo largo de todo el Evangelio de Marcos. Y ello, porque si bien Jesús es el Mesías, no es el Mesías que la gente y los discípulos fantaseaban. Lo cual se ve en la escena siguiente: “Y comenzó a enseñarles que el Hijo de hombre debía sufrir mucho,… ser condenado a muerte y resucitar después de tres días” (v. 31). Pedro, molesto por lo dicho por Jesús, “llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo” (v. 32). Pero Jesús no se dejó intimidar. Primero exhortó a Pedro a dejar de ser un tentador (“Satanás”) y a seguirlo como discípulo: “¡Retírate, ve detrás de mi, Satanás!” (v. 33). Y luego, “llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: ‘El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga'” (v. 34).

4. A lo largo de la historia del cristianismo ha habido fantasías en torno a Jesús el Mesías, presentadas con diversos ropajes, prestados de ideologías en boga, que han estorbado la evangelización. Y para no hablar en forma vaga: uno mismo se ha visto afectado por dichas ideologías. Hoy me sonrío cuando me veo a los quince años gritando en una marcha por la calle Florida: “Cristo rey triunfará en la Universidad”. Y recuerdo con dolor cuando, a fines de los años 60 y comienzos de los 70, se lo proponía a Cristo como prototipo de revolucionario. 

 III. “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí…”

5. No pensemos que las ideologías hayan caducado, o dejado de afectar a los cristianos. O que no puedan surgir otras, externas o internas a la Iglesia.

Una ideología interna, es pensar que ser discípulo de Jesús es conocer mucho de él. Y que uno se salva por el conocimiento. Una especie de gnosis. Y no. No es lo mismo ser un alumno aventajado de teología que ser discípulo de Cristo. Ni basta para ello ser un agente pastoral muy activo. Si bien algunos discípulos tenemos la obligación de conocer mucho de Cristo y de ser agentes activos, no somos discípulos por ello. Lo somos sólo si seguimos a Jesús detrás de sus pasos, renunciando a nuestra visión de las cosas, asumiendo su modo de pensar, sentimientos y actitudes. Lo cual dura toda la vida.

 6. Aquí convendría preguntarse: ¿en qué se basan nuestras comunidades cristianas? ¿Sobre alguna ideología de dominio temporal de Cristo? ¿Sobre el conocimiento teológico? ¿Sobre la adopción de un método o iniciativa pastoral que se promete eficaz? 

 IV. La misión continental

7. La reunión de los obispos latinoamericanos en Aparecida, reunida bajo el lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en él, tengan vida”, ha sido una gracia de Dios para nuestra Iglesia. Discípulos y misioneros son dos aspectos inseparables de una misma vocación. Somos misioneros de Jesucristo si somos sus discípulos. Y somos sus discípulos si somos sus misioneros.

Sin embargo, séame lícito expresar dos temores: a) que se piense que primero tenemos que ser discípulos, y sólo, en un segundo momento, podremos ser misioneros; b) que caigamos en la tentación de pensar que ya somos discípulos, y que lo que nos falta es ser más misioneros.

 8. Dada la cultura del “hacer” en que vivimos, estimo que la segunda tentación es hoy más aguda. No nos damos cuenta que no siempre somos buenos misioneros porque no somos buenos discípulos. Falla en nosotros el estar junto a Jesús, por la oración y la escucha amorosa de su palabra. Dos actitudes que en Aparecida son fundamentales. Como dice la reciente carta pastoral de los Obispos: “La relación que une al discípulo-misionero con Jesús no es, en primer lugar, de orden intelectual, sino la adhesión a su Persona por la fe”. ¿Es esta la relación que fieles y pastores proponemos en toda acción pastoral?

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia


Publicado por verdenaranja @ 23:56  | Homil?as
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