S?bado, 19 de septiembre de 2009

Carta pastoral de monseñor Aurelio José Kühn Ofm, obispo prelado de Deán Funes. (AICA)
(8 de septiembre de 2009)


carta del obispo 

"Señor, sálvanos, que estamos perdidos" (Mt.8,26)
 

Hermanos sacerdotes y fieles. Paz y Bien.

Los discípulos, buenos conocedores del mar, tuvieron miedo ante el mar enfurecido, y despertaron a Jesús, que dormía sobre la barca (Mt.8. 26).

En este momento, sobre nuestra sociedad, sobre las familias, sobre las instituciones y las personas, arrecian fuertes tempestades. Y estamos aquejados también por el miedo, la desesperanza y la incertidumbre frente al futuro, especialmente el futuro de las jóvenes generaciones.

¿Será que Jesús duerme? ¿Qué Dios está en silencio y distante de las vidas de los hombres? Más bien es lo contrario. Dios está gritando a voces al hombre para que despierte y cambie el rumbo. Como el sordomudo del Evangelio, necesitamos que Jesús nos abra los oídos para escuchar, nos abra los ojos para ver lo que nos pasa, y la boca para anunciar la verdad.

El hombre parece que quiere resolver sus problemas al margen del camino señalado por el Señor, los mandamientos. Aún más, por lo que leemos en los diarios, son muchos los que niegan a Dios, y se erigen en señores, en maestros, como si fueran dueños de la verdad, de los bienes de la tierra y de la misma naturaleza. Les interesa más el poder, el lucro y satisfacer todos sus gustos efímeros, que salvarse a sí mismos junto con los demás. Con muchos argumentos, verdaderos sofismas, confunden, desorientan, amenazan, y al final, llevan a la sociedad a un callejón sin salida.

Es urgente, pues, una toma de conciencia de nuestra realidad y una actitud positiva, abierta y esperanzadora. La Palabra de Dios anunciada en estos días nos invita a confiar: "Digan a los desalentados: sean fuertes, no teman, ¡Ahí esta su Dios!... El mismo viene a salvarlos" (Is.35, 4-7). Y el pueblo proclamaba a Jesús, en el colmo de la admiración: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos" (Me. 7, 31-37).

Como los discípulos, que frente a la furia del viento y del mar despiertan a Jesús y le gritan: "Señor, sálvanos, que nos hundimos", también nosotros hoy necesitamos gritarle al Señor en una súplica sincera, ferviente y perseverante, acompañada por una actitud sincera y firme voluntad de realizar un cambio, una conversión del corazón y de la vida.

Para eso convoco a los sacerdotes y fieles de las parroquias y capillas, a orar y hacer, juntos, un camino de conversión, y de compromiso de abrir una puerta a la esperanza. Les propongo:

* Orar por nosotros los sacerdotes, en este año sacerdotal. Por nuestra santificación y fiel servicio al pueblo de Dios. Y para que la Palabra de Dios sea más conocida, aceptada y vivida como fuente de libertad y alegría. Aprovechar la novena del Año Sacerdotal, que se ha enviado a las parroquias.

* Orar por una pronta y abundante lluvia. Es muy grande el sufrimiento y el empobrecimiento de nuestra gente del campo. Entre la larga sequía,  los  fríos  intensos, los fuertes vientos, el calentamiento global y tantas actitudes cerradas, se ha generado una verdadera situación tormentosa, que nos lleva a clamar: "Señor, sálvanos que estamos perdidos". Confiamos en la misericordia y providencia de Dios. Y esperamos en la disponibilidad e iniciativa de cada comunidad sobre la forma comunitaria de dirigir nuestra oración al Señor.

 * Orar por la fidelidad de los esposos y la estabilidad de las familias. También es muy fuerte la crisis en las familias. ¡Por qué tanta frialdad, dureza y cerrazón en las relaciones interpersonales? ¿Por qué tantas violencias y rupturas? ¿De dónde proviene la ansiedad y el desánimo? ¿Por qué tienen que haber tantos hijos sufriendo el abandono y la carencia del amor paterno y/o materno? ¿Quién convence hoy a los jóvenes y adultos que formar una familia estable y feliz exige una preparación larga y responsable? Ejercer tres profesiones al mismo tiempo, y tres profesiones no fáciles, como ser esposos, padres y educadores, exige para quien se considera una persona responsable, una larga y seria preparación. Tratemos ahora de remediar los males y llenar los vacíos. Es una tarea pendiente. Organicemos en las parroquias encuentros formativos o correctivos. Comencemos por reconocer nuestros límites y busquemos ayuda. Seguramente no serán suficientes los paliativos. El programa de la misión diocesana puede darnos canales interesantes para esta tarea formativa, siempre que superemos la pereza y la indiferencia.

* Orar y trabajar por erradicar de nuestra sociedad las causas que amargan a tantas personas, familias y comunidades, y crean la sensación de que somos una sociedad que se desintegra, un país en decadencia. Hablamos de erradicar la pobreza. ¡Pero si no somos un país pobre! Sí. Se muere de hambre en el Dais donde abunda el trigo y el pan! ¿Cuáles son las verdaderas causas de esta situación?

En la oración por la Patria rezamos: "Queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común". ¿Cuál será nuestra actitud y cómo responderemos para erradicar las causas del mal que sufrimos? Vemos muchos males: la pobreza real, y la ambición desmedida, la infidelidad y la violencia familiar y social, el tráfico corruptor e impone de la droga, de las personas, de influencias. Vemos incluso, con dolor, que en lugar de querer erradicar el mal, se buscan más bien canales para justificarlo legalmente o liberarlo.

El Mensaje de los Obispos de noviembre del año pasado decía: "Creemos estar ante una oportunidad única. Podemos aprovecharla, privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con nuestros intereses egoístas y posturas intransigentes que nos fragmentan y dividen" (Hacia un tricentenario en justicia y solidaridad, n.12). Queremos "ser portadores de buenas noticias, y no profetas de desventuras" (D Aparecida, n 30). Necesitamos mayor sabiduría y verdadera prudencia para ver y encarar los problemas y males que enlutan y afligen a nuestro pueblo. También aquí, en las parroquias, hay que crear instancias de reflexión y oración, y que el Señor venga en nuestra ayuda.

* Finalmente, orar para que  seamos  más  solidarios entre nosotros. El domingo 13 de septiembre es la jornada de la colecta Más por menos (+ x -), con este lema: Más solidaridad x menos exclusión. Como decía San Juan el Bautista: "Que Cristo crezca y yo disminuya" (Jn 3,30). Que el hermano crezca, aunque yo quede en un segundo puesto. ..Surgen también muchas preguntas. ¿Qué nos traba el crecimiento, cuando son tantas las oportunidades que se nos ofrecen? ¿Cómo podemos superar el individualismo, la avaricia, el desgano y alentar el    trabajo digno? ¿Cómo cultivar la cultura de la responsabilidad y de la solidaridad? El próximo domingo 13 de septiembre será una hermosa oportunidad para conversar sobre este tema y tender una mano solidaria.

Hermanos, he compartido esta reflexiones con ustedes, porque veo la urgente necesidad de intensificar la oración pero también la acción concreta. Tenemos la esperanza que con motivo de la misión diocesana, que no tiene tiempo fijado para la finalización, podamos abrir nuestra mente y corazón, dejamos iluminar por el Señor y aportar una luz de esperanza a nuestro pueblo, y reafirmar su voluntad de renovarse y crecer.

Ruego al Señor y a María, nuestra Madre del Cielo, por lodos ustedes. Dios los bendiga y guarde. 

 Mons. Aurelio José Kühn OFM, obispo prelado de Deán Funes
Deán Funes, en la fiesta de la Natividad de María


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Hablan los obispos
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