Domingo, 11 de octubre de 2009

VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA a cargo de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - Iglesia y unidad del género humano en la Encíclica Caritas in Veritate

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - “Pablo VI entendió claramente que la cuestión social se había hecho mundial y captó la relación recíproca entre el impulso hacia la unificación de la humanidad y el ideal cristiano de una única familia de los pueblos, solidaria en la común hermandad” (Caritas in Veritate, n 13). El mundo anhela, en cierto sentido, la unidad y la hermandad universal, pero percibe, al mismo tiempo, como estas no son el resultado de “compromisos” personales, sino que viene, en cierto modo… “dada”. La convicción cristiana, en efecto, es que esta unidad sólo puede llegar cuando nos convertimos a Cristo. Sin embargo los esfuerzos que desde muchas partes se operan, cuando reproponen la presunción de la “torre de Babel”, es decir de construir la unidad del mundo prescindiendo de Dios, podrían resultar totalmente ineficaces y portadores de una unidad incompleta que amenazaría con desmoronarse sobre si misma. Tales esfuerzos humanos, si son sinceros, son, en realidad, señales de búsqueda de aquella unidad que la Iglesia anuncia desde hace dos mil años, sabiendo bien sobre cuál fundamento tienen que ser construidas para ser sólidas.

En mérito, el Catecismo de la Iglesia Católica enseña algunas verdades a tener en atenta consideración de modo unitario. La primera es que la unidad del género humano viene de la creación: “Debido a la comunidad de origen, el género humano forma una unidad”, citando el magisterio del Papa Pío XII y el Concilio Vaticano II (360). La segunda se refiere a al redención: “La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano … es el primer fin de la Iglesia … la Iglesia es "signo e instrumento" de la plena realización de esta unidad que aún está por venir” (775). Jesús ha fundado la Iglesia para hacer la señal y la primicia de la unidad del género humano que ha redimido con su sangre: es esta la piedra de no desechar para que llegue a cumplimiento la obra de la salvación. La tercera verdad viene de la escatología la unidad de que la Iglesia es signo y germen en misterio es la del Reino de Dios dónde “Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados […]Ya no será herida por el pecado, las manchas, el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica […]será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua” (1045).

El cristiano sabe que está en el mundo pero no es del mundo, de ser la “sal de la tierra” que, como dicen los Padres, sirve a mantener incorrupto el mundo. Se puede decir por lo tanto que sin la Iglesia de Cristo, de que los cristianos son miembros, el mundo, el hombre “tiende constitutivamente a ser más” (CV, n. 14), no pueden ver realizado el propio anhelo de unidad porque es incapaz de auto-transformarse. Se comprende así el porqué “la necesidad de alcanzar una auténtica fraternidad” (CV, n. 20) y la urgencia dictada por la caridad en la verdad. Si se prescindiese de esto, ninguna autoridad mundial podría obrar auténticamente en la realización del bien común. (cf. n. 67). (Agencia Fides 1/10/2009)


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