Mi?rcoles, 14 de octubre de 2009

Homilía de Monseñor Carlos Ñàñez, arzobispo de Córdoba en la fiesta de la Virgen del Rosario del Milagro patrona de la diócesis. (AICA)
(4 de octubre de 2009)


Virgen del Rosario del Milagro
 

Queridos hermanos y hermanas:

Como comunidad católica que peregrina en Córdoba, honramos de un modo especial a nuestra Patrona, la Santísima Virgen María en su advocación de nuestra Señora del Rosario del Milagro. Su imagen, que está entre nosotros desde hace más de cuatrocientos años, y que llevamos por las calles de nuestra ciudad es un vivo recuerdo de su compañía, de su protección y de su constante intercesión en favor nuestro.

A esas oraciones de nuestra Madre del cielo nos encomendamos y confiamos a nuestros seres queridos. Encomendamos también de modo especial las necesidades de nuestra Patria que el próximo 25 de mayo celebrará el bicentenario del comienzo del proceso que la llevará a declarar su independencia en Tucumán el 9 de julio de 1816.

La Palabra de Dios que acabamos de escuchar nos presenta en el evangelio el episodio de la visitación de María a su pariente Isabel, visita prefigurada a su vez en el traslado del Arca de la alianza a la ciudad de Jerusalén, bajo el reinado de David.

La visitación es expresión de la fe de la Virgen que busca reconocer el signo que el ángel le ha dado al anunciarle que sería la madre del Mesías y que muestra la obra de Dios en su prima: "también tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez..." (Lc. 1, 36). A la luz de dicho signo María redescubre con particular intensidad el inefable don del que es depositaria y reafirma su incondicional entrega a Dios: "yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mi lo que has dicho" Lc. 1, 38).

El encuentro de María con Isabel es ocasión para que ambas compartan la gracia peculiar con la que cada una ha sido enriquecida y para que se dé entre ellas un verdadero intercambio de dones. María, por fin, puede hablar con alguien que sabe su secreto y se alegra por él. Isabel, por su parte, goza con la cercanía inaudita de la salvación, más aún, del mismo Salvador.

El evangelio nos ilustra acerca de los frutos de este encuentro entre María e Isabel: la bendición y el gozo. El gozo y la bendición reflejados en las palabras de Isabel: "apenas oí tu saludo el niño saltó de alegría en mi seno" (Lc. 1, 44). La bendición y el gozo manifestados por María en su canto de alabanza y acción de gracias: "mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi salvador" (Lc. 1, 46-47).

El episodio de la visitación de la Santísima Virgen nos ilumina y nos inspira en el camino que intentamos recorrer como comunidad católica en Córdoba. A lo largo de los últimos tres años hemos repetido en los sucesivos lemas pastorales que "con Jesús salimos..." Con Jesús queremos salir y, gracias a Dios, lo hemos ido realizando con resultados reconfortantes, si bien es cierto todavía "germinales". Ahora estamos ante el desafío de renovar y profundizar esta actitud y de evitar todo achatamiento de nuestro espíritu y todo estancamiento en nuestro impulso pastoral.

Por eso, acogiendo la iniciativa de la comisión arquidiocesana de misiones queremos realizar, con sencillez pero también con verdadero entusiasmo, una misión en el tiempo de adviento que nos prepara a la celebración de la navidad y prolongar esa experiencia en otros momentos del próximo año y de los próximos años.

Decimos "los próximos años" porque la Quinta Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y El Caribe, celebrada en Aparecida -Brasil- en mayo de 2007, nos ha invitado a una misión permanente. La Conferencia Episcopal Argentina, por su parte, acogiendo la invitación de Aparecida, en su reciente carta pastoral de agosto de este año nos ha invitado también a llevar a cabo -desde cada una de las Iglesia diocesanas- la llamada "misión continental".

En Córdoba quisiéramos que esa misión tenga la característica de una "visitación" y, como se señala en la carta pastoral del episcopado argentino, más que hablar de destinatarios hablemos de interlocutores. En efecto, la misión, la visitación, no es una acción de proselitismo, no es la búsqueda ansiosa de adherentes a nuestra comunidad eclesial, sino que quiere ser una propuesta convencida sí, pero al mismo tiempo sumamente respetuosa del evangelio de la gracia de Jesús.

Como María al llegar a la casa de Zacarías e Isabel, podremos así descubrir que Dios de algún modo ya está allí a donde vamos y que está realizando su obra de misericordia y de salvación y que al visitar a nuestros hermanos, a nuestros amigos, a nuestros vecinos, podremos reconocer los dones con que Dios los favorece, los enriquece, intercambiarlos con los nuestros y alegrarnos con ellos.

La misión-visitación que estamos proponiendo quiere ser como una concreción privilegiada del lema que nos inspira este año 2009: "Con Jesús salimos, acortamos distancias, nos reconocemos hermanos".

¡Y cuánto lo necesitamos en nuestra Patria atravesada por tantos desencuentros y enfrentamientos! Los diversos conflictos sociales, políticos y gremiales en curso nos plantean con apremiante urgencia la necesidad de apostar al diálogo que lleve a una búsqueda razonable, justa, equitativa y efectiva de alivios y de soluciones permanentes.

Soluciones para el problema de la pobreza y de la indigencia. Camino al bicentenario y al considerar las posibilidades de nuestra Patria, no podemos aceptar sin más la realidad de la inequidad que nos aqueja, de las deficiencias en la educación, de la falta de oportunidades especialmente para los jóvenes, de la desnutrición que afecta a los niños y a los miembros más frágiles de la sociedad.

Consecuencias inevitables de todo ello son la inseguridad que vivimos y que nos hace sufrir, la violencia irracional, la pérdida del sentido de la vida, las consecuentes adicciones buscadas como evasiones de una realidad dura y afligente, la cultura de la muerte, que entre otras cosas nuevamente se insinúa en el propósito de dar pretendida legalidad a la supresión del niño por nacer. ¡Y pensar que Dios nos ha creado para la vida y que Jesucristo ha venido y se ha ofrecido sobre la cruz para que tengamos vida y la tengamos en abundancia..!

Desde el año pasado hemos querido tener en cuenta en nuestra Arquidiócesis de un modo especial el anuncio de la buena noticia de Jesús a los jóvenes. En efecto, no queremos para ellos la herencia de una cultura de la muerte sino anunciarles con alegría el tesoro del evangelio que humaniza, dignifica y plenifica toda vida.

Nuevamente invitamos, por tanto, a toda la comunidad a tener presentes a los jóvenes de un modo especial, a acoger la novedad, más aún, la originalidad de su aporte, a compartir con ellos la riqueza del evangelio. Invitamos también a los jóvenes a recibir ese don precioso y a transmitirnos a los adultos el eco de ese anuncio que nos renueve y alegre.

Finalmente, junto a la imagen María Santísima queremos hacer memoria de todos los sacerdotes en este año sacerdotal proclamado por el Papa Benedicto XVI. Esta es una ocasión más que propicia para agradecer el servicio que ellos nos brindan, para alentarlos en su entrega generosa a los intereses del Reino y para pedir al Señor que en su bondad los haga fieles hasta el fin. En breve, en nuestra Arquidiócesis recibiremos la visita de las reliquias de dos grandes santos: San Juan Bosco, en este mes de octubre, y San Juan María Vianney, el Cura de Ars, el próximo mes de noviembre. Ésas serán también oportunidades providenciales para orar con nuestros sacerdotes y para orar por todos los sacerdotes.

María Santísima nos dice a los sacerdotes, les dice a los jóvenes, y nos dice a todos: "hagan lo que Jesús les diga" (cf. Jn. 2, 5). Allí, en lo que Jesús nos dice, está la razón y la causa de toda verdadera alegría. Acojamos convencidos entonces la invitación de María y que se convierta para todos en fuente de bendición y de auténtico gozo. Que así sea.  

Mons. Carlos José Ñáñez, arzobispo de Córdoba


Publicado por verdenaranja @ 23:00  | Movimientos
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