Jueves, 08 de octubre de 2009

Homilía monseñor Héctor Sabatino Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos en la misa de medianoche en el Campito de la Virgen. (AICA)
(24 de septiembre de 2009)


MISA DE MEDIANOCHE EN EL CAMPITO DE LA VIRGEN

En cuanto María supo por el Arcángel la situación de su prima, Isabel, dice el evangelio que partió “sin demora” a acompañarla y a ayudarla. La distancia y las incomodidades no eran pocas, sin embargo, María no dudó en salir al paso de las necesidades de su prima, Isabel, la que “quedó llena del Espíritu Santo y dijo a María: Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”.

Este relato nos pinta a María en su conducta, en su obrar. Estamos acostumbrados a verla rodeada de Ángeles y como ensalzada en la gloria, pero Ella es de aquí y conoce nuestra condición y no reniega de ella, disponiéndose a darse en cualquiera de nuestras necesidades. Se entera, se interesa y pone manos a la obra para ayudar; deja su ritmo normal y enfrenta lo arduo para poder cubrir lo que el otro necesita. En el caso de Isabel, además de llevarle a Jesús, se trataba de lo más familiar y doméstico que Isabel en su edad y en su estado estaba necesitando.

Modelo de caridad y servicio generoso que conlleva esfuerzo físico, incomodidad y cansancio, sale a decirnos esta noche, que hace 26 años partió Ella, sin demora, al encuentro de San Nicolás. No podía esperar más para traernos a Jesús, la Palabra que tomó de su carne y de su sangre, para reorientar nuestros pasos hacia Dios. ¿Quiénes somos nosotros para que la Madre del Salvador venga a visitarnos? ¿Qué interés te mueve, Madre nuestra?

Nos invitas a tener una profunda experiencia de Dios para configurar nuestro corazón al de tu Hijo, siendo dóciles a las mociones del Espíritu Santo que te habita y para que nuestro alimento sea la Palabra, la Eucaristía y la oración.

Vienes a nosotros, para que movidos por tu ejemplo de madre y discípula, vayamos a predicar la Palabra de Dios a todos los hermanos, especialmente a los que están más alejados.

Vienes a nosotros, para que seamos servidores de la vida, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad en esta época de exclusión y abandono de la vida, aún antes de  que nazca.

Vienes a nosotros, para que seamos misericordiosos y serviciales y nos dispongamos con generosidad a salir al encuentro del que está triste, del equivocado, del que sufre necesidad de pan, de amor, de cultura, de fe.

Vienes a nosotros, para que Cristo nos despierte el deseo de Dios y que saltando de alegría en nosotros por llegar al momento de transformarnos en otros Cristos, sembremos su amor en el mundo.

Es por eso que esta noche estamos aquí.

Queremos agradecerte por sentirte tan cercana.

Queremos pedirte la apertura de corazón para comprenderte.

Queremos implorarte nos ayudes a asumir el compromiso.

Queremos imitarte en la prontitud y servicialidad para llevarlo donde vayamos.

Gracias, Madre, por confiar en nosotros y por tanta dignidad que nos das al invitarnos a asociarnos a tu propuesta.

Estamos dispuestos. Esta noche queremos hacerte el pacto de fidelidad. Confiados en tu amor materno, que siempre nos ayudará a cumplirlo.

Mons. Héctor Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Homil?as
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