Jueves, 24 de septiembre de 2009

Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia para el vigésimo quinto domingo durante el año. (AICA)
(20 de septiembre 2009)


“El Hijo del hombre va a ser entregado” 

I. “Los discípulos no comprendían esto”

1. Como vimos el domingo pasado, a partir de la profesión de fe de Pedro en el Mesías, Jesús comenzó a enseñar sobre su pasión, muerte y resurrección. Esto escapaba tanto a las expectativas de los discípulos, que Jesús hubo de insistir en ello por segunda vez: “Les decía: ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará’” (Mc 9,31). El evangelista Marcos comenta: “Los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas” (Mc 9,32).

2. En la lectura del Evangelio de hoy, hay algo más. Los discípulos, además de no comprender, se comportan de manera totalmente contraria a la enseñada por Jesús, como si fuesen chiquilines: “Una vez que estuvieron en la casa, Jesús les preguntó: ‘¿De qué hablaban en el camino?’ Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande” (vv. 33-34).

Dentro de cuatro domingos, Marcos volverá insistir con un tercer anuncio por parte de Jesús, y con no mejor éxito, pues los discípulos continuarán con sus enfoques mezquinos “Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo” (Mc 10,32).

3. El saldo de la insistente enseñanza de Jesús es patético. En el primer anuncio que Jesús hizo de su pasión, fue especialmente Pedro el que se resistió a aceptarlo. En el tercero, serán los apóstoles Santiago y Juan. En la lectura de hoy, los que no comprenden son todos los apóstoles. Mientras Jesús les hablaba de pasar por la humillación de la cruz, ellos buscaban su pequeña gloria: individual “Habían estado discutiendo sobre quién era el más grande” (Mc 9,34).

II. Los cristianos de hoy ¿comprendemos?

4. Una manera muy nuestra de leer estos pasajes sería contentarnos con hacer una caracterización psicológica de los apóstoles. Con lo cual, tampoco nosotros entenderíamos nada del mensaje evangélico. Todas estas escenas han sido escritas por Marcos como “Evangelio” para su comunidad. Es decir, como anuncio de salvación que dice: “lo que sucedió ayer con los apóstoles de Jesús, puede estar sucediendo hoy en la comunidad eclesial que estoy catequizando”. Y fue legado como “Evangelio” para todas las Iglesias del futuro, incluidas las de hoy, para que todas ellas se hagan el mismo planteo. ¿Nos lo hacemos?

III. “Discípulos y Misioneros” de la Cruz de Cristo

5. Los obispos latinoamericanos, reunidos en Aparecida, han subrayado dos aspectos inseparables de la vida del cristiano: “discípulos” y “misioneros”. Los dos están profundamente enraizados en la Cruz de Cristo. Así nos lo hizo ver Jesús desde su primer anuncio, cuando, después de anunciar su muerte por la cruz, exhortó a sus discípulos a seguirlo por el mismo camino: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mc 8,34). Así lo vivió Pablo, el más esforzado de los apóstoles, como les confidenció a los corintios: “Cuando los visité para anunciarles el testimonio de Dios…, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado” (1 Co 2,1-2). Así, también, nos lo recuerdan los Obispos argentinos en la reciente carta pastoral: “El anuncio de la verdad de Jesucristo es y será siempre `signo de contradicción’”.

6. Dispuestos a ser “discípulos” y “misioneros”, conviene que volvamos permanentemente nuestra mirada a Jesús, que nos anima a seguir su camino. Aunque a muchos pueda parecerles ya lejana, conviene volver a escuchar la reflexión que la Iglesia, conducida el Espíritu de Dios, hizo sobre esto durante el Concilio Vaticano II: “Mas como Cristo cumplió la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia es llamada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación. Cristo Jesús, ‘existiendo en la forma de Dios, se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo’ (Filp 2,6) y por nosotros ‘se hizo pobre, siendo rico’ (2 Cor 8, 9); así la Iglesia aunque en el cumplimiento de su misión exige recursos humanos, no está constituida para buscar la gloria de este mundo, sino para predicar la humildad y la abnegación incluso con su ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a ‘evangelizar a los pobres, y levantar a los oprimidos’ (Lc 4,18), ‘para buscar y salvar lo que estaba perdido’ (Lc 19,10); de manera semejante la Iglesia abraza a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades, y pretende servir en ellos a Cristo. Pues mientras Cristo, santo, inocente, inmaculado (Heb 7,26) no conoció el pecado (2 Cor 5, 21), sino que vino a expiar sólo los pecados del pueblo (cf. Heb 2,17), la Iglesia, recibiendo en su propio seno a los pecadores, santa al mismo tiempo que necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación...” (LG 8).

Mons. Carmelo Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Homil?as
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