Martes, 06 de octubre de 2009

VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El cambio antropológico: la primacía del “recibir” sobre el “hacer” La vuelta antropológica:

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - La “Caritas in Veritate”, la última Carta Encíclica de Papa Benedicto XVI, ha ocupado durantes días las páginas de los periódicos, con atención sobre todo a las posibles indicaciones económicas y sociales que, de ella, se habrían podido sustraer. Sin embargo, el texto afirma explícitamente que “la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer”; tarea que, por otro lado, excedería sea del mandato misionero confiado a los Apóstoles y a sus sucesores, sea del estatuto epistemológico de la misma Doctrina social de la Iglesia, la cual, como ha indicado claramente el Siervo de Dios Juan Pablo II en la encíclica Centesimus Annus, es una disciplina teológica que se adhiere a la teología moral.

Si no os se encuentran soluciones técnicas, en vano buscáis, ¿cuál contribución puede ofrecer la encíclica papal? Al interno de varias reflexiones sobre los diferentes ámbitos de la Doctrina social de la Iglesia y entre las consideraciones ofrecidas, una parece ser de particular relieve porque, más allá de la emergencia económico contingente, delinea lo que debería ser un real “cambio antropológico”: una concepción del hombre capaz de recobrar la relación con la realidad, sea a nivel noético, (de las capacidades de conocimiento) sea, por consecuencia, a nivel ético (por el obrar).

El “cambio antropológico” propuesto por el Santo Padre consiste en la “primacía del recibir sobre el hacer”. Afirma la encíclica: “La caridad en la verdad pone al hombre delante de la asombrosa experiencia del don. La gratuidad está presente en su vida en múltiples formas, no reconocidas a menudo a causa de una visión sólo productivista y utilitarista de la existencia. El ser humano está hecho para el don, que expresa y actúa la dimensión de transcendencia. A veces el hombre moderno está convencido erróneamente de ser el solo autor de si mismo, de su vida y de la sociedad. […]El don por su naturaleza supera el mérito, su regla es la excedencia. Ello nos precede en nuestra misma alma cuál señal de la presencia de Dios en nosotros y de su espera por nosotros. La verdad, que al par de la caridad es don, es más grande que nosotros, como enseña san Agustín. También la verdad de nosotros mismos, de nuestra conciencia personal, nos “es dada” antes de anda. En cada proceso cognoscitivo, efectivamente, la verdad no es producida por nosotros, sino siempre encontrada o, mejor, reciba. Esta como el amor, no nace del pensar y del querer pero en cierto modo se impone al ser humano” (CV n. 34).

El contemporáneo clima cultural, sobre todo en Occidente, parece tener completamente olvidado la lógica del don, de la total gratuidad, hasta el punto que el hombre no logra ya percibirse como “don”, envuelto como está en la pretensión de ser “medida” de todas las cosas. Tal condición, además de revelarse irreal del punto de vista filosófico (porque es una evidencia el hecho que no sea el hombre a producir la verdad, sino al máximo, con la razón, ésta pueda ser reconocida, ya que se dona) también es existencialmente triste, ya que contribuye a reducir el “espacio de la esperanza”, alimentando la cultura del hacer que, en el tiempo, resulta ser alienante.

El “cambio antropológico” propuesto es una fuerte llamada, en cambio, a percibirse como “don”, a redescubrir la precedencia del “recibir” y del “recibirse” sobre el hacer, en aquel equilibrio entre “ora et labora” de memoria benedictina que, de hecho, ha construido Europa. De frente a las “cambios” del siglo pasado, que se han solucionado en desesperados antropocentrismos, lo propuesto por Benedicto XVI aparece de extraordinaria magnanimidad y eficaz realismo. La esperanza es que pueda ser acogida, con igual espíritu profético. (Agencia Fides 24/9/2009)


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